"


Dossier
Influencia de la asociación Colonia Española en la vida cotidiana de Camagüey (1899-1932)
Influence of the Spanish Colony association on the Everyday Life of Camagüey (1899-1932)
Estudios del ISHIR
Universidad Nacional de Rosario, Argentina
ISSN-e: 2250-4397
Periodicidad: Cuatrimestral
vol. 15, núm. 43, 2025
Recepción: 01 agosto 2025
Aprobación: 14 octubre 2025
Resumen: El artículo analiza la influencia de la asociación Colonia Española en la vida cotidiana de Camagüey (1899-1932) institución fundada por los inmigrantes hispanos para adaptarse al medio receptor, así como proteger su identidad. Se utilizaron métodos generales como el análisis-síntesis, inducción-deducción y hermenéutico parael estudio de las principales características de la vida cotidiana, desarrolladas por la asociación y sus asociados.La influencia de la asociación estuvo fundamentalmente en el ámbito de las actividades recreativas, de instrucción, benéficas y religiosas. A través de diferentes secciones de trabajo que implementaban una diversidad de servicios y actividades con sus asociados. Estasse pueden caracterizar como indispensable elemento de unión entre la adaptación al medio y la conservación de su cultura, logrando una influencia en la vida cotidiana de Camagüey.
Palabras clave: vida cotidiana, sociabilidad, asociación Colonia Española.
Abstract: This article analyzes the influence of the Spanish Colony Association on everyday life in Camagüey (1899-1932), an institution founded by Hispanic immigrants to adapt to their host environment and protect their identity. General methods such as analysis-synthesis, induction-deduction, and hermeneutics were used to study the main characteristics of everyday life developed by the association and its members. The association's influence was primarily in the areas of recreational, educational, charitable, and religious activities. Through different work sections, they implemented a variety of services and activities with their members. These can be characterized as an indispensable link between adaptation to the environment and the preservation of their culture, achieving an influence on daily life in Camagüey.
Keywords: every life, sociability, Spanish Colony association.
Introducción
La presente investigación está orientada a estudiar la vida cotidiana de los inmigrantes hispanos asentados en la ciudad de Camagüey,[1] a través de la asociación Colonia Española (1899-1932), con el propósito de comprender la realidad social y adaptación a la vida cotidiana de la urbe principeña, en relación con las costumbres, para promover el respeto y el valor a la diversidad cultural de las localidades, regiones y naciones. La llegada de europeos, sobre todo de españoles a Cuba estuvo signada desde la década del ochenta del siglo XIX hasta los años treinta del siglo XX, por las condiciones socioeconómicas y políticas en España, en lo que la historiografía española y cubana ha denominado como “proceso de inmigración masiva a América”. La ubicación e impacto de los inmigrantes en el medio receptor, los asentamientos y la movilidad para poder sustentar sus distintas realidades, son de las aristas que se investigan en la actualidad; de igual forma el movimiento asociativo y la sociabilidad que desarrollaron, así como sus huellas en las culturas locales y regionales.
La investigación se enmarca en el período de la primera ocupación norteamericana de 1899 a 1902, cuando se instaura la República de Cuba. Momento en el que surge la asociación Colonia Española de Camagüey y culmina en 1932, cuando el desarrollo de la sociabilidad dentro de esta institución impulsa el surgimiento de una asociación femenina de beneficencia para la protección de mujeres y niños, denominada Damas de la Colonia Española de Camagüey. De ahí se plantea el problema científico ¿cómo influyó la asociación Colonia Española en la vida cotidiana de Camagüey (1899-1932)?
Las condicionantes existentes, potenciaron la inmigración urbana, posibilitaron la creación de sociedades y de la sociabilidad. También influyen las características locales en los inmigrantes y su adaptación o no, al medio receptor. De ahí que la investigación tiene como objetivo analizar la influencia de la asociación Colonia Española en la vida cotidiana de Camagüey (1899-1932), lo cual permite conocer rasgos de los inmigrantes y su influencia en los procesos históricos y culturales en la región de vital importancia para los estudios actuales acerca de la ciudad y la vida cotidiana. La asociación Colonia Española de Camagüey representa un hito importante en la conformación urbana del período. En este sentido, se nutre de hechos y procesos dinámicos bajo la influencia de aspectos que provienen de condiciones externas al individuo, tales como: factores sociales, económicos, políticos y culturales en general, gestados en espacios y tiempos determinados con pluralidad de sentidos y simbolismos.
Se realiza desde la perspectiva teórica de la historia de la vida cotidiana, que en el ámbito cercano de América Latina, está encabezada por Pilar Gonzalbo Aizpuru (2004, 2005, 2009) con algunos títulos como, Introducción a la historia de la vida cotidiana o la obra que coordinó, Historia de la vida cotidiana en México; de igual manera encontraremos especialistas argentinos como Fernando Devoto y Marta Madero (1999) con Historia de la vida privada en la Argentina. Además de Sandra Fernández y Paula Caldo, quienes reflexionan sobre los usos historiográficos de vida cotidiana, sociabilidad y asociacionismo, proponiendo una mirada crítica sobre su empleo en estudios de historia social.
Por su parte, la historiografía cubana es desarrollada por autores como María del Carmen Barcia (2009) con algunos títulos como Una sociedad en crisis: La Habana a finales del siglo XIX. También María Teresa Fleitas Monnar (2009) con Vida cotidiana en Santiago de Cuba entre dos siglos (XIX y XX) por solo mencionar uno de sus trabajos. Asimismo, la obra de Aida Morales Tejeda (2009, 2016) con Universo material de la vida doméstica de la élite de Santiago de Cuba entre 1830 y 1868 o Santiago de Cuba: miradas e imágenes urbanas en los relatos de viajeros. También,Elda Cento Gómez (2013, 2017) ha privilegiado el estudio de la vida cotidiana en la región estudiada con obras como Nadie puede ser indiferente. Miradas a las guerras (1868-1898) o De la tierra incógnita. El Camagüey visto por forasteros, en la que se muestra esa ciudad en transformación, por solo mencionar algunos textos que constituyen referentes.
Sin embargo, persisten vacíos con relación a la vida cotidiana de inmigrantes españoles en localidades hacia el interior del país que permitieron la persistencia de tradiciones españolas en lo cotidiano cubano. Igualmente, cómo la asociación ayudó entre la adaptación al medio camagüeyano y la preservación de tradiciones españolas, un aspecto poco explorado en la historiografía regional. Este artículo dialoga con esta tradición desde el marco teórico de Gonzalbo Aizpuru (2009) que concibe que la vida cotidiana
se sitúa dentro de la historia social, que sus temas, sus fundamentos y fuentes corresponden a la visión de la nueva historia, que su campo no precisa delimitarse mediante muros que la separen de otros modos de estudio, que su definición permite cierta amplitud (…) es la historia de los cambios y continuidades en comunidades sociales (no individuales) dentro del marco de la vida real y material, aunque nunca quede totalmente al margen de los grandes acontecimientos que pueden afectar a todos. (30)
Destacando los trabajos de Barcia (2019), Cento Gómez (2017) y Morales Tejeda (2009, 2016), así como el marco conceptual de Gonzalbo Aizpuru (2009) que permite analizar los cambios y continuidades en las prácticas cotidianas de los inmigrantes españoles a través de la asociación Colonia Española de Camagüey. En estos temas se han insertado debates sobre la sociabilidad en el espacio cotidiano. Al respecto, Gonzalbo Aizpuru (2009) reflexionó sobre lo ilimitado en cuanto a temas, objetos y enfoques desde diversas perspectivas son estos estudios, “se impondrá la necesidad de relacionarlo con la vida social, sin perder el arraigo a la cultura material: familia y vivienda, vestido y prestigio, espacio y relaciones sociales” (283). Puntualizando que las formas de sociabilidad están en el límite entre lo privado y lo público, entre lo común de los días de trabajo y de los festivos, permiten otras formas de acercamiento, desde las diversas organizaciones hasta las expresiones en los diferentes espacios.
De igual forma, Agulhon (2009) explica que la sociabilidad es un concepto más amplio y multidisciplinario, que se refiere a la aptitud de las personas para relacionarse en colectivos este concepto sistemas de relación que unen a los humanos para formar grupos más o menos numerosos, coactivos y abarca tanto formas estructuradas (formales) como espontáneas o informales de vida social. Incluye desde relaciones cotidianas en la calle, cafés, tertulias, hasta grupos informales de amigos o redes clientelares.
Cuestión que la autora de este artículo quiere diferenciar del estudio de asociacionismo, en referencia a las manifestaciones institucionalizadas de la sociabilidad. Se trata de historizar el movimiento o creación de entidades, asociaciones formales con objetivos concretos (educativos, culturales, políticos, recreativos o de otro carácter).
Desarrollo
A principios del siglo XX, las capas populares se agruparon en asociaciones de beneficencia, instrucción y recreo o socorros mutuos, aglutinando a las dos grandes vertientes conformadoras de la población en el país: las capas negras y mestizas y los inmigrantes españoles. Como plantea Barcia (2009), de manera que las diferencias sociales, raciales y nacionales dieron la tónica a la vida de las agrupaciones durante la etapa republicana.
Donde se puede apreciar con claridad la influencia de dicho grupo en la vida cotidiana cubana es en el espacio urbano, con las nuevas formas de consumo masivo que trajo cambios en el comercio minorista, área por excelencia dominada por los españoles. Desde los pequeños comercios, las fondas o las tiendas de víveres, nombradas bodegas a la vieja usanza española y junto a estos sitios tradicionales como las plazas y los mercados, surgieron las cantinas que se convirtieron en lugares de sociabilidad de las capas populares. A su vez, las cafeterías eran frecuentadas por la pequeña y mediana burguesía que iban a fraguar negocios o lazos de parentesco.
En este entorno histórico tan complejo, la nación rompía con viejas tradiciones y cánones coloniales y acogía con reticencia la modernidad a la sombra de los Estados Unidos de América. Según Álvarez Pitaluga (2021), es un proceso que se venía gestando:
A partir de ese contexto histórico, el amalgamiento racial, religioso y sociocultural –en sus disímiles expresiones– se convirtió en el sello distintivo de la Cuba decimonónica con profusas extensiones hasta el siglo XXI. Uno de los resultados más asentados de aquella mixtura entre lo africano, lo español y, en menor medida, lo aborigen, fue la fusión de etnias y culturas que dio como resultado un sujeto social entre lo blanco y lo negro, lo mulato. Tal amalgama no solo fue la simple unión de pieles, sino, además, la combinación de maneras de pensar y ver a Cuba como país y nación (25).
De Puerto Príncipe a Camagüey, evolución al siglo XX
La ciudad de Puerto Príncipe, capital del municipio y provincia de igual nombre, contaba con 25.102 habitantes distribuidos en nueve barrios urbanos, para un 47.2% de la población asentada en la ciudad.[2] En junio de 1903, el Ayuntamiento acuerda cambiar oficialmente el nombre de la ciudad y del municipio por Camagüey. Esta es una de las tantas transformaciones que trajo consigo la llegada de la república neocolonial, la resignificación de todos los espacios urbanos. Al cambio de nombre de la demarcación, se sumó el renombrar de sus calles y plazas para honrar a los héroes y mártires de la guerra de independencia y romper con el pasado colonial. Así fue como la calle Reina se convirtió en República, Comercio en Maceo, Mayor en Salvador Cisneros y Candelaria en Independencia, entre otras de importancia.
Por otra parte, no pueden eludirse las expresiones culturales que se manifiestan en el territorio, algunas típicas como las fiestas populares y patronales de la localidad, siempre con un elemento de base religioso muy fuerte, de procedencia española arraigadas de la época colonial.
Las más reconocidas son la procesión del Santo Sepulcro en Semana Santa, el San Juan camagüeyano del 24 al 29 de junio con el entierro de San Pedro. Las fiestas de Nuestra Señora de la Candelaria, patrona de la villa, las de la Virgen de la Caridad, festividad religiosa cubana, unida a las Ferias de la Caridad de carácter agropecuario, ya extinta y con lugar para la exposición de los productos desarrollados en la región. Estas se caracterizan por tener una abundante participación popular y son excepcionalmente auténticas.
También hay que mencionar las industrias artesanales que tuvieron algunos exponentes significativos, en la tradicional industria alimenticia como el curtido de la carne para la elaboración del tasajo; dentro de los productos lácteos, las cremitas de leche, el queso, la mantequilla o los famosos refrescos de piña Pijuán. Otras artesanías derivadas de la ganadería son el trabajo con el cuero, de lo que se obtienen botas, cinturones, monturas, carteras. Además, se trabajaban las fibras vegetales para la elaboración de sombreros, la tradicional jaba de guano, entre otras.
Un sello particular fueron los tejares, a partir de las excelentes tierras arcillosas de los ejidos que se encuentran en los alrededores de la ciudad, cuna de una tradición alfarera que se mantiene hasta la actualidad y tiene su exponente más significativo en los tinajones. Además, se fabricaban tejas, ladrillos y otros materiales constructivos que fueron tornándose distintivos para el territorio.
La arquitectura siempre ha tenido un papel principal en la ciudad. Muestra de esto es la relación con la religión, que le ha dado como segundo nombre “la ciudad de las iglesias”. El ámbito urbano estaba marcado en gran medida por el conjunto de plazas e iglesias polifuncionales, que le proporcionaban vida a los barrios de la ciudad. Todas, con sus características singulares, sobresalen en el corazón de la villa; algunas de las más céntricas son la Iglesia Parroquial Mayor, El Carmen, La Soledad, La Merced y La Caridad.[3]
La llegada del siglo XX y los vínculos con Estados Unidos aportaron nuevas concepciones arquitectónicas, con modernas técnicas y materiales constructivos, unido al alumbrado eléctrico y al transporte de gran importancia para el desarrollo urbano. Es el municipio Camagüey un exponente en el ámbito de la cultura cubana, en la música, la danza, las artes plásticas y la literatura, con suficientes nombres[4] que mencionar en cualquiera de estas expresiones artísticas, su conjunto arquitectónico la distingue entre las ciudades; pero son, sin duda. las tradiciones entre los aspectos más significativos a destacar y demostrativas del desarrollo de la cultura camagüeyana, elementos que la caracterizan, traídos desde la época colonial y otros que se fueron sumando para conformarla.
A su vez, introdujo tipologías constructivas con el empleo del hierro en las estructuras básicas de las grandes edificaciones. También en la arquitectura de madera, las casas conocidas como Ballon Frame[5] muy típicas en los barrios de Garrido y La Zambrana. Igualmente, en este período surgen los repartos Marquesado, La Mosca y El Diamante. Así como nuevas zonas de urbanización como la Avenida de los Mártires, que se distinguió por los portales corridos de uso público, aunque mantuvo su carácter residencial.
En tal sentido, a los exponentes existentes se les agregaron modificaciones y se construyeron otras como la Capilla de San José en 1921 y la Iglesia del Sagrado Corazón en 1927, ambas de estilo neogótico. Aunque para este período no predominan las grandes construcciones religiosas, excepto las mencionadas, las costumbres arraigadas en la población mantienen un grupo de tradiciones, que las convierten en espacios dinámicos, vivos y de fuerte intercambio social.
La ciudad inició el siglo XX con un cambio de imagen en su interior, de la fachada colonial hacia la ecléctica; en los establecimientos comerciales modernos priorizaban el valor de uso. Las calles República y Maceo, principales arterias comerciales, son invadidas por la introducción de los paños de cristales exhibiendo la mercancía, la ciudad vivienda quedó asediada por el comercio(Tamames, 2012). En una calle como Maceo, de solo dos cuadras, en 1916 existían veintinueve inmuebles y en ellos ciento once comercios de todo tipo.
Los nuevos barrios llegaban con la planificación urbana moderna, distribución en lotes, preferencia por los árboles y calles cómodas. Las casas quintas, símbolo de la burguesía, se movieron para los suburbios; así surgieron Marquesado y Deleite. Llegaron con estos la pavimentación de las calles, el alcantarillado, la ampliación de los servicios de ómnibus y del tendido eléctrico.
Desde 1890 existía fluido eléctrico en la ciudad con la instalación de una planta, por la Compañía de Luz Eléctrica de Puerto Príncipe, fomentada por capital doméstico y que bajo la dominación norteamericana pasó a manos extranjeras. En 1906 sería vendida a la empresa norteamericana Camagüey Electric Company Ltd. Esta también adquirió los derechos de construcción y explotación de un sistema de tranvías eléctricos, autorizado por el decreto del 22 de septiembre de 1906, firmado por el presidente Estrada Palma.
El 1º de abril de 1908, inició sus operaciones el tranvía eléctrico, con dos líneas que enlazaban importantes lugares de la ciudad, aun así, contaba el periodista Julius Muller[6] en 1914: El goong de los tranvías resuena en Camagüey, pero todavía predominan los jinetes(Cento Gómez, 2017). La descongestionada calle posibilitó la extensión del tranvía hasta la plaza de Méndez, en la década de 1920, completando un amplio recorrido, en sentido contrario, hasta la plaza de la Caridad, conectando con dos largas vías dentro de la ciudad las nuevas áreas de vivienda y comerciales.
En 1924 pasó a manos de otro consorcio estadounidense, la Electric Bond & Share Company, dueña, por demás, de las todas las empresas nacionales de electricidad, tranvías y teléfonos. Esta solía ser registrada con distintos nombres por toda Latinoamérica, aquí bajo el de la Compañía Cubana.
La región camagüeyana representaba para los capitales extranjeros un área prácticamente virgen, libre de la competencia de la burguesía cubana. Una amplia extensión de tierras fértiles, escenario de las guerras y con baja densidad de población. Es el municipio y la ciudad cabecera el centro de nuevos intereses y experimentos, que serán aprobados por la naciente República, bajo la influencia de grandes compañías y propietarios.
Estos factores impulsarían la llegada de miles de inmigrantes, destinados generalmente como fuerza de trabajo para el corte de caña. Migraciones que se incrementarían en la medida en que la industria azucarera tomaba fuerza. Así haitianos, jamaicanos y granadinos llegaron a las nuevas zonas de desarrollo.
Según los censos, la población de emigrantes españoles y sus descendientes representaba un alto porcentaje; en 1899 constituían el 1,5% de los habitantes del municipio, este flujo migratorio fue creció hasta alcanzar en 1930 el 13,2 %.[7]
Por otra parte, la inmigración española también ubicada en labores agrícolas en las áreas próximas a la ciudad. La mayoría viajó con el sueño de establecerse reunir dinero para regresar o poder impulsar su propio establecimiento, cercano a las áreas urbanas necesitadas de establecimientos comerciales y de servicios; alrededor de las líneas férreas, hoteles, restaurantes, cafeterías, tiendas y otras comodidades de una ciudad moderna. Entre 1919 y 1930 ocurrió la mayor llegada de españoles al municipio tanto mujeres como hombres, de un 10,86% incrementó a 13,19%,[8] respectivamente.
Camagüey ciudad mediterránea, alejada de las costas, se estableció en el interior de la llanura camagüeyana entre los ríos Tínima y Jatibonico, limitando su comunicación por vía terrestre. Con la ocupación de Estados Unidos a Cuba, los nuevos grupos de poder propiciaron las condiciones para la creación de un ferrocarril que enlazara el centro-oriente de la isla, con el occidente del país, vinculados a los deseos del capital extranjero que se invierte en la región. Con la construcción del Ferrocarril Central a manos de The Cuban Company,[9] se generó, solo para el tramo entre Ciego, Camagüey y Las Tunas, más de cinco mil empleos para trabajos de tala, desmonte y de pico y pala para el montaje de la línea férrea.
La ciudad creció de forma considerable, la red ferroviaria, a partir de 1902, inauguró el tramo de Santa Clara a San Luis y se comenzó la construcción de los talleres de la compañía en el reparto Garrido de la ciudad de Camagüey. También empezó el alquiler y compras de algunas propiedades como el antiguo Cuartel de Caballería, en la entrada de la barriada de La Vigía, próximo a la estación de trenes, para convertirlo en el Hotel Camagüey que funcionó hasta la década del cuarenta. En el período, la ciudad fue sede de dos de las más grandes empresas del país: la Compañía del Ferrocarril de Cuba y Ferrocarriles del Norte de Cuba, que al fusionarse se convierten en Ferrocarriles Consolidados de Cuba,[10] cuyas oficinas generales radicaban en de Camagüey.
La Estación Central Ferroviaria creó un nodo importante para la periferia y el centro de Camagüey. En su inmediatez, generó una importante red de establecimientos, como infraestructura de servicios al ferrocarril, que no solo daba prestaciones a los viajeros sino también a los habitantes. En sus áreas aledañas se configuró una zona hotelera que acogía las más diversas ofertas al público: los hoteles New York, Europa, Plaza y el hotel Camagüey acentuaron la red comercial de las principales arterias de la ciudad. En 1919 inició sus labores el Ferrocarril Norte de Cuba, que tenía su centro en Morón y en 1923 puso en función un ramal que unía la ciudad con Santa Cruz del Sur.
Asimismo, el transporte aéreo llegó a Camagüey en la primera década del siglo XX, cuando fue construido un primer aeropuerto en el reparto, la Zambrana. La mayoría de sus servicios eran de correos, paquetes postales y vuelos personales de grandes propietarios. De igual forma comienzan a circular los primeros ómnibus urbanos. Los equipos pertenecían a pequeños propietarios que tenían una patente que les permitía prestar servicios; esta no establecía las rutas, lo que permitió a cada dueño modificar el recorrido a su conveniencia. A cada uno para identificarlos se le asignaba un nombre; así surgió la costumbre entre la población de anunciar a La Niña, La Favorita o El Respeto.
Todos estos factores en la ciudad de Camagüey representaban un estímulo a los españoles asentados y a la nueva migración por llegar. Preocupada por elementos para su establecimiento, como las posibilidades de trabajo, la instrucción y los servicios médicos van a fomentar su desarrollo, a través de la sociabilidad, condicionado por el nivel económico de capas medias acomodadas que estará representada en la Colonia Española de Camagüey.
En este ambiente de ciudad, surgió la asociación Colonia Española de Puerto Príncipe el 30 de abril de 1899,[11] impulsada por los fundadores, aquellos registrados ese día. Estos concentraron esfuerzos económicos para la creación de la sociedad entre un número de españoles cuyo núcleo fundamental estaba asentado en la ciudad. El nacimiento de la asociación se da ante la necesidad de socios del Casino Español de Puerto Príncipe que no pertenecían a la oficialidad del ejército evacuado al finalizar la guerra; estos elementos civiles aunaron fuerzas y convocaron a los españoles en el territorio, a la creación de una nueva entidad que agrupara a sus componentes y que fuera la casa de todos, que sirviera de exponente público de su postura colectiva ante la nueva nacionalidad cubana.[12]
La asociación como tipología asociativa adquiere características propias que desarrolla, impuesta por las condiciones de la ciudad de Camagüey. Particularidades sui generis dirigidas fundamentalmente al sostenimiento de la recreación, la instrucción y la beneficencia, fundamentalmente desde la quinta de salud La Purísima Concepción. Cada uno de estos servicios se implementó de acuerdo con las posibilidades económicas del grupo. Asimismo, se aprecia durante el período que se estudia que la Junta, en su acción fundamental, procuraba la solución de los problemas económicos para sostenerse a través de donativos y ayudas privadas de los socios más prominentes.
Un reflejo de la alta sociedad burguesa, el lujo y nivel de vida de un pequeño grupo fue la asociación Liceo de Camagüey, institución cultural y de esparcimiento, en la que se encontraban lo mejor de la aristocracia camagüeyana; además, la Sociedad Popular Santa Cecilia también de carácter cultural. Esta última es patrocinadora de algunas obras dentro de la ciudad, entre las que puede mencionar la colocación del monumento al Mayor Ignacio Agramonte en el parque de igual nombre.
Otras tipologías asociativas, eran las profesionales, como el Colegio Farmacéutico, de Abogados, Notarial y Médico, donde estaban representados los inmigrantes españoles. Igualmente, están representados en la Cámara de Comercio, Industria y Agricultura fundada en 1910 y la Asociación de Almacenistas e Importadores de Víveres de Camagüey en 1922, de un carácter económico y como nota importante un número considerable de sus fundadores y miembros lo fueron también de la Colonia Española. Ejemplo lo fue Manuel Estévez Fuster, quien presidió ambas sociedades y ostentó el título de Presidente de Honor de la Cámara.
La mayoría de los españoles del término, se establecen en la ciudad y poblados cercanos; los renglones fundamentales de trabajo son para hombres (lo que acrecentó los niveles de masculinidad en la población en la provincia) en agricultura, comercio, transporte, manufacturas o industrias mecánicas.
La migración es eminentemente hacia la ciudad, con el objeto de establecerse en las actividades comerciales en general. Las mujeres, en su mayoría, tenían como opción laboral el servicio doméstico, además de un número menor en el comercio, negocios familiares como bodegas, fondas, hostales y otras ramas de los servicios. Otras actividades económicas provienen de la colonia, como el cultivo de frutas y viandas, orientadas a satisfacer las demandas de la población local.
Reflejo de esto es la fuerte presencia en el comercio, dominando mercados importantes como las panaderías, los almacenes de víveres (más conocidos como bodegas) cafeterías, tiendas mixtas o especializadas, licorerías, cantinas, industrias menores, como manufacturas de refrescos, fósforos y otros. Esto se manifiesta en una muestra de sociedades comerciales creadas durante el período, en la unión de capitales para fusionar estos negocios vinculados a los servicios.
En su generalidad, estas sociedades comerciales fueron formadas entre familiares o paisanos. Algunas que adquirieron importancia fueron Pijuán, Hnos. y Cía.[13] compuesta por los hermanos Hermenegildo, José y Mateo, propietarios de varios negocios como cafeterías, cantinas, licorerías. Entre sus actividades industriales más reconocidas estaba la Fábrica de Gaseosas, Jabones y Fósforos de todas clases, así como su establecimiento La Moderna en la esquina de Lope Recio y San Esteban; Rovirosa e Hijos,[14] propietarios de un almacén de vinos y licores en la calle Martí número 25 ; García Garciarena y Compañía,[15] dueños de la tienda mixta en la calle Maceo, número 28, sucursal de la Quinta Avenida, con venta de víveres, ropa, ferretería, cristalería, importadores de autos y otros útiles, con dos sucursales una en el municipio de Nuevitas.[16]
La actividad comercial no limita la presencia en otros sectores de vital importancia como es el caso de Federico Biosca Viñolas, médico cirujano, uno de los impulsores en la creación de la quinta de salud de la Colonia Española; y Manuel Paisán médico, comerciante propietario de Maceo 22 ½ para casa de comercio, además del establecimiento en Independencia número 29 de la tienda La Unión. La presencia en el sector farmacéutico, de la familia Xiques dueños de laboratorios de especialidades en esta materia, tenía la farmacia La Caridad, en el céntrico barrio de igual nombre.
Se debe tener en cuenta que la competencia entre empresas era tan fuerte, que terminaba absorbiendo o arruinando a pequeñas compañías heredadas de la época colonial, como ocurrió con las asociadas al servicio eléctrico urbano y al tranvía, que a partir de 1906 fueron compradas por capital extranjero.
Entre los fundadores de la Colonia Española de Camagüey se encuentran exponentes de algunas empresas que pueden calificarse de pequeñas, medianas o alto capital. Ejemplo de ello se ve con la sociedad comercial comandita[17] surgida en 1889, bajo el nombre de Cabada y Compañía.[18] Compuesta por Manuel Paisán de la Cabada, natural de Santander, Pedro Legañoa y Hegui y Juan Eliart y Echegoyen, ambos naturales de Francia. Comenzaron con un establecimiento de peletería, casa número. 23 de la calle Candelaria, por el tiempo de tres años, abriendo su capital social de 12 mil pesos oro español. Paisán de la Cabada entró con capital representante en inmueble, anaquelería, enseres, efectos y géneros de un establecimiento de ese tipo, los otros dos socios entraron con efectivo para la caja.
Esta sociedad constituye el antecedente de la Paisán Cabada e Hijo,[19] sociedad mercantil regular colectiva en conjunto con su hijo Salvador Paisán y Núñez, cuyo objeto era dedicarse al giro de zapatería, talabartería, pieles y demás anexos necesarios para el curtido y comercialización, en un establecimiento abierto ya en la misma calle, ahora nombrada Independencia, con él número. 29 con el nombre de La Unión. El capital inicial en 1913 era de 10 mil pesos oro español, y en 1918 fue disuelta y pasada con el mismo nombre a las manos de Salvador, quien pagó a su padre el valor de las ganancias de esta al 7% anual.
Otro ejemplo es la González Rojo y Hermano,[20] sociedad mercantil colectiva, establecida en 1908, entre los hermanos Ramón y Plácido, naturales de Oviedo, España, institución de compra venta de artículos de ferretería, víveres y toda clase de mercancías permitidas por la ley del comercio, también bienes e inmuebles del establecimiento en la calle República números 58 y 60, con un capital común de un poco más de 37 mil dólares americanos, bajo la condición de la disolución o renovación de la sociedad a los seis años y con un pliego de condiciones bien claras sobre las circunstancias, intereses y deberes de cada uno de los accionistas.
Clave es el ejemplo de Fanjul y Hermano,[21] sociedad colectiva surgida en 1913; estaba constituida por los hermanos José María y Tomás Fanjul y Menéndez, naturales de España. Con diapasón de pactos y condiciones amplios, el objeto principal de sus negocios era la compra-venta de tejidos y artículos anexos a estos; pero también incluían otras actividades lícitas del comercio como la compra-venta de ganado, de fincas rústicas, joyería, créditos y operaciones de banca. Para esto podían establecer cuantas factorías fuesen necesarias, aunque su establecimiento principal radicara en Maceo número1, la tienda La Esmeralda. Aunque esta se establecería por unos cuatro años, fue renovada constantemente. Su capital social inicial, rondaba por encima de los 15 mil pesos oro español y al disolverse en 1921, arrojó una ganancia de 43.190 pesos oro español, entre capital activo y pasivo.[22] Esta constante renovación explica la cantidad de sociedades con las mismas particularidades y que les permitía incursionar en diversos sectores. De igual forma, están establecidos la mayoría en lugares céntricos para estas actividades.
Al respecto Julius Muller comentó las impresiones de la transformación de la ciudad:
Los comerciantes están comenzando a poner vidrieras a sus tiendas, y esas vidrieras marcan el final de las ciudades estampas. Cuando las tiendas se protegen del resto de la calle con algo más que una o dos columnas, deja de ser una calle de bazares (en Cento Gómez, 2017: 408).
En tanto las sociedades, como las casas-tiendas (refiriendo a las viviendas que tenían el espacio delantero dedicado a la venta de víveres u otro servicio), así como los establecimientos comerciales para los que podían permitírselos, se encontraban en el centro de las actividades comerciales de la ciudad. Este foco estaba compuesto por las calles República, Maceo (las de más aglomeración de establecimientos comerciales), General Gómez, Independencia y Cisneros como arteria política al estar ubicadas las oficinas gubernamentales. Agregar que estas calles se cruzan en dos grandes plazas con sus respectivas iglesias: la plaza del Gallo o La Soledad y la plaza de la Merced. En este núcleo se establece con posterioridad el edificio de la asociación, actuando como un centro equis distante entre todos los elementos: la casa, el trabajo, el templo y el espacio social.
Hay que abordar cómo esta emigración que se asienta es capaz de crear la asociación Colonia Española, que tendrá su influencia en la ciudad por su labor sociocultural, a través de los diferentes servicios que ofrecía a sus asociados, la labor en la clínica de salud, los cursos que ofrecía, así como las actividades recreativas, siempre presentes en las crónicas sociales de la época, marcando el ámbito cultural del territorio. Se puede reflexionar que la asociación surgió bajo el impulso de una etapa de transición de la sociedad cubana, donde el poder colonial español había concluido y los Estados Unidos extendían su dominio sobre nuestro país.
De igual forma, se muestra que una parte de los fundadores, están vinculados a la actividad comercial, ya sea como trabajador o propietario, pertenecientes a las capas medias, quienes impulsan la asociación y de su desempeño óptimo en los servicios.
La asociación espacio para la vida cotidiana
Durante sus primeros años funcionó en diversos locales de alquiler como el situado en Independencia esquina a General Gómez[23] el primer edificio social en un lugar céntrico. Aquí se dieron los primeros pasos en incrementar su membresía, las inscripciones ascendían a un centenar, con una cuota de cincuenta centavos mensuales, suma muy sencilla establecida en los primeros tiempos y que resultaba insuficiente para mantener los gastos de la instalación, el alquiler de dicho local, personal y otros. En esta etapa existieron dificultades que fueron superadas por los donativos de algunos de los asociados, aunque no han perdurado los nombres y las cifras abonadas.[24]
La estructura de la asociación se conformaba con los miembros de la Junta General de Socios, como órgano fundamental. La Junta Directiva que regía las decisiones tomadas por la Junta, esta se componía de un Presidente General, un Vicepresidente, tres presidentes de secciones (Recreo y Adorno, Instrucción y Beneficencia); un Secretario General, un Vicesecretario, un Tesorero y un vicetesorero entre otros cargos administrativos. La Directiva solo rendía cuenta ante la Junta General y sus miembros se elegían anualmente.
Entre sus atribuciones estaba estipular empréstitos, autorizar al representante ante la justicia y demás poderes públicos para todo lo que se relacionara con los intereses del centro; aprobar o desaprobar cualquier determinación que en caso urgente haya tomado el Presidente u otros miembros que reglamentariamente posean ese derecho y designar comisiones.
La labor fundamental de la primera Directiva, fue integrarse a la vida social cubana, que la Colonia se convirtiera en el hogar de los españoles y mantener las puertas abiertas a los hombres de buenas intenciones.
Importante fue la participación de la Colonia con una carroza en las fiestas el 20 de mayo de 1902, por la proclamación de la República de Cuba. Como parte de la integración a la vida nacional cubana, de los socios y de la asociación, que fue pieza activa en la celebración del desfile. De estas fechas conmemorativas se recogen disímiles artículos, uno dedicado al júbilo del pueblo camagüeyano en la celebración de las Fiestas de la Patria. Inicia la relación hablando del recorrido y procesión de la bandera, las personas y exalta la participación de las asociaciones, así como el arreglo de las edificaciones y las calles involucradas. Al respecto, el historiador de la ciudad Juárez Cano recogió en sus documentos dicho momento:
El día de ayer, fue la digna ceremonia de los festejos anteriores, pues lucidísima, espléndida resultó la procesión donde se ostentaba representaciones, como dos notas simpáticas, en el conocimiento de nuestras alegrías las carrosas enviadas por la Colonia Española y la Unión Catalana, esta última acompañada de un excelente cuerpo coral. Entre las iluminaciones han destacado las del Liceo, Gobierno Civil, Ayuntamiento, Planta Eléctrica, Sociedad Popular Santa Cecilia, Asc. de Maestros, El Fénix, Maceo, Hotel Unión, Colonia Española, Consulado Español.[25]
Es notable el acto de reunión, después de la procesión, en el edificio de la Colonia Española. En búsqueda de la unidad, se pronunciaron palabras de confraternidad, que estrecharon los vínculos de los elementos allí representados, como el General mambí Lope Recio, el autonomista Fabio Freyre y los asociados. Las hijas de este último representaron en la carroza a Cuba y España. El después Gobernador, Manuel Ramón Silva, dedicó palabras a la sociedad, por la labor que realizaron en favor del progreso de la República y la unión de cubanos y españoles.
En los primeros años de la sociedad las preocupaciones fundamentales rondaban alrededor de poder cumplir con los servicios y que a su vez no ocasionaran más gastos de los necesarios, así como del cumplimiento de lo reglamentado para el acceso a los mismos y las formas de inscripción, billetes personales para los varones mayores de catorce años o familiares, era una especie de carné identificativo.
En 1904 fue adquirida la casa de vivienda urbana de alto y bajo, con el número 12 de la calle Mayor, después Salvador Cisneros, cuya propiedad se encuentra comprendida entre las calles Independencia y General Gómez. Según el notario Santiago Bilbao registró:
Adquirida por el precio de 13 500 pesos, moneda corriente de los Estados Unidos de América, vendida por Bernabé Sánchez Adán, la sociedad de beneficencia y recreo Colonia Española establecida en la ciudad puede impulsar una amplia gama de servicios y actividades para sus socios.[26]
La adquisición del nuevo edificio social cambió la vida asociativa, pues permitió la consumación de nuevos espacios donde realizar sus funciones sociales y culturales a través de los servicios. Para la puesta en marcha se ampliaron los salones para reuniones y bailes, colocarían mesas de billar, una cantina, áreas deportivas, biblioteca, así como la disposición de aulas para cursos de instrucción, en lo que a partir de este momento se llamaría Centro de la Colonia Española de Camagüey.
Todos los arreglos del local corrieron a manos de miembros de la asociación con disímiles profesiones. A través de subasta a las mejores propuestas de proyectos, se otorgó la contratación para las obras de carpintería, albañilería y pintura que se realizarían en la planta baja y alta de la casa. Se aceptaron ofertas ajustadas a las bases pedidas en el pliego de condiciones emitido en la Consejería del Centro para así inaugurar, la nueva casa de la Colonia, como se reseñó en los periódicos, el 8 de diciembre del mismo año, coincidentemente con el día de la Purísima Concepción patrona de los comerciantes.
Fue escogida doblemente la fecha para celebrar a la también patrona de España y agasajar a todos los asociados y familiares en el nuevo centro social. Las celebraciones iniciaron con la misa solemne en el templo de la Merced, después se trasladaron al Centro, a una cuadra de distancia, allí se procedió a la bendición de la casa y a las palabras de agradecimiento e inaugurales del presidente Ramón González Rojo.[27]
Estas actividades, de tipo religiosas, se manifiestan como expresiones complejas que integran creencias, rituales y normas en un marco simbólico y social. Se definen por mantener rituales, festividades y normas que buscan vincular a los individuos con lo sagrado o trascendente. Ceremonias estructuradas como oraciones en el calendario festivo como la Purísima Concepción o la Navidad que marcaban eventos significativos. Legando normas morales que guiaban el comportamiento individual y colectivo.
Espacios de sociabilidad como parte de la vida cotidiana del inmigrante
A través de los espacios proporcionados por la asociación, los socios y sus familias tendrán oportunidades de intercambio social más allá de la vida laboral y privada, permitiéndole alcanzar nuevos objetivos como adaptarse a las circunstancias de la localidad. De esta forma, en la asociación se desarrollaban actividades que les proporcionaban un medio para sostenerse, reproducir su estatus y alcanzar reconocimiento social. Este entramado de redes dentro de su mundo asociativo desarrolló un grupo de prácticas culturales que influenciarían en la vida cotidiana de los inmigrantes españoles y la ciudad. A propósito de la multiplicidad de actividades en una asociación como indicador del desarrollo de la sociabilidad de una colectividad humana Agulhon (2009) disertó:
Cuanto más numerosas y diversas son las relaciones interpersonales, más grupos interactúan, superando el espacio de la familia, la parroquia, el trabajo o el grupo etario. Lo que trae a colación el desarrollo hacia el interior de grupos deportivo, de estudios, corales, o de beneficencia. Por otro lado, cuantas más actividades tiene una asociación, más requiere fortalecer su organización interna. En relación a los aspectos más formalizados de la vida asociativa en su conjunto y aquellos aspectos menos estructurados de la vida cotidiana o informal, como el mundo de los cafés, las tabernas o las plazas del mercado (s/p).
Para el recreo había en el establecimiento mesas de juegos permitidos por la administración, una cafetería o cantina, salones de baile, teatro, la biblioteca y áreas de deportes, entre las que se localizaba una sala de armas para la práctica de la esgrima.
De igual forma, causó requerimientos la patente para cantina otorgada a José Rodríguez Díaz, encargado, bajo arrendamiento, de la misma para el servicio de los socios. Este solicitaba que se le extendiera una para alcoholes a mitad de cuota, autorización que no se le concedió. Según informe de la Tesorería municipal, debía pagar tarifa normal, pues la venta de los productos usuales, como el café con leche, permitía una rebaja de hasta un 50% para las cafeterías en el interior de las sociedades, no así, si incluían la venta de alcohol.
Lo que originó diversas reclamaciones al Ayuntamiento fueron las patentes de los billares, los cuales alegaban eran de uso exclusivo de los asociados y que solo se cobraba una pequeña cuota para mantenimiento. Reclamación que fue denegada y obligados a cumplir con la tarifa completa de los impuestos legislados para este tipo de juegos en establecimientos públicos.
Este servicio de cantina ofrecía desayunos, meriendas y almuerzos, así como se ocupaba de las diferentes comidas durante las fiestas o actividades de la asociación. Entre las comidas típicas se podían encontrar el típico café con leche y pan con mantequilla en los desayunos o en los almuerzos, el congrí y la ropa vieja típica de la región camaüeyana. Así como una carta de vinos importados de España y otras bebidas permitidas por la licencia del estado. “Típico de estas cantinas o cafés una bebida alcohólica bien fuerte o una diminuta taza de un café negro espesado con azúcar parda” (Cento Gómez, 2017: 419).
Entre sus actividades fundamentales estaban las fiestas patronales, veladas lírico dramáticas -como el concierto musical de los alumnos de la Academia-, actividades de beneficencia y participar en las fiestas populares como el tradicional San Juan camagüeyano. Aunque la celebración no fue la prioridad, no fueron desatendidos, en algunas fechas conmemorativas que eran realizadas frecuentemente. La aprobación de los bailes estaba regida por la Junta de Gobierno, que determinaba su realización de acuerdo con los intereses que se favorecían, como la educación complementaria y servicios médicos, pertenecientes a las Secciones de Instrucción y Beneficencia respectivamente.
En este sentido, se encuentran dentro de las actividades el 4 de febrero, velada en Honor a la reina de la belleza; bailes por el San Juan camagüeyano del 24 al 29 de junio; el concierto de fin de curso de la escuela y exposición de Pintura y Bordado; celebración del día de Santiago Apóstol, patrón de España el 25 de julio; graduación e inicio de los diferentes cursos en agosto; el día de las Razas, el 12 de octubre en conmemoración a la llegada América de Cristóbal Colón; el 8 diciembre, la velada cultural y fiesta religiosa por la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María y bailes por el fin de año. Entre las fechas más festejadas anunciaba la prensa la referida al patrón de España: “Ya hemos anunciado en distintas ocasiones, las grandes fiestas que se celebrará mañana en su sanatorio y en la casa social, el Centro de la Colonia Española, para conmemorar dignamente la festividad de Santiago Apóstol, Patrón de España…”.[28]
La participación en las fiestas populares como el San Juan camagüeyano, entre el 24 y el 29 de junio, como de costumbre, las sociedades se sumaban a las festividades, ofreciendo un grupo de actividades. La asociación no dejaba pasar por alto sus acostumbrados bailes. El primero lo celebraban el día de San Juan, 24 de junio, y era una noche de disfraces para estar a tono con los motivos carnavalescos.
El público habitual en estas actividades eran los jóvenes; estas se extendían por única vez al año hasta la madrugada. A tal fin, la fiesta era amenizada por un conjunto de música popular. El baile del día de San Pedro y haciendo un alto para la tradicional procesión del cuerpo por arterias importantes del centro de la ciudad.
Para este tipo de festividades, se les permitía a los socios participar con sus familias e incluso invitados, también se pedía la colaboración de no traer niños, en la medida de lo posible o podrían concurrir, pero teniendo en cuenta la necesidad de no interrumpir el orden, lo cual le da una carácter familiar a la asociación donde solo los hombres podían formar parte; aunque las actividades eran organizadas para una gran familia conformada por lazos de parentesco, relaciones matrimoniales, por convivencia o afinidad. Aplicando lo que algunos historiadores han definido como el acceso al capital social formado “(…) en un primer término, a partir de las redes de solidaridad tejidas en torno al paisanaje, institución de la que nació una «cultura de confianza” (Moreno, 2012: 51) que les permitió escalar socioeconómicamente, un papel determinante que desempeñó la Colonia Española de Camagüey.
Asimismo destaca la celebración del día de las razas. Mucho se pudiera debatir sobre la Fiesta de las Razas, en conmemoración de la llegada “civilizatoria” de Colón a América, pero sobre todo como una rememoración a la historia del majestuoso imperio colonial español. Se realizaba una velada en modalidad de conferencia donde se invitaba a un orador para las palabras principales. Celebración donde se pretendía obviar los siglos de dominación y explotación sobre los pueblos de originarios.
Las actividades recreativas también sirvieron para consolidar redes de poder como las clientelares, de negocios o parentesco. La costumbre de desayunar o tomar una merienda en la cantina del edificio social, eventos como las tertulias eran aprovechados por los comerciantes para estrechar alianzas. Por ejemplo, la burguesía mercantil hispano-cubana utilizaba estos espacios para negociar contratos o uniones familiares.
Al mismo tiempo fue una forma de resistir la influencia estadounidense y mantener vínculos con España; las prácticas de ocio no permanecieron estáticas, sino que se fusionaron con elementos locales, generando sincretismo hasta en las formas de recreación. Sobre el tema Fernández (2025) disertó sobre las asociaciones Colonias Españolas en la región Camagüey y como los rituales lúdicos, no solo mantuvieron vínculos con su origen, sino que influyeron en la construcción de una cultura cubana mestiza, marcada por tensiones entre lo hispánico, lo africano y lo autóctono. Este proceso refleja cómo el recreo sustenta tanto la memoria colectiva como el espacio cotidiano del inmigrante en las localidades donde se asientan.
Las prácticas recreativas en las asociaciones de inmigrantes españoles en Cuba durante los siglos XIX y principios del XX, reflejaron un proceso de adaptación, resistencia e integración cultural. Las asociaciones (…) mantuvieron prácticas de ocio arraigadas en sus costumbres peninsulares, que funcionaron como mecanismos de cohesión social y reafirmación identitaria. (19)
De igual forma sobresalen las festividades religiosas y civiles en las que la asociación participa como parte activa de la comunidad; estas prácticas religiosas fomentan la identidad colectiva mediante rituales compartidos, como procesiones o festejos que unen no solo a los españoles asociados a la Colonia Española sino a la asociación con las tradiciones de la ciudad de Camagüey y a su vez se transforman. Estas tradiciones, en su mayoría procedentes de la herencia colonial española, sirvieron como amalgama para una mejor adaptación a la vida cotidiana de la comunidad.
Se notan resultados de la Sección de Propaganda, encargada de la impresión de placas de divulgación, para la inscripción de socios al Centro y su Quinta de Salud, además de anunciarse y crecer en dependencias fuera de la ciudad cabecera y del territorio municipal, en poblados como Minas, Ingenio Senado, Lugareño, Cascorro, Sibanicú, Florida, San Germán, Martí, Santa Cruz del Sur e Ingenio “Jobabo”; estos lugares reportaron un estimado de 612 nuevos ingresos en 1913.[29] A partir de aquí se puede ver una Colonia consolidada en varias de las secciones que había iniciado y se empiezan a dar los primeros pasos en otras como la de Propaganda. Los servicios funerarios comenzaban sus primeras gestiones; muy primitivos en un principio, consistían en el envío de flores al Panteón de Españoles en Santiago.
De igual forma, entre los años investigados el problema de la educación en la ciudad se comportó como en el resto del país, donde más de tres mil habitantes eran analfabetos y el nivel de acceso era solo para la burguesía. En Camagüey solo existían sesenta y ocho escuelas, en estas solo cuatrocientos cincuenta eran aulas de enseñanza primaria elemental diurna. Contaba con una escuela primaria superior y con igual número, el Instituto de Segunda Enseñanza, la Escuela Normal para Maestro, la Escuela de Comercio y una Granja Agrícola; estas dos últimas creadas por impulsos de la Cámara de Comercio de Camagüey y el Círculo de Colonos. Sin embargo, existían, más de cien colegios y academias particulares dirigidas por comunidades religiosas o privadas; desde el nivel elemental hasta enseñanza especiales, como el Colegio de las Teresianas y las Escuelas Pías. Aun así, muchas de las sociedades del período tienen sus secciones de instrucción, no para la enseñanza primaria elemental sino para complementar la educación y la cultura general.
De ahí la importancia de la creación de la Sección de Instrucción cuando se agregaron nuevos profesores y cursos, también se reformaron los locales de las aulas con suelo de mosaico y más comodidades higiénicas al incluir baños en las salas de deportes. En la biblioteca entraron por donación nuevos textos como Historia de España de Francisco Pi y Margall.
Surgida desde los primeros años, se pretendió el establecimiento de cursos que se orientaran hacia la cultura general y las bellas artes. Para lograr este objetivo, dentro de la sociedad se desarrolló una modesta academia de educación complementaria, encaminada a la enseñanza cultural en general, de acuerdo con las necesidades del hombre en su entorno. Y logró florecer con el establecimiento de un espacio propio como edificio social.
A partir de este momento existiría un trabajo constante sobre lo que ellos nombrarían Academia de Artes, Idioma y Labores con sus respectivas escuelas. Las clases se instauraron en los períodos desde septiembre hasta junio. Se estableció la división por escuelas: la de Bellas artes comprendía los cursos de Música, Dibujo y Pintura; Labores, el de Bordado y la de Idioma Inglés.
Cada curso tenía un objetivo específico; la implementación del inglés estuvo impulsado por las necesidades existentes en el territorio de dominar este idioma, sobre todo para las actividades comerciales a las que se dedican buena parte de los miembros, en una ciudad cabecera de la provincia con una marcada presencia de capital y mercancía norteamericana.
Teneduría de libro garantizaba herramientas útiles para todos aquellos insertados en el área del comercio, la pequeña industria y los servicios. Un alto porcentaje de los socios dominaban sectores importantes como las panaderías, los almacenes de víveres (más conocidos como bodegas), cafeterías, tiendas de todo tipo, desde mixtas hasta especializadas, licorerías, cantinas, industrias menores, como manufacturas de refrescos, fósforos y otros. Lo que se manifiesta en una muestra de sociedades comerciales creadas durante el período, en la unión de capitales para la creación de estos negocios vinculados a los servicios. En su generalidad, estas sociedades comerciales fueron formadas entre familiares o paisanos.
Un elemento notable era la premisa que ofrecía las clases de bordado a las estudiantes, y no solo desde el punto de vista decorativo. También preparaba a las mujeres en estas labores hogareñas y le garantizaba mediante la costura una opción de empleo desde la casa.
En el caso de Música y Pintura, su fin era el refinamiento cultural exigido por los estándares sociales de diferentes estratos. El mayor por ciento entre los sobresalientes radicaba en las alumnas de Pintura, Dibujo, Música y Bordado, no así los hombres que se distinguían en Inglés y Teneduría de Libros. La instrucción de Labores, Música y Pintura, eran las opciones y espacios de participación de las mujeres dentro de la sociedad, así como la participación en las actividades recreativas.
En cuanto a la atención médica, hay que tener en cuenta la situación existente en la ciudad en 1899. Con la ocupación norteamericana y la campaña de saneamiento, los tres hospitales que existían son clausurados por el mal estado en que se encontraban. El Hospital Militar se repara y se pone en servicio a partir de 1900, con el nombre de Hospital General, donde también radica el Banco de Sangre Provincial y las tropas de Estados Unidos. Además, es puesto a funcionar un hospital de campaña con el nombre de Hospital Cubano, en las afueras de la ciudad en la Sabana de los Marañones, para evitar las epidemias tan comunes en la época (cólera, fiebre amarilla, parasitismo, tifus, viruela, poliomielitis, tuberculosis, sarampión y lepra). Esta instalación atendió momentáneamente a toda la población del municipio, hasta su quiebra por el Ayuntamiento, al no tener recursos para sostenerlo.
La Beneficencia en estos primeros centros se desarrolla por gestión de los fundadores más o menos enriquecidos, que aportan un capital para la creación de comodidades. Una característica cubana de las sociedades de beneficencia es que adoptan una configuración por colectividades regionales, que se expande a otras tipologías asociativas de españoles, no así a la creación de las Colonias, donde la unidad fue nacional. España prevaleció ante las diferentes racionalidades.
Desde agosto de 1901 inauguran la casa de salud en la quinta de San Zenón, un dispensario con la capacidad de doce camas. Esta ofreció servicios hasta 1908 y en ella se atendían los socios y contratos del poblado costero de Nuevitas. Ya para 1908, se había comprado e iniciado la construcción de un nuevo hospital, con la colocación de la primera piedra, y luego de algún tiempo se inauguró el sanatorio previsto presidido por la sociedad de la Colonia Española de Camagüey. El promotor de esta creación fue el doctor Federico Biosca Viñolas, quien asumió la dirección de la clínica desde sus inicios.
En este período se construyen los tres primeros edificios: el Administrativo, donde se compartían las oficinas con las primeras salas de atención y consultas, en la segunda planta contenía el Pabellón Ignacio Soler de Medicina General; el de cirugía González Rojo atrás y la primera cocina-comedor al fondo de los terrenos. Después se construye el de enfermedades infecciosas Rodríguez Labrada, que se convertiría en enfermedades pulmonares, pues la tuberculosis era la enfermedad más atendida. Todos bajo denominaciones de socios fundadores y aportaron parte de su caudal para el impulso de la sociedad.
Las prácticas religiosas o de tipo benéficas, contribuyen a la gestión de crisis, ante situaciones como pandemias o desastres, ofrecen consuelo espiritual y esperanza, actuando como mecanismos de resiliencia. Establecen códigos éticos que regulan la conducta, como la solidaridad, contribuyendo a la estabilidad social. Esta es una de las razones por las cuales, en noviembre de 1932, se crea en una asociación femenina de beneficencia para la protección de mujeres y niños, denominada Damas de la Colonia Española de Camagüey, buscando ofrecer ayuda a las víctimas del ciclón que había arrasado la comunidad de Santa Cruz del Sur. Socorro ofrecido por este grupo de mujeres, cuyo mérito fundamental fue aglutinar a su alrededor a todos para que aportaran a la asistencia médica y con ayudas a la recuperación de mujeres y niños que habían quedado desamparados ante los poderes del estado.
Las actividades relacionadas con algún tipo de liturgia, trajo debate entre los miembros, ya que en el reglamento se encontraba prohibida la realización de actos religiosos y políticos dentro del Centro. Sin embargo, desde su fundación, la sociedad mantiene un grupo de tradiciones de tipo religioso como la bendición de las construcciones, ya sea el edificio social o de las nuevas áreas del hospital antes mencionadas.
Al respecto sobre el influjo de diversas asociaciones en la vida cotidiana de una ciudad Fleitas Monnar (2009) afirmaba que “todas estas sociedades ejercieron una gran influencia sobre su clase social y por su función cultural incidieron significativamente en el contexto urbano” (150) Sobre todo en la membresía perteneciente a la burguesía comercial hispano-cubana, dominaba segmentos económicos- productivos importantes como las panaderías, los almacenes de víveres (más conocidos como bodegas) cafeterías, tiendas de todo tipo desde mixtas hasta especializadas, licorerías, cantinas, industrias menores como manufacturas de refrescos, fósforos y otros, lo cual se manifiesta en una muestra de sociedades comerciales creadas durante el período, en la unión de capitales para la creación de estos negocios vinculados a los servicios.
La Colonia Española en la ciudad se convierte en el espacio social que posibilita a todos sus asociados tomar un café, compartir un trago con el vino del terruño, jugar en el villar o tener un duelo en la sala de armas, que las niñas asistan a las clases de música o los niños aprendan inglés, leer el Diario de la Marina o la Historia de España de Pi Margall en la biblioteca, asistir a las misas por la Purísima Concepción, entrar en los salones llenos de conocidos y sobre todo garantizar la atención médica en la quinta de salud.
Si bien la asociación facilitó la integración de los inmigrantes, también actuó como un mecanismo de reproducción de privilegios. Su labor benéfica y cultural no debe ocultar su función como espacio de distinción social y consolidación de élites económicas en una ciudad marcada por las jerarquías del pasado colonial.
Conclusiones
La asociación Colonia Española de Camagüey funcionó como un espacio clave de sociabilidad para los inmigrantes hispanos y sus familias, articulando prácticas recreativas, educativas, benéficas y religiosas que facilitaron su adaptación al entorno camagüeyano sin renunciar a su identidad cultural. A través de estas actividades, no solo reprodujo tradiciones peninsulares, sino que también las fusionó con elementos locales, generando un proceso de sincretismo que enriqueció la vida cultural de la ciudad.
También contribuyó a la modernización de la vida urbana mediante la creación de infraestructuras como su centro social, la biblioteca, la cantina, y especialmente el sanatorio “La Purísima Concepción”. Estos espacios no solo servían a sus asociados, sino que se integraron a la trama urbana y a la oferta de servicios de Camagüey, influyendo en los hábitos cotidianos de amplios sectores de la población.
Asimismo, la Sección de Instrucción de la Colonia Española respondió a necesidades formativas concretas, como la enseñanza del inglés o la teneduría de libros, que permitieron a los inmigrantes insertarse en sectores económicos clave, especialmente el comercio y los servicios. Cursos como bordado, música o pintura, además, ofrecieron a las mujeres un espacio de participación social y preparación laboral dentro de los límites de la época. Que finalmente, evolucionó con la creación en 1932 de las Damas de la Colonia Española como asociación femenina de beneficencia, evidencia de la madurez institucional alcanzada y la capacidad de respuesta ante crisis sociales, provocada por un desastre climático.
Por otra parte, la participación de la asociación en festividades cívicas y religiosas, como el 20 de mayo, el San Juan camagüeyano o el día de la Purísima Concepción, refleja su voluntad de integración en la comunidad local, al tiempo que reforzaba vínculos identitarios con España. Esta doble función de preservar e integrar, fue una constante en su actuación.
En síntesis, la asociación Colonia Española influyó en la vida cotidiana de la ciudad no solo como un espacio de reunión y conservación cultural, sino como un agente activo en la esfera pública, que contribuyó a la formación de redes sociales, a la modernización de servicios y a la conformación de una identidad local que integraba lo hispánico y lo cubano. Su estudio, por tanto, permite comprender mejor los mecanismos a través de los cuales las asociaciones de inmigrantes moldearon la vida urbana de Camagüey de principios del siglo XX.
Referencias bibliográficas
Agulhon, Maurice (2009). El Círculo Burgués. La sociabilidad en Francia, 1810-1848.Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
Álvarez Pitaluga, Antonio (2021). Miradas culturales a la historia de América Latina: Ensayos para un debate. Costa Rica/Panamá: Universidad Nacional de Costa Rica- Universidad de Panamá.
Barcia, María del Carmen (2009). Una sociedad en crisis. La Habana a finales del siglo XIX. La Habana: Editorial Ciencias Sociales.
Cento Gómez, Elda (2013). Nadie puede ser indiferente. Miradas a las guerras (1868-1898). Cuba: Editorial Oriente.
Cento Gómez, Elda (2017). De la tierra incógnita. El Camagüey visto por forasteros. Santiago de Cuba: Editorial Oriente.
Devoto, Fernando y Madero, Marta (Dirs.) (1999). Historia de la vida privada en Argentina. La Argentina entre multitudes y soledades: de los años treinta en la actualidad. Buenos Aires: Taurus.
Fernández Morejón, Mailén Celia (2025). “Asociación Colonia Española de Nuevitas: Apuntes sobre su fundación”. Revista de Historia Regional, 30, pp. 1-27.
Fleitas Monnar, María Teresa (2009). Vida cotidiana en Santiago de Cuba entre dos siglos (XIX y XX). Anales del museo de América, 17, pp.142-152.
Gonzalbo Aizpuru, Pilar (Dir.) (2004). Historia de la vida cotidiana en México. Vol. I. México: FCE.
Gonzalbo Aizpuru, Pilar (Dir.) (2005). Historia de la vida cotidiana en México. Vol. II. México: FCE.
Gonzalbo Aizpuru, Pilar (2009). Introducción a la historia de la vida cotidiana. México: El Colegio de México, Centro de estudios Históricos.
Morales Tejeda, Aida (2009). “El universo material de la vida doméstica de la élite de Santiago de Cuba entre 1830 y 1868”. Historia Crítica, (38), pp.96-121.
Morales Tejeda, Aida (2016). “Santiago de Cuba: miradas e imágenes urbanas en los relatos de viajeros”. Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas Mario J. Buschiazzo, 46(1), pp. 91-102.
Tamames, Marcos (2012). La cofradía de los signos urbanos. Camagüey: Ácana.
Notas

