De buena fuente

“[...] y no sé quién tiene razón” Un traductor confundido en un paratexto: la incógnita de las Islas Malvinas en la traducción de Manuel Machón de la Descripción de la Patagonia, de Thomas Falkner (1774-1775)

“[...] and I don’t know who is right” A translator confused in a paratext: the mystery of the Malvinas Islands in Manuel Machón’s translation of Thomas Falkner’s Description of Patagonia (1774-1775)

Ignacio Liziardi
Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

“[...] y no sé quién tiene razón” Un traductor confundido en un paratexto: la incógnita de las Islas Malvinas en la traducción de Manuel Machón de la Descripción de la Patagonia, de Thomas Falkner (1774-1775)

Prohistoria. Historia, políticas de la historia, núm. 45, 1-19, 2026

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)

Recepción: 31 Marzo 2026

Aprobación: 05 Mayo 2026

Publicación: 15 Julio 2026

Resumen: En el último cuarto del siglo XVIII, Manuel Machón tradujo la obra de Thomas Falkner. Este trabajo fue remitido con urgencia a Madrid, pero no fue publicado durante cincuenta años hasta su aparición en el Río de la Plata en 1835. En su manuscrito, Machón introdujo un peritexto final, compuesto por una “carta” con información sobre los movimientos ingleses en las Islas Malvinas y una nota, que ilustra la complejidad del trabajo del traductor en un momento de conflicto de las coronas española e inglesa por el paso bioceánico.

Palabras clave: Malvinas, Traducción, Jesuitas, Falkner, Machón.

Abstract: In the last quarter of the 18th century, Manuel Machón translated Thomas Falkner’s work. This translation was urgently sent to Madrid, but it was not published for fifty years until its appearance in the Río de la Plata region in 1835. In his manuscript, Machón included a final peritext, consisting of a “letter” with information about English movements in the Malvinas Islands and a note, which illustrates the complexity of the translator’s work at a time of conflict between the Spanish and English crowns over the transoceanic passage.

Keywords: Malvinas, Translation, Jesuits, Falkner, Machón.

Introducción

En el año 2002 un buque a vela hecho enteramente de madera entraba en Puerto Argentino. Turistas y residentes agolpados en el muelle veían llegar una de las réplicas más exactas y grandes –que surca hasta hoy los mares– de un navío del siglo XVIII. Se trataba del Endeavour (imitación del homónimo), perteneciente a la Captain Cook Society de Australia.[1] Este buque realizó numerosos viajes, siendo recibido en los puertos de la Commonwealth como parte de un homenaje al explorador James Cook, orgullo del Imperio Británico.

Sin embargo, cuando el HMS[2] Endeavour original llegó a Malvinas en 1774 no fue un momento de orgullo para la corona británica, sino todo lo contrario: al mando del capitán James Gordon arribó a Port Egmont para evacuar los últimos efectivos instalados allí (Groussac, 1936: 138-139). La disputa con España por el asentamiento en el archipiélago malvinense había escalado y el asunto había sido blanco de críticas internas para la administración de ambas coronas, saldando con un acuerdo secreto de desalojo de las fuerzas británicas (Barriera, 2021).

Ese mismo año se publicó en Gran Bretaña la Description of Patagonia, del jesuita expulso Thomas Falkner. Dicha obra fue objeto de numerosas disputas y tuvo un grado de injerencia en el conflicto que aún hoy se busca dilucidar como parte de una compleja red de causas que apresuró las exploraciones españolas de las costas del Atlántico Sur (Navarro Floria, 1994). En este trabajo nos proponemos revisar la relación de ambos hechos –el desalojo de los ingleses de Malvinas y la publicación de la Description of Patagonia– a través de los paratextos presentes en los manuscritos que contienen la traducción llevada adelante por Manuel Machón (en Falkner ca. 1774a y 1774b). Para tal fin, consultamos los dos manuscritos presentes en la Biblioteca Nacional de España (en adelante BNE)[3] y la John Carter Brown Library (en adelante JCBL)[4] de Nueva York.

Ríos de tinta han corrido en torno a las dificultades de traducir un texto, llegando algunos a proclamar que se trata de una tarea imposible, dado que solo se lograrían aproximaciones defectuosas. En el documento que nos ocupa, la cuestión llega al paroxismo. Buscaremos acercarnos a este problema, es decir, dilucidar cómo afectaron a Machón las informaciones cruzadas sobre las misteriosas islas. Asimismo, intentaremos vislumbrar la disputa por el archipiélago malvinense presente en la obra de Falkner, en un momento en que las islas estas fueron el foco central de la tensión entre los imperios atlánticos en las décadas de 1760 y 1770 (Barriera, 2020, 2021).

Cabe aclarar que el documento que traemos aquí ha sido reproducido de manera poco fiel por Pedro de Angelis en el primer tomo de su Colección de Documentos (1835: 61-62) al cerrar la obra de Falkner, evidenciando que accedió a uno de los manuscritos que referimos aquí, o a una copia bastante exacta de los mismos. Este paratexto figura tanto en el ejemplar manuscrito de la Biblioteca Nacional de España (folios 139 a 143) como en el de la John Carter Brown Library (Falkner, ca. 1774a: 257-266).

El origen de la disputa por el archipiélago y la situación hasta 1770

Como es sabido, la atribución del descubrimiento[5] del archipiélago malvinense es diversa y muchas veces referida como parte de la disputa por dicho territorio. Por lo tanto, creemos conveniente empezar por los primeros asentamientos europeos en las islas. Fue en 1764 que Louis Antoine de Bougainville, al frente de la denominada compañía de Saint Malo, fundó la primera colonia permanente: Puerto de Saint Louis –o Puerto Luis– (Bandieri, 2009: 65). Este asentamiento contaba con una gran cantidad de colonos acadianos, es decir, provenientes de las recientemente perdidas posesiones francesas en Canadá. El mismo se localizaba en el extremo occidental de la Bahía de la Anunciación.

Por otra parte, casi de manera simultánea, la expedición de John Byron[6] partió de Inglaterra en 1764 y fundó el año siguiente el establecimiento de Port Egmont (o Puerto de la Cruzada) en la isla Trinidad (Saunders para los ingleses) (Destefani, 1982: 52). Este pequeño asentamiento constituía un lugar seguro para embarcaciones de la corona británica que transitaban por el Atlántico y ponían rumbo a los Mares del Sur con diversos fines. Este puerto violaba una serie de acuerdos sobre las islas, pero pasó inadvertido ante los ojos españoles por un breve tiempo, hasta que las secretarías de despacho de Carlos III recibieron la información de que, efectivamente, los ingleses se habían instalado en Malvinas (Barriera, 2020).

España presentó queja formal en París, y el gobierno francés reconoció la soberanía de su contraparte en las islas, haciendo honra del Pacto de Familia. Inmediatamente Bougainville cedió el asentamiento al Gobernador de Buenos Aires. Dicho movimiento responde a que desde 1758 los miembros de la corte en Madrid y funcionarios en la América hispánica comenzaban a percatarse de la importancia estratégica del archipiélago (Barriera, 2020: 4-6), empujados por las intenciones de Anson y su fallido planteo al Almirantazgo británico de una expedición a Malvinas en 1749, que retomaremos más adelante.

Hacia 1767-1768, entonces, sucedía que en las islas estaban apostados tanto españoles como ingleses, sin saber los primeros donde estaban exactamente estos últimos. Pero esto no permaneció así por mucho tiempo. Marinos españoles descubrieron la localización de Puerto Egmont en febrero de 1770 (Barriera, 2021: 71) y empezaron entonces duras negociaciones alternadas con demostraciones de fuerza.

Groussac (1936) y Barriera (2021) han relatado en detalle cómo sucedieron estos hechos. En mayo de dicho año Bucarelli hizo zarpar desde Montevideo una escuadra de dimensiones desproporcionadas (podríamos decir que aplica la metáfora china del cañón y el mosquito) al mando de Juan Ignacio Madariaga, para resolver de una vez por todas el asunto (Moreno, 1955: 20-21). Esta arribó a Egmont en junio. Tuvieron lugar días de dura negociación, hasta que el español, hartos del tiempo helado –que afectaba severamente a sus hombres embarcados– y la dilación calculada de los británicos, acercó sus barcos y abrió fuego sobre la Favourite, que se encontraba en el puerto. Los ingleses accedieron finalmente a desalojar.

Esto casi derivó en un conflicto abierto cuando se supo en Europa, provocando un intenso intercambio diplomático entre ambas coronas que casi desemboca en un conflicto abierto. En 1771 Samuel Johnson –que poseía una gran fama– había publicado su Thoughts on the Late Transactions Respecting Falkland's Islands, donde abordaba para el gran público la cuestión de las islas. Dicha publicación evidencia que en Gran Bretaña ciertas capas de la política y la aristocracia (si tal división existiese para la Inglaterra del siglo XVIII) estaban muy atentas a los movimientos en el tablero austral.

Sucedió que la cuestión se zanjó cuando España permitió que los ingleses permanecieran allí bajo promesa secreta de abandonar –en un plazo determinado de años– el emplazamiento (Barriera, 2021). Recién en 1774 se cumplió el desalojo, dando lugar a los hechos que narraremos a continuación a partir de la fuente que hemos seleccionado.

La Description of Patagonia, entre su autor y su traductor

Pocos textos son tan polifacéticos como la Descripción de la Patagonia. Sobre esta breve obra del anciano jesuita inglés que residió en el Río de la Plata se ha escrito mucho. Gracias a la reconstrucción llevada adelante por Furlong (1920, 1954) y Asúa (2006), sabemos que Thomas Falkner (1707-1784) nació en Manchester en una familia presbiteriana. Se movilizó posteriormente a Londres donde se formó como cirujano. Luego de su conversión, en 1732 y con 24 años ingresó a la Compañía de Jesús y en 1734 hizo sus primeros votos. Durante este período estudió en la Universidad de Córdoba teología y filosofía. Posteriormente se desplazó a la frontera sur, donde entró en contacto con los grupos de indígenas, de los cuales obtendría mucha de la información plasmada en su libro. Con la expulsión de la Orden Jesuita de los territorios españoles en 1767 fue obligado a retornar a Europa. Mientras embarcaba en Buenos Aires al destierro, los franceses entregaban –luego de que Bougainville obtuviera un resarcimiento por sus gastos– Puerto Luis a España. A diferencia de otros expulsos, fue a Inglaterra, su tierra natal, donde organizó sus papeles para formar la obra que hoy conocemos.

Publicó su Descripción of Patagonia en 1774. En ese momento la paz entre Gran Bretaña y España era frágil. Al finalizar la Guerra de los Siete Años, Europa occidental conoció un período de relativa paz (1763-1775) que permitió intercambios continentales de todo tipo, en un momento de auge de la Ilustración y en especial de letra impresa. Esta paz, aunque bastante tensionada, sirvió a las partes para reforzar y planificar las defensas de sus territorios. En este sentido, en el ciclo de reformas borbónicas que habían iniciado a principios de siglo tuvieron su auge durante el reinado de Carlos III (Garavaglia y Marchena, 2005). En este clima, el libro de Falkner venía a exponer abiertamente las debilidades de las defensas españolas en el extremo sur de América. Muchos de los apartados fueron considerados agraviantes por funcionarios de la corona borbónica. Por empezar, en la primera página del prefacio, William Combe y Robert Berkeley (editores del texto de Falkner) decían lo siguiente:

“The establishment of an English colony in Falkland’s Islands is said to be in consequence of an opinion of the late Lord Anson, who thought that a settlement, and the securing a good harbour for English ships, in the southern seas of America, was a proper measure for extending the commerce and marine empire of Great Britain. This consideration induced me to imagine, that any information concerning the geography, inhabitants, and other particulars, of the most southern part of the American continent, might be of some public utility, and might also afford some amusement to the curious.”

Esto encendió las alarmas de Manuel Machón, que se encontraba en Londres en 1774, por lo que decidió traducirlo y enviarlo a la corte española de manera inmediata. Pero, ¿quién era este traductor? Francisco Manuel Machón y Martínez de Mollinedo fue, según Abbad y Ozanam (1992), un funcionario de carrera. Inició su trayectoria en la Secretaría del Consejo de Hacienda, en la que fue oficial entre las décadas de 1760 y 1770. Continuó en la Contaduría de Millones (en este período tradujo el libro que nos convoca) y fue contador de la aduana de Cádiz cuando ingresó en la Orden de Carlos III (mayo de 1789). Posteriormente, fue ministro de Hacienda en Tolón durante la ocupación anglo-española de esa ciudad (septiembre-diciembre de 1793). Sabemos además que se casó en Madrid en 1795 con María Victoria de Arredondo Carmona y Velarde y que, hasta las guerras napoleónicas, ocupó diversos cargos en la administración borbónica. Se conservan pocos datos del fin de sus días, con excepción de su muerte acaecida en 1817 (Abbad y Ozanam, 1992: 126). El rol por el que más se lo recuerda, sin duda es haber traducido la obra de Falkner, dado que ésta desempeñó un rol importante en el último cuarto del siglo XVIII.

Volviendo a la apertura de la Descripción, que este Prefacio comience así nos lleva a pensar que la disputa por Malvinas fue uno de los móviles principales para que este libro viera la luz, además de evidenciar que los autores de este paratexto estaban al tanto de la situación ocurrida el último tiempo en torno a las islas. Además, se atribuye a George Anson la idea germinal de un establecimiento permanente en las islas con fines estratégicos. Cabe recordar que la expedición de Anson había sido en extremo traumática para la corona española. Con total impunidad su flota había atravesado (no sin pérdidas, como el caso de la HMSWager) el cabo de Hornos, saqueando las posesiones españolas en el Mar del Sur y poniendo rumbo a China. Cómo si no fuera suficiente, en su camino se encontró con el Galeón Santa María de Covadonga. Anson, además de dicha circunnavegación (1740-1744), fue Primer Lord del Almirantazgo desde 1751 hasta 1756 y nuevamente entre 1757 y su muerte, ocurrida en 1762. Siempre había representado una amenaza para los españoles en alta mar, pero ahora, sus plegarias fueron atendidas: Byron se había asentado en las islas. Aun estando muerto, Anson traía problemas a Madrid. Reproducimos a continuación el fragmento de la traducción de Machón del capítulo tercero, donde Falkner habla de Tierra del Fuego, y particularmente de las Malvinas:

“La Tierra del Fuego se compone de varias islas. Las del occidente son pequeñas y bajas llenas de pantanos e inhabitables, estando permanentemente cubiertas de agua, pero las del este son maiores y la tierra mas alta con montañas y bosques. Havitadas por los indios yacana-cunis, quienes tenían frecuente comunicación con Españoles y Franceses que hiban alli por leña desde las islas Malvinas ó de Falkland. No se si hay alguna Caza en estas grandes Islas fuera de la volalla; Pero es muy creible que los Indios no viven en ellas con solo el Pescado, porque es muy dificultoso cojerle en estos climas en tiempo de imbierno.

En el año de 1765 ó 66. se perdió un Navio Español en las costas de la Isla de Fuego, cerca de Catorce Leguas de la Boca del estrecho. La tripulación que se salbó hizo por sí un barco de Vastante Buque, para transportarse con sus Provisiones á Buenos Ayres donde informaron ál Governador Dn. Pedro de Cevallos que los Indios nativos de esta Isla havian sido muy humanos y caritatibos, ayudandoles a pasar madera para la construcción de su Barco, y asistiendoles en todo; que assimismo avian sido mui liberales en distribuir entre ellos los generos de mayor valor, como sedas brocados, tisues, etc. estimando esta gente mas los paños ordinarios para estar bien abrigados: que al principio bajaron con sus armas, arcos y saetas, hechandolas por tierra en señal de paz y amistad inclinando el cuerpo, y luego saltando, rascandose y palmeteando. El Governador embio relación de todo á la Corte de España, y propuso establecer una Colonia en esta Isla; pero estando entonces los Franceses tratando sobre la compra de las Islas Malvinas, se frustró el prudente designio del Governador, quien tubo orden de retirarse a España.

Tamú cacique de yacana-cuni me dijo que usaban de una especie de Flota para pasar a veces los estrechos, y que tenian comuncación con los de su Nación, de que se sigue que este Pais goza las conveniencias de leña, agua, suelo, y que si se pudiera allar algun Puerto tolerable seria mucho mas conveniente, y mandaria mejor un pasaje al mar del Sur, que las colonias de las Islas de Falkland.

Estas Islas son muchas, algunas pequeñas, pero dos mui grandes. Lo q.e puedo referir tocante a ellas, es conforme á la relación que me han hecho algunos oficiales españoles (que fueron a tomar posesion de ellas de los Franceses y transportaron allí los españoles de Buenos Ayres) y un artillero Frances que navego desde el Rio de la Plata hasta el Puerto de Cadiz, y avia vivido muchos años en aquellas Islas: todos estos fueron testigos de excepcion.

Son tan vajas y pantanosas dhas Islas, que despues de una lluvia, no se puede salir de Casa sin undirse en el lodo hasta las rodillas. Las Casas son de tierra, y estan verdes y tomadas del moho por la excesiva humedad del Pais, no pudiendose hacer ladrillos, por falta de fuego. Los Colonos han sembrado varios generos de grano, como trigo, cebada, guisantes, abas, y otras cosas; pero la tierra es tan esteril que todo se redujo a yerva y paja, sin rendir fruto alguno. Con toda la industria de los Franceses por muchos años solo pudieron cojer un poco de ensalada y esto estercolandola con la basura de sus Bacas, puercos y Cavallos. Los unicos animales peculiares de estas Islas, son los Penguinos, y Butardos; siendo solo estos ultimos comestibles: matanlos con escopeta y quando hay pocos se venden muy caros. Cojese tambien algun pescado; pero en tan corta cantidad, que no basta p.ra los moradores. Es tan grande la pobreza de este Pais que el Governador Español de Buenos Ayres estubo obligado a embiar Navios cada tres o quatro meses para manterner la Gente y Guarnicion sin que pudiese esperar retorno alguno; y aunque embiaron Puercos, Bacas y Cavallos a estas Islas, su clima es tan frio, humedo, y esteril que jamas criaban, de manera que estos gastos duraran mientras dure la colonia. No ay leña ni cosa que sirva para el fuego, sino una mata baja, como el azebo, y esta no en abundancia, por cuya razon estan obligados los moradores a embiar los pequeños Barcos por leña a la tierra del fuego. La agua es el unico bien q.e tiene este Pais, ademas de un buen Puerto, el qual no obstante no responde a el fin de este establecimiento, porq.e como este Puerto de la Soledad es tan abierto al Norte o Nordeste necesita un navio tener viento de este lado para entrar en el: Ahora pues, como un tal viento es el mas favorable para pasar el Cabo de Hornos al Mar del Sur, seria perder tiempo entrar en dho Puerto, mayormente quando debe esperar viento contrario para salir de el, y luego otro para navegar al Cabo mencionado: y esto en un paraje donde no hay esperanza de hacer otra provision que agua.

Los Franceses embiaron Gente a estas Islas en la ultima Guerra para asegurar un Puerto a sus Navios que venian de las Indias Orientales por el Mar del Sur, carrera necesaria pra libertarse de los Corsarios Ingleses; pero acabada la Guerra, y cansados de una Colonia tan pobre y miserable, y de tan grandes gastos, cesando su fin, determinaron dejarla con la intencion, no obstante de cobrar ó recobrar (si fuese posible) el dinero que havian espendido en ella, á cuyo fin representaron estas nuevas adquisiciones de una manera tan favorable a la Corte de Madrid, que el Rey de España acordó pagarles quinientos mil pesos (otros dicen ochocientos mil, y otros aun lo alargan hast un millon) para que cediecen esta Colonia á España; de cuya cantidad havia de recivir una parte el Rey de Francia, quedando el resto para Mr. Bougainville su Propietario, y la permision de vender en Buenos Ayres algunas mercaderias compradas con este dinero en Rio de Ganeyro, todo esto se representó con grande livertad por el Capitan de una Fragata Española á el Governador de Buenos Aires en presencia de Mr. Bougainville, quejandose del modo con que engañaban al Rey de España, y protestando, que la Persona encargada de recivir dhas Islas no podia, por el respeto y lealtad que debia á su soberano, y á las obligaciones buen Christiano aceptar dha entrega hasta dar aviso, y recivir nuevas ordenes de la Corte de España, siendo evidente que la havian engañado. No pareció conveniente a Mr. Bougainville contradecir la esposición de este oficial, quien ademas de ser el mismo testigo de vista podia corroborarla (si fuese necesario) con testimonios de cien Personas, que poco antes havian arribado en la exportacion de los franceses q.e estaban en aquella Isla.

Los Españoles transportaron a su Colonia dos Frayles Franciscanos con un Governador o Theniente Governador quienes luego que la vieron, se llenaron de melancolia, y el Governador, Coronel Catani á la buelta de los Navios para Buenos Ayres, declaro con lagrimas que tenian por dichosos los que havian salido de tan miserable Pais, y que el mismo se alegraria mucho poder dar á otro su comision, y bolberse a Buenos Ayres, aunque fuese en la clase de Grumete.”[7]

Como queda claro, el espacio de Malvinas se extiende, dado que la vida en el archipiélago era muy dificultosa sin la madera fueguina. Esto forma parte de un proceso mayor, que se ha denominado como atlantización del Pacífico (Barriera, 2020), es decir, el corrimiento de los intereses y conflictos imperiales reinantes en el Atlántico hacia el Mar del Sur. Falkner abordó en profundidad la transacción de Port Louis entre Francia y España con cierto grado de malicia.[8] El jesuita presenta el asunto como compra de la colonia, cuando en realidad, se realizó un reintegro de los gastos afrontados por Bougainville, en un otorgamiento del asentamiento a España, cuya soberanía sobre las Islas era reconocida en el marco del Pacto de Familia (Martínez y Wasserman, 2021: 704). Falkner además dice que el puerto estaba por ser abandonado de todos modos, debido a la característica principal que describe: nada puede crecer allí.

Nos queda preguntarnos si Falkner estaba al tanto de los acontecimientos posteriores al traspaso de las islas entre franceses y españoles, es decir, si sabía (y en qué grado) del fuerte altercado de 1770-1771. En el fragmento citado no pareciera dar cuenta de ello (ni de la mera existencia de Puerto Egmont), pero puede que con su descripción desfavorable de las mismas estuviese tratando de intervenir en dicho debate, argumentando que ese país yermo e infértil no valdría la pena una nueva guerra con España, guerras que el jesuita había visto de cerca, desde el interior de uno y otro bando.

Pero ¿de dónde había obtenido Falkner dicha información de primera mano? Como hemos dicho, 1767 fue el año de la expulsión de la Orden Jesuita (de la que él formaba parte) y del traspaso de Malvinas de manos francesas a españolas. El autor dice que mucho de lo que sabe de las islas se lo dijo un oficial francés que viajó con él a Europa después de la expulsión. Esto se debe a que, como ha señalado Ferrer Benimeli (1996) la Venus (nave que los llevó al viejo continente), al igual que muchos barcos en el Río de la Plata, fue ocupada para despachar tanto jesuitas expulsos como franceses y acadianos que no quisieran quedarse en la colonia austral bajo el nuevo gobierno español (Barriera, 2021). De esta situación a bordo tenemos el siguiente testimonio de Manuel Peramás S. J. de su Diario del destierro, de septiembre de 1767:

“El 22 se trataba con ardor traer a nuestro navío más pasajeros, principalmente 12 señoras francesas de las Islas Malvinas: más nuestros oficiales les hicieron una representación seria á Bucarelli, haciéndole saber que la opresión era tal que todos nos temíamos una peste. El efecto fué que sólo vino un oficial frances francmasón” (Peramás, 2019: 57-58).

Podemos imaginar que a bordo de la Venus reinaba un ambiente extraño y a la vez excitante. Jesuitas de muy diversas nacionalidades se encontraban además con personas de otras procedencias y “un francmasón”, asimilando la trama de una novela de Alejandro Dumas. Este misterioso oficial francés parece haber entablado conversación con el religioso inglés, contándole la situación de su propio destierro (recordemos que estos colonos franceses se vieron en una situación poco favorable en el traspaso).

El paratexto de Machón: los movimientos ingleses en Port Egmont

Nos interesa traer ahora a Gerard Genette (2001), quien definió al paratexto como todo aquel mensaje que de alguna manera dialoga con el texto o hace referencia a él. En este sentido, el peritexto es lo incluido en el volumen mismo del texto referido (prólogos, prefacios, advertencias, epílogos, etc.). En contraposición, “el epitexto es todo elemento paratextual que no se encuentra materialmente anexado al texto en el mismo volumen, sino que circula en cierto modo al aire libre, en un espacio físico y social virtualmente ilimitado” (Genette, 2001: 295). En este sentido, el epitexto tiene como emisor al propio autor (no será nuestro caso), al editor o a un tercero autorizado y se dirige en general al público interesado en dicho texto. El documento que presentamos aquí es, entonces, un peritexto añadido al texto de Falkner, de manera manuscrita.

Al final, el manuscrito Machón, además de proporcionar a la corte española la traducción de la obra de Falkner, informaba sobre los movimientos (que seguramente Madrid ya sabía) del HMS Endeavour a través de un peritexto. Una traducción usada como correspondencia de información urgente. Comenzando por el principio, el HMS Endeavour se había hecho famoso en Gran Bretaña por ser el barco en el que James Cook acababa de culminar su primera circunnavegación. Fue pasado al mando de James Gordon (Winfield, 2007: 891) en 1771 y, como podemos apreciar, en 1774 navega a Malvinas, donde termina de evacuar la presencia militar británica en Port Egmont, como parte de la controvertida promesa secreta entre ambas potencias. Todo parece indicar que esta carta fue escrita por los recién desembarcados del retorno del Endeavour.

A su vez, el HMS Penguin[9] es nombrado reiteradas veces, dado que su tripulación debe pasar al barco mayor. Originalmente era utilizado en Port Egmont como transporte para diversos trabajos (Gorussac, 1936: 138), sirviendo hasta el último momento, en que el paratexto nos cuenta que es desguazado. En este aspecto podemos apreciar lo remoto de las islas, la absoluta periferia. Nos referimos a que todo se reciclaba, nada se perdía y si debía ser dejado, se resguardaba para futuros usos, debido a la imposibilidad de reemplazar ciertas cosas, como es el caso de las anclas (ancoras), cuya pérdida resultaba un desastre.

Entre los barcos mencionados, a su vez, encontramos balleneros de “la isla de Roda” (Rhode Island), es decir, de las colonias británicas norteamericanas en un momento límite, dado que se estaban caldeando los sucesos que llevarían a la revolución de las Trece Colonias. Al respecto de la presencia de estos balleneros Haller (2023: 45) comenta que con la fundación de Puerto Egmont los balleneros norteamericanos expandieron sus operaciones en la región durante la década de 1770. Además, Dickinson agrega lo siguiente:

“The importance of the Falkland Islands as a potential centre for whaling and sealing was also pointed out by Lieut. Samuel Clayton after his appointment on 1 March 1773 to administer the islands from Port Egmont. Others remained unconvinced, arguing that the islands would only be used for various lawless activities.

The beginnings of commercial sealing on the Falklands coincided with the spread of American and British whaling to the region. Since many vessels combined both activities, sealing was influenced by the same political and economic conditions that affected whaling. Inshore whaling by settlers in coastal New England evolved into an offshore industry by around 1713 as they depleted more accessible stocks of the north Atlantic right whale, Eubalaena glacialis. Oil could now be produced at sea in try-works on board, and longer voyages were possible. As a result, American whalers entered the southern hemisphere from 1763.3 At least ten vessels arrived at the Falkland Islands in 1774 and obtained full cargoes of oil in six to eight weeks. Seals probably contributed substantially to this quick success.” (Dickinson, 2007: 25)

Como puede verse, por Dickinson (2007) sabemos que la situación no disminuye con la expulsión de los ingleses del asentamiento en 1774 (definitiva en este siglo) sino todo lo contrario: cada vez más balleneros de las colonias y excolonias norteamericanas arribaron a las islas y sus alrededores durante las siguientes décadas. Cabe mencionar, además, el rol de Samuel Clayton, de quien hablaremos más adelante.

Con respecto a la experiencia de los tripulantes del Penguin, una de las principales fuentes de dicho viaje (al menos de su retorno) es An Account of the Last Expedition to Port Egmont in Falkland's Islands, in the Year 1772 (impreso en Londres en 1775) de Bernard Penrose, cirujano del Penguin. Como puede verse en el extracto citado, el Penguin fue desguazado y su tripulación pasó al Endeavour, estando Penrose entre ellos. En el final de su libro apunta la fecha exacta de arribo “Nothing remarkable happened till we made the coast of England, which was on the 14th [de septiembre], and the 19th arrived at Spithead[10] (Penrose, 1775: 81). Spithead era (y es hasta hoy) una de las zonas más seguras que poseía la Royal Navy en el canal de la Mancha. Es una amplia parte del estrecho de Solent, que separa la isla de Wight de Bretaña. En ella quedaban anclados los numerosos navíos, cuyas tripulaciones bajaban en Portsmouth y Gosport (puertos que se encuentran sobre el Solent, como puede verse en el mapa 1).

Mapa del extremo sur del condado de Hampshire, donde se aprecian los puntos mencionados en el paratexto que traduce Machón
Mapa 1.
Mapa del extremo sur del condado de Hampshire, donde se aprecian los puntos mencionados en el paratexto que traduce Machón
Fuente: Elaboración propia.

Lo que resulta aún más interesante, es que esta misma información la encontramos en The Annual Register[11] para el año 1774 (1789: 146-147) casi palabra por palabra.[12] El remitente anónimo informaba dichos sucesos con detalle (en inglés, claramente). Decimos “casi” porque faltan partes. Lo que hace más probable que tanto los editores del Register y Machón accedieron a una carta de amplia circulación, que desconocemos, pudiendo incluso tratarse de un folleto. Como bien sabemos, en esta época la información circulaba con lentitud en grandes distancias, por lo que los hechos informados por Machón –ocurridos en las islas a mediados de 1774– seguramente ya se supiesen en Madrid. Todo lo expuesto demuestra una gran preocupación de la monarquía. Esto se enmarca en un temor a una reocupación de Port Egmont por parte de los británicos que duró hasta 1776 (Martínez y Wasserman, 2021: 711).

Conclusiones

Sin dudas, lo más notable es que autor y traductor no vieron jamás el archipiélago. Su información, tanto para producir el texto como para traducirlo, provenía de terceros: relaciones de viaje de hermanos de la Orden, testigos españoles, los relatos de Bougainville y Pernetty; y el misterioso oficial francés a bordo de la Venus.

Como puede apreciarse en el título de este trabajo, otra cosa muy común estaba sucediendo: la poca o nula ubicación espacial de ciertos funcionarios de la corona española con respecto a las posesiones de ésta en los confines de la monarquía (Barriera, 2020, 2021). Y más aún, el desconocimiento absoluto de muchos sobre las características de estas islas, tan disputadas.

Machón no puede hacer más que expresar cierta perplejidad. Sabía que ambas descripciones no podían ser ciertas: son incompatibles. Dice que leyó la versión de Bougainville sobre las islas y que las encuentra diferentes a las de Falkner. Martínez (2017) ha profundizado en las diferencias presentes en el relato del marino y empresario francés. Por un lado, el relato publicado ofrece cierta información más benigna si se quiere sobre el archipiélago, mientras que el manuscrito –de circulación interna de la monarquía francesa– mostraba las cosas un poco más crudas, más cercanas al relato de Falkner. La aridez o no de este “país”, la posibilidad o no del sostenimiento de una colonia en dichas islas permanece incierto para el traductor. Bougainville así las describe:

“Montañas que protegen de los vientos a inmensas bahías, en cuyo seno se vierten arroyos y cascadas, praderas cubiertas por densas pasturas, dispuestas a nutrir numerosos rebaños, lagos y estanques para abrevarlos. Ninguna disputa por la propiedad de la tierra, ningún animal al que temer por su ferocidad, du veneno o su asedio, una cantidad innumerable de anfibios de lo más útiles, aves y peces sumamente exquisitos, material combustible para suplir la escasez de madera, plantas que servían como específicos para las enfermedades de los navegantes. Un clima saludable y una temperatura estable por demás apropiada para formar hombres sanos y robustos, hacía que estas regiones fueran encantadoras (Bougainville, 2005: 101-102)[13]

La información sobre Malvinas presente en el libro de Falkner, traducido por Machón, es un juego de cajas chinas. Diversos niveles se alternan entre el texto original, la versión de Bougainville y la información que añade el traductor. Todo esto lo lleva a preguntarse por las islas, contrariado. Remitiendo la nota final con una clara perplejidad a la corte en Madrid. Machón queda por lo tanto como el último eslabón en este complejo intercambio de versiones, todas contradictorias con la distancia como factor fundamental, destinadas a disuadir y desinformar en el marco de una tensa y conflictiva puja por las islas entre Gran Bretaña y España (Barriera, 2021).

A continuación, traigo en primer lugar la transcripción del “Estracto de una carta escrita en Gosport” y la “Nota” de puño y letra de Manuel Machón (en Falkner, ca. 1774a). A esta le sigue el fragmento “They write from Gosport, 16th. that on the 30th of January”, aparecida en The annual register, or, a view of the history, politics, and literature for the year 1774, Vol. 17 (1789: 145-147). En ambos casos decidí transcribir de la manera más clara posible, conservando el modo de escritura en el primero, separando las palabras muchas veces unidas. En el segundo texto, mediado por la imprenta, el trabajo es más sencillo.

Transcripción

Documento 1

“Estracto de una carta escrita en Gosport[14] en 17 de sept.re de 1774.

En 30 de enero de 1774 salió de las Dunas[15] creyendose que iba a Boston en America, el navio de S. M. nombrado el Endeavour, su comandante el Theniente Jayme Gordon, pero al llegar al Lizard (Punta occidental de este reyno)[16] abrió el Comandante su pliego en que alló la orden de que sin perdida de tiempo navegase en derechura a las Islas de Falkland; pues no tenia entonces mas provisiones que para quatro meses. Asi lo executó y el dia 10 de Febrero llegó a la Isla de la Madera, a donde encontró otros Navios Ingleses, que iban a las Indias Orientales; allí tomó algunas barricas de vino, y el dia siguiente continuó su viage hasta el 22 de abril en que se verificó su arrivo al Puerto de Egmont donde le Then.te Guillermo Clayton comandante del navio Penguin, y de aquella Plaza, recivió las ordenes del Almirantazgo para poner a bordo del Endeavour las municiones que pudiesen servir, y para que su tripulación se embarcasen también para Inglaterra; en cuyo cumplimiento embio el theniente Gordon sus carpinteros a tierra para desazer el Navio Penguin, y embarcar en el Endeavour tanto lo que pudiese aprovecharse de dho Penguin, como las ancoras, cables, velas y demas municiones y pertrechos. Lo que se executó hasta cargar el Endeavour, poniendo el resto en diferentes almacenes y dejando varias láminas con la inscripción siguiente.

Sepan todas las Naciones, que las Islas de Falkland, con su fuerte, almacenes, desembarcos, Puertos, Bahías y ensenadas pertenecen solo a S. M. Jorge 3° Rey de la Gran Bretaña, Francia e Irlanda, defensor de la Fe Va. en testimonio de lo qual y en señal de pesesion tomada por Samuel Guillermo Clayton, oficial comandante de de las Islas de Falkland, se ha puesto esta lamina, dejando despelgadas las vanderas de S. M. Britanica en 22 de mayo de 1774 en cuyo día pasaron a bordo … Clayton con 25 marineros y oficiales, el theniente de marina Olive un sargento, un Caporal, o cabo de Esquadra, un tambor y 24 Personas particulares.

El día anterior entró en la Bahía un Navio grande que venía de la Isla de Roda[17] en la Nueva Inglaterra para la pescca de la ballena. acía quatro meses que estava ausente, y en gran miseria por la perdida de todas su ancoras, menos una pequeña, y el capitan quiso pasar e Invierno en el Puerto de Egmont donde havia tres navíos más de Boston, que fueron también a la pesca de la Ballena y tubieron la fortuna de cojer tres cada uno, aunque sufrieron algunos trabajo por falta de velas, Tracias (?) y otros materiales de que los proveyó Mr. Clayton de los Almacenes del Rey: Estuvieron quatro semanas en el Puerto de Egmont y cargaron de Aceyte, pellizas, lobos marinos, conque bolvieron á su tierra: Sin embargo, dejó el Endeavour en el Puerto el Navío de la isla de Roda, y estando el 23 toda la gente a bordo se hizo a la vela para Inglaterra.

Como el tiempo hera malo y tempestuoso, y el navío hacía mucha agua, tubieron mucho qeu sufrir, pero la mayor desgracia fue la pérdida de su Contramaestre Jayme Allem y de otros dos, a los ocho días después de haverse hecho a la vela. Este Contramaestre era diligente y exacto en el cumplimento de su obligación y avia servido el mismo empleo en la expedición al Norte en Compañia de otro. El Endeavour sin embargo salió de aquel Clima tempestuoso sin más pérdida: no viendo más tierra desde el 23 de mayo hasta el 29 de agosto que descubrieron a Fyall,[18] una de las Islas Azores, a donde se dirigieron para proveerse de agua porque no tenian mas que dos quartillos cada uno al dia, y esto por algún tiempo. El día siguiente entraron en Fyall donde tomaron agua, y alguas otras provisiones, y el 31 salieron para Inglaterra estando obligados a cortar su cable y dejar la ancora.

Tubieron buen pasage de Fyall a Spithead, adonde llegaron el viernes. El pequeño Penguin se embarcó deshecho el año pasado en el referido Endeavour con carpinteros para volverle a contruir en el Puerto de Egmont. Su buque era de 35 toneladas y tenía ocho cañoncillos: Dejaron gran cantidad de municiones en dicho Puerto, con pedazos de mastiles, y dos o tres botes grandes, aviendo puesto a su entrada sobre una altura las Banderas de Su Magd. Británica.

Nota

He visto la descripción que hace Mr. de Bougainville de las Islas de Falkland, y es enteramente opuesta a la de Falkner desde el folio 63 al 67 de esta traducción.[19] Mr. de Bougainville quiere probar q.e en dhas islas Islas hay lo necesario para la vida, con tal que sus moradores las cultiven, y hagan valer el producto de sus suelo, siendo de opinión que es mui importante su población y conservación. Mr. Falkner dice que con otros muchos Ingleses, lo contrario: y no sé quien tiene razón.”

Documento 2:

The annual register, or, a view of the history, politics, and literature for the year 1774 (Vol. 17). (1789). J. Dodsley. https://books.google.com.ar/books?id=TBzBEikAge4C&redir_esc=y. (Trabajo original publicado en 1775).

“They write from Gosport, 16th. that on the 30th of January,

1773, his majesty's store-ship, the Endeavour, Lieut. James Gordon, commander, sailed from the Downs, as was supposed, for Boston in America; but arriving off the Lizard, the orders were opened, and the commander found he was to proceed, without delay or loss of time, for Falkland's island, though they had but four months provision on board. Accordingly the Endeavour proceeded, and on Feb. 10, arrived at Madeira. Here she took in a few casks of wine, and the next day proceeded on her voyage. On the 22d of April she arrived at Port Egmont on Falkland's islands, where the lieutenant, William Clayton, commander of his majesty's shallop, Penguin, and commanding officer at that place, received orders from the lords of the admiralty, to put on board the Endeavour all such stores as were serviceable, and he and his crew were to embark for England in the Endeavour.

Agreeably to these orders, Lieutenant Clayton sent on board as much of the stores as were service. able, and large sheets of lead were fixed up with this inſcription engraved: "Be it known to all nations, that Falkland islands, with this fort, the storehouses , wharfs, harbours, bays and creeks thereunto belonging, are the sole right and property of his most sacred Majesty George the Third, of Great Britain, France, and Ireland, defender of the faith , &c. in witness whereof this plate is set up, and his Britannic Majesty's colours left flying, as a mark of possession, by Samuel William Clayton, commanding officer at Falkland island, May 22, anno Domini 1774. " On which day Mr. Clayton, and 25 seamen and officers, with Lieutenant Olive, of the marines, one serjeant, a corporal, drum, and 21 private men, went also on board the Endeavour.

The Endeavour, in her return home, met with very severe weather in which the master (Mr. Allen) and two men were washed overboard. They saw no land from the 23d of May till the 29th of August, when at fix o'clock they saw Fyall , one of the Azores, which they steered for, being very short of water, and reduced to an allowance of one quart per man per day for some time. The next day they got into Fyall road, where they procured water, and some fresh provisions, and the next day sailed for England, being obliged to cut her cable, and leave that and an anchor behind. She had a good passage from Fyall to Spithead, where they arrived on Friday last.”

Referencias bibliográficas

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Notas

1 Véase Captain Cook Society. (s.f.).
2 HMS refiere a His (o Her) Majesty 's Ship, que se traduce como Barco de Su Majestad (británica)
3 Falkner, T. (ca. 1774b). Descripción de Patagonia y de las partes adyacentes de la América Meridional... con algunas particularidades relativas a las islas de Falkland [Manuscrito]. (M. Machón, trad.). Sala Cervantes (MSS/1616), Biblioteca Nacional de España. Biblioteca Digital Hispánica. https://bnedigital.bne.es/bd/card?id=5182d2fc-6c72-4507-94a9-56f0996bc242.
4 Falkner, T. (ca. 1774a). Descripcion de Patagonia y de las partes adyacentes de la America Meridional: que contiene una razon del suela producciones. Animales, valles, montañas, rios, lagunas, &c. de aquellos paises: la religion, govierno, politica, costumbres, y lengua de sus moradores con algunas particularidades relativas a las islas de Falkland [Manuscrito]. (M. Machón, trad.). John Carter Brown Library. Internet Archive. https://archive.org/details/descripciondepat00falk/page/n7/mode/2up.
5 Decimos descubrimiento porque hasta la fecha no se ha podido probar la presencia de pueblos indígenas anteriores a la llegada de los europeos.
6 Quien había sido parte de la agitada partida de Anson en 1740.
7 En el manuscrito de la BNE (en Falkner, ca. 1774b, f. 80-86); En el manuscrito de la JCBL (en Falkner, ca. 1774a: 148-159). El segundo tiene usos de la uve corta como los usamos nosotros, mientras que el primero utiliza b larga.
8 La compleja trama de la edición de la obra de Falkner excede lo que me propongo aquí, para dicho tema dirigirse a Liziardi (2025).
9 Según Winfield (2007: 891) parece que fue botado en los Woolwich Dockyard, mismo astillero del HMS Dolphin.
10 “Nada importante pasó hasta que llegamos a la costa de Inglaterra, lo que sucedió el 14, arribando luego el 19 a Spithead” (la traducción es propia).
11 Esta crónica se publicaba con los sucesos ocurridos cada año, con numerosos colaboradores que escribían acerca de los hechos a lo largo y ancho del continente e incluso las colonias.
12 Documento que también reproduzco al final.
13 En una nota al pie, Andrés Freijomil -prologador, traductor y anotador de la edición de EUDEBA- explicita que todo este capítulo (IV. Detalles sobre la historia natural de las Islas Malvinas) fue removido en la segunda edición del Voyage de Bougainville.
14 Se trata de un pueblo muy cercano a Portsmouth. De Angelis (1835: 61), sin embargo, pone Gottorp (Dinamarca), desconocemos por qué.
15 Refiere a South Downs, es decir, a la costa de los famosos acantilados blancos de piedra caliza del sur de Inglaterra, cercanos a Portsmouth.
16 Esta aclaración entre paréntesis la agrega Machón para referir que se trata de la península Lizard, que es el extremo sur de Cornwall, a la vez que el punto más austral de la isla de Bretaña.
17 Rhode Island, una de las Trece Colonias norteamericanas.
18 Isla de Fayal, perteneciente al archipiélago de las Azores.
19 Véase el extracto citado en el apartado anterior de este trabajo

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