De buena fuente
Motín a bordo. La Legión Anglo-Italiana de Crimea y los proyectos de colonización militar en la Confederación Argentina (1856-1857)
Mutiny on board. The Anglo-Italian Crimean Legion and military colonization projects in the Argentine Confederation (1856-1857)
Motín a bordo. La Legión Anglo-Italiana de Crimea y los proyectos de colonización militar en la Confederación Argentina (1856-1857)
Prohistoria. Historia, políticas de la historia, núm. 43, 1-17, 2025
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
Recepción: 15 Octubre 2024
Aprobación: 02 Diciembre 2024
Publicación: 30 Junio 2025
Resumen: Entre fines de 1856 y comienzos de 1857 arribaron al Río de la Plata dos contingentes de efectivos que habían pertenecido a la Legión Anglo-Italiana, un cuerpo creado mediante un acuerdo de las autoridades de Inglaterra y el reino de Piamonte para combatir en la guerra de Crimea. El transporte de esos combatientes tenía como objetivo formar una colonia militar en la Confederación Argentina, pero los problemas logísticos, políticos y financieros hundieron el plan antes de la fundación del enclave. Los documentos que aquí publicamos constituyen un observatorio para analizar la geopolítica del Atlántico, las motivaciones de los milicianos, así como las dificultades logísticas para fomentar un tipo específico de “colonización armada”.
Palabras clave: Colonización Militar, Italia, Río de la Plata, Legión Anglo-Italiana, Guerra, Atlántico.
Abstract: Between the end of 1856 and the beginning of 1857 two contingents of troops that had belonged to the British Italian Legion, a corps created through an agreement between the authorities of England and the Kingdom of Piedmont to fight in the Crimean War, arrived in the Río de la Plata. The transport of these soldiers was intended to form a military colony in the Argentine Confederation, but logistical, political and financial problems scuttled the plan before the enclave was founded. The documents we publish here constitute an observatory to analyze the geopolitics of the Atlantic, the motivations of the militiamen, as well as the logistical difficulties in developing a specific type of “armed colonization”.
Keywords: Military Colonization, Italy, Río de la Plata, British Italian Legion, War, Atlantic.
Introducción
En los últimos diez años la historiografía internacional sobre las guerras ha realizado un esfuerzo significativo por situar los procesos de enrolamiento y desmovilización militar como parte integral de la historia del trabajo y de las migraciones transnacionales, aspectos que normalmente eran tratados como fenómenos separados o con escaso contacto (Zürcher, 2013; Wilson, 2020; Bosma, 2009). Tal como sostiene uno de los renovadores de este enfoque, Ulbe Bosma, el status de los “soldados coloniales blancos” en un contexto donde se fue imponiendo el modelo de inmigrante europeo voluntario y los sistemas laborales libres los volvió una especie de anomalía en la historiografía sobre el tema (Bosma, 2009: 318). No obstante, las cifras indican que fueron mucho más que casos aislados, y que su impacto en esas historias de la inmigración internacional fue por demás considerable: tomando como observatorio los casos de Gran Bretaña, Holanda, Francia, España, Portugal y Rusia entre 1815 y 1900, Bosma estimó en alrededor de 4.935.000 la cifra de personal militar nacido en Europa que fue trasportado a territorios coloniales o periféricos, como Siberia, en el caso ruso. Una parte de estos contingentes se terminó por afincar en sus nuevas destinaciones, luego de cumplir el período de servicio, pasando a integrar enclaves de pobladores o pioneros (Bosma, 2019: 322).
En esa dirección, varias investigaciones recientes han enfatizado los desafíos logísticos y políticos que supuso la pacificación militar para los gobiernos de la Europa post- napoleónica. Entre otras cuestiones, acabados los procesos de reclutamiento se debía reintroducir laboralmente –o relocalizar– a miles de combatientes desmovilizados, algo especialmente complejo cuando se trataba de grandes contingentes o batallones multi-nacionales, de variada procedencia territorial. Muchos de los combatientes desmovilizados optaron, a título personal, por migrar en busca de nuevos horizontes, como trabajadores “civiles” o bien firmaron contratos de enganche para encaminarse a otros frentes de lucha, como lo refleja, a partir de 1815, la intensa circulación de veteranos de la Grande Armée, marinos y corsarios británicos y franceses y legionarios prusianos e ingleses que buscaron oportunidades en el continente americano (Blaufarb, 2016; Brown, 2006). A medida que los movimientos revolucionarios y guerras civiles de mediados del siglo XIX se expandieron, junto a la figura del militar desmovilizado irrumpió un nuevo actor: el convicto o prisionero condenado por motivos políticos, cuya reclusión y control suponía un serio problema, algo que fue puesto de relieve en el contexto de las revoluciones de 1848. Como es sabido, la consolidación de los imperios europeos aparejó la construcción de numerosos presidios, la mayor parte de ellos fuera del territorio de las metrópolis, a los que fueron destinados miles de estos convictos a lo largo del siglo XIX, como lo evidenció el caso de los carlistas españoles (Padilla Angulo, 2016; Navarro, 1985). Además de cumplir un rol punitivo, estas modalidades de control formaban parte de políticas de ampliación/conservación de territorios y de acceso a recursos económicos. En efecto, al compás de este proceso de migración forzada en distintos espacios coloniales se fueron creando unos mercados de trabajo presidiario o convicto, caracterizados por la aplicación de formas de labor coercitivas que afectaban a individuos condenados por delitos políticos u ordinarios, cuyas tareas eran mayormente retribuidas en especie, aunque formaban parte de fuerzas de trabajo mercantilizadas –controladas por las administraciones estatales– y cuyo estatus podía variar con el paso del tiempo, pudiendo incluso devenir operarios contratados (Anderson, 2018). Tal como sostienen Christian G. De Vito y Alex Lichtenstein “el trabajo convicto ha sido parte de redes coercitivas fluidas en el contexto de imperios coloniales de la temprana modernidad y modernidad, así como en sistemas de trabajo recientes, incluso contemporáneos…” (De Vito y Lichtenstein, 2015: 5). No es conveniente, por lo tanto, abordar estos sistemas como compartimentos cerrados, sino como un continuum en cuyo interior se producían trasvases y retroalimentaciones entre formas libres y coercitivas:
“…en muchas colonias penitenciarias los convictos preparaban el terreno para el trabajo contratado y libre, los trabajadores contratados se convertían en convictos cuando eran sorprendidos después de intentar escapar o como castigo suplementario, los esclavos y los trabajadores libres condenados a muerte podían ser ‘liberados’ mediante el traslado, y los ex-convictos a veces firmaban contratos o migraban a nuevos destinos” (De Vito y Lichtenstein, 2015: 5).
Otra solución parcial a esta problemática fue encaminada por las propias autoridades europeas que en ocasiones trataron de llevar adelante proyectos de desplazamiento que buscaban “desprenderse” de contingentes desmovilizados o masas de prisioneros considerados como problemáticos. Algunos proyectos contemplaban el destierro de prisioneros políticos y su establecimiento como colonos a través de transacciones en las que solían participar dos Estados, el expulsor y el “contratista”, entendiendo que la operación arrojaría beneficios para ambos. En este tipo de transacciones diplomáticas desempeñaron un lugar crucial varios gobiernos americanos, que, mediante la firma de acuerdos se ofrecieron a reclutar a parte de los efectivos o milicianos desmovilizados para emplearlos como colonos agrícolas y avanzada defensiva de sus territorios fronterizos. Para los individuos incluidos en este tipo de convenios, este tránsito no solo implicaba pasar de un continente a otro sino también estar sujetos a un complejo proceso de reconfiguración profesional, caracterizado a menudo por engaños, desinformación y coacciones de toda índole.
Un temprano ejemplo de este tipo de traslados fue la migración coactiva de algunos activistas de la península itálica implicados en movimientos revolucionarios, encarcelados en la Civita Castellana, pactado con una empresa de colonización de Bahía, entre 1836 y 1837 (Lodolini, 1978, Candido, 1990). No siempre se trataba de proyectos coercitivos, en tanto se solía ofrecer como una alternativa al prisionero, que podía declinar su participación en la empresa y permanecer detenido en el territorio metropolitano. Otro ejemplo análogo fue el intento de reclutamiento de una Legión Franco-Montevideana integrada con guardias franceses desmovilizados que habían participado de los eventos de junio de 1848, para trasladarlos a la capital oriental en el contexto de la Guerra Grande, un plan que pese a las gestiones de Melchor Pacheco y Obes, fue cruzado por las autoridades inglesas (Etchechury, 2012). En 1851, en el contexto de la misma guerra, el enviado brasileño Rego Barros Arana reclutó combatientes “alemanes” desmovilizados luego de la guerra de Schleswig-Holstein para reforzar el ejército del Imperio del Brasil (Padoin y Passini, 2016). Como es sabido, estos brummer fueron empleados en el último tramo de la campaña organizada por los gobiernos de Montevideo, Entre Ríos y el Brasil contra el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas y luego pasaron a desempeñarse como colonos, aunque su accionar tampoco estuvo desprovisto de controversias.
En esta presentación abordaremos ese problemático tránsito en clave transnacional, a partir del proceso de desmovilización de la llamada British Italian Legion (Legión Anglo-Italiana), reclutada por el gobierno de Inglaterra a través de un acuerdo con el reino de Piamonte para combatir en la Guerra de Crimea. Las dificultades para reubicar a sus integrantes una vez acabada la contienda, dieron lugar a una serie de gestiones en la que participaron de forma activa los agentes de la Confederación Argentina acreditados en Europa y el gobierno inglés, con el cometido de trasladar al Río de la Plata a parte de ese cuerpo, en calidad de colonos armados. La tortuosa ejecución de este proyecto de “reconversión” de mano de obra militar, llevado a cabo entre fines de 1856 e inicios de 1857, permite explorar las controversias, expectativas y temores acerca de este tipo de inmigración en el espacio rioplatense, situándolo en el contexto de otros intentos regionales análogos y habilita una reflexión más amplia acerca de los vínculos entre el mundo del trabajo y las circulaciones militares globales. Asimismo, esta peregrinación atlántica de la Legión Anglo-Italiana posibilita analizar el cruce entre experiencias políticas europeas y americanas, teniendo en cuenta que muchos de los soldados-colonos eran simpatizantes mazzinianos y venían a insertarse en una región rioplatense cruzada por intensos conflictos facciosos y donde ya existía, desde la década de 1840, una fuerte tradición miliciana garibaldina estrechamente ligada al Risorgimento (Duffau y Etchechury, 2024).
En la década de 1850, hubo un resurgimiento de los proyectos de colonización militar en el Río de la Plata. Mediante este expediente se pretendía operar de forma simultánea en dos frentes: defender o consolidar la presencia estatal en territorios fronterizos con escasa o nula presencia militar y asentar enclaves con población europea, considerada por las élites liberales del período como elemento “civilizador” de los “desiertos”. Por su parte, el gobierno del Estado de Buenos Aires ya había encaminado una experiencia similar en 1856, a través del emplazamiento de la llamada Legión Agrícola-Militar en la colonia de la “Nueva Roma”, al sur de la provincia de Buenos Aires. Si bien la empresa se pudo llevar a cabo, se frustró a poco de iniciar, debido en este caso a fuertes disensiones internas, que terminaron con el asesinato del comandante del cuerpo, el coronel Silvino Olivieri, a manos de un grupo de sus propios legionarios (Puliafito, 2007).
Poca guerra y mucha política. Crimea y el sinuoso itinerario de la British Italian Legion (1855-1856)
Durante la Guerra de Crimea (1854-1856) el gobierno inglés llevó a cabo gestiones para reclutar efectivos extranjeros en países aliados con el objeto de formar una “Legión Extranjera” de carácter provisorio, por el tiempo que durara el conflicto. Con este fin, luego de la aprobación de un acta de alistamiento, en el correr de 1855 se organizaron tres cuerpos: la British Italian, la British German y la British Swiss Legion, que en su conjunto llegaron a contar entre 14.000 y 16.000 efectivos (Bayley, 1977). La Legión Anglo-Italiana fue organizada y reclutada en el reino de Piamonte, a partir de gestiones encaminadas por Sir James Hudson, ministro acreditado en Turín y el coronel Henry Percy quienes, a su vez, contaron con la colaboración de algunos militares y revolucionarios italianos, como el nizardo Ignazio Ribotti di Molières y el sardo Ferdinando Augusto Pinelli (Bayley, 1977: 27-28; Cossuto, 2021: 178-188). Los organizadores del cuerpo comenzaron sus tareas en julio de 1855 y contemplaron desde el inicio varias posibilidades de reclutamiento, apuntando a enganchar tanto campesinos y obreros desocupados como lombardos exiliados luego de los movimientos revolucionarios de 1848-1849 e incluso insurrectos del levantamiento de Milán de 1853. El proceso fue lento, tanto por problemas logísticos como políticos, teniendo en cuenta la situación de la península y la heterogeneidad de los enrolados: de acuerdo a los informes ingleses, para enero de 1856 se habían reclutado cerca de 2.000 efectivos, alcanzando a totalizar en los meses siguientes unos 3.000-3.500 combatientes (Bayley, 1977:99).
No obstante, el fin de las acciones de guerra en Crimea, luego del acuerdo de paz de París firmado el 30 de marzo de 1856, impidió que el cuerpo fuese siquiera trasladado al frente. Mientras tanto, la mayor parte de los legionarios había sido instalado en barracones en la localidad de Novara y tanto las autoridades locales como el gobierno austriaco comenzaron a temer posibles conspiraciones y movimientos revolucionarios, teniendo en cuenta los antecedentes de muchos de los elementos enganchados, sobre lo que volveremos más abajo. Para desactivar estos planes, el gobierno inglés comenzó a gestionar el traslado de la legión fuera del territorio de Piamonte, hasta acordar los términos definitivos para su disolución. Entre otros proyectos se contempló la posibilidad de transportar a los contingentes a Cirenaica, Trípoli, Argel o Egipto, pero al final se impuso como destino más viable la isla de Malta, por entonces bajo control inglés, hacia donde zarpó la expedición, en abril de 1856. Según informaron los agentes diplomáticos ingleses, el gobierno piamontés solo permitiría retornar a su territorio a los enrolados que probaran su pertenencia al reino sardo. La reubicación de los demás enrolados, originarios de otros estados peninsulares, representaban un problema mucho más serio. Meses después, al cabo de las negociaciones, alrededor de 1.700 hombres pudieron reingresar a la península itálica por el puerto de Génova. En agosto de 1856 otros 700 combatientes y 183 oficiales se embarcaron a Inglaterra, donde fueron estacionados en Liverpool y York, a la espera de su desmovilización, que implicaba el ajuste de ciertas recompensas y promesas de pago –bastante imprecisas– realizadas por el propio gobierno isleño como parte del enganche (Bayley, 1977: 106).[1] Fue en ese punto que los problemas de las autoridades inglesas se cruzaron con los proyectos colonizadores de dos agentes diplomáticos de la Confederación Argentina enviados a Europa: Juan Bautista Alberdi y José de Buschenthal. Este último, en octubre de 1856, ya había iniciado conversaciones con las autoridades del Reino de las Dos Sicilias para transportar al Río de la Plata a unos 6.000 convictos políticos que se hallaban en los presidios napolitanos, en base a un proyecto ideado por Pedro de Angelis, que finalmente quedó sin efecto (Brezzo, 1988: 23-25).
Las negociaciones de contratación y la trayectoria de los expedicionarios desde Inglaterra hasta el Río de la Plata han sido abordadas en detalle por la historiografía, destacándose en particular los aportes de Juan Severino López (1970), Marisol Saavedra (1985) e Ilari (2019), que le dedicaron sendos artículos al tema, en los que citan pasajes de documentos que transcribimos aquí. En julio de 1856, encontrándose en París, Buschenthal recibió una comunicación del coronel de la Legión Anglo-Italiana, Jorge F. Dickson, que en nombre de las autoridades inglesas ofrecía el envío del contingente a la Confederación Argentina, donde servirían por 2 o 3 años. Aparentemente fue Alberdi quien convenció a sus integrantes para que no viajaran al Cabo de Buena Esperanza ni se sumaran a la Legión comandada por Silvino Olivieri, en el sur de Buenos Aires, que constituía el primer objetivo de muchos de ellos. Cuando la propuesta cobró vigor, Buschenthal abandonó su proyecto inicial de reclutamiento de prisioneros políticos en Nápoles y en agosto de 1856 firmó un acuerdo con el gobierno londinense, por el cual se le darían a los legionarios tierras, semillas, ganado y herramientas, bajo ciertas condiciones de servicio específicas. Inicialmente se pensaba en la emigración de dos grupos de 1.200 hombres cada uno, junto a sus oficiales, bajo la conducción de los ingleses Crawford y Sheppard (Saavedra, 1985: 14-16).
A fines de diciembre de 1856, el primer grupo de unos 112 hombres, a bordo del Balaklava, recaló en Buenos Aires, en estado de insurrección, debiendo desembarcarse algunos elementos considerados como peligrosos antes de proseguir viaje a Entre Ríos, pese a que la mayor parte ya no quería continuar. El segundo contingente, integrado por alrededor de 125 legionarios, llegó al Rio de la Plata en los primeros días de enero, embarcado en el Acadia, y debió atracar en Montevideo en estado de emergencia. Al igual que el grupo anterior, se encontraban en estado de completa insubordinación y habían amenazado a la tripulación, protagonizando tumultos a lo largo de todo el viaje por el Atlántico. La mayor parte de estos últimos desembarcó en la capital uruguaya y se trasladó luego a Buenos Aires, instigado al parecer por agentes que respondían a este gobierno (Saavedra, 1985: 22-27). Finalmente, después de protagonizar nuevos tumultos en Paraná, en febrero de 1857 un grupo de cerca de 70 legionarios se dirigió a Goya, desde donde continuaron hasta San Gerónimo, en busca del emplazamiento planificado para instalarse. Sin embargo, las continuas disidencias internas, las carencias materiales, la dificultad del sitio elegido y la posibilidad de que se generaran nuevos desórdenes, llevaron a Justo José de Urquiza a la decisión de dejar el proyecto de colonización sin efecto. Después de cobrar algunos haberes, la mayor parte de los integrantes sobrevivientes de la expedición se dispersaron por varias provincias, en calidad de simples inmigrantes (Saavedra, 1985: 31-36).
Sin duda, se pueden hallar numerosos factores logísticos, errores de planificación y falencias institucionales que le dieron a la empresa colonizadora, desde el inicio, un aire de improvisación que la precipitó al fracaso. No fue, por cierto, el único caso de colonización fallida protagonizado por estos contingentes reclutados para la guerra de Crimea. John Laband ha estudiado el caso de los integrantes de la British German Legion que, una vez acabada la guerra, fueron destinados a Kaffraria y terminaron sirviendo años después durante la rebelión de los cipayos, mientras el resto se desbandó hacia 1861 (Laband, 2009: 85-122). Sin embargo, lo que más parece haber gravitado en ese desenlace fueron las coordenadas políticas que atravesaron la breve y tormentosa carrera de la Legión Anglo-Italiana desde su formación misma. En su itinerario podemos leer entrelineas un resumen de la geopolítica del período: las tensiones que atravesaron los grupos revolucionarios italianos de mediados de la década de 1850, la intervención de la diplomacia inglesa en la cuestión italiana, así como el lugar estratégico que seguían teniendo Montevideo y Buenos Aires en las redes transnacionales del Risorgimento: los circuitos de la inmigración atlántica. El desenlace rioplatense integró en realidad un episodio más de una larga cadena de eventos políticos que habían iniciado en el Piamonte desde el momento mismo del inicio del proceso de reclutamiento. Muchos de los integrantes de este cuerpo –y en particular podemos constatarlo en sus oficialidades– eran en realidad “patriotas revolucionarios que generaron muchos problemas a los gobiernos inglés e italiano”, como sostiene Cosutto (2020: 187). Ya en febrero de 1856 circulaban versiones entre los diplomáticos ingleses sobre la participación de algunos legionarios en posibles acciones contra Austria. El gobierno piamontés tampoco fue a la saga y existe evidencia de que el propio Camilo Benso de Cavour manejó la posibilidad de emplear a la Legión para invadir Sicilia e incorporarla al reino de Sardegna, una propuesta que fue rechazada de plano por Londres, pero que evidencia el variado rol que jugaban los legionarios, mucho más allá de su objetivo inicial (Bayley, 1977:113).
La estancia de los legionarios en Malta distó de pasar desapercibida: a poco de desembarcar varios milicianos protagonizaron tumultos en La Valetta, por lo cual fueron sometidos a estrecha vigilancia por parte de las autoridades locales, casi desbordadas por la presencia amenazadora de los italianos. Cuando los contingentes destinados a Inglaterra retornaban desde la isla a bordo del Tudor, la tripulación descubrió que varios embarcados conspiraban para desviar el transporte, conducirlo a Calabria y tentar desde allí una insurrección contra el rey Fernando II en Nápoles, aunque según las mismas fuentes, Carlo Pisacane convenció a los amotinados de lo inviable del plan (Bayley, 1977: 129). Como se puede ver en la documentación transcripta esta idea volvió a resurgir tiempo después, mientras los legionarios eran transportados al Río de la Plata. Existe otro hecho más notable aun sobre esta especie de “estado de asamblea” en que se encontraba la legión: entre los integrantes de la expedición que partió de Inglaterra con destino a Paraná se encontraba Callimaco Zambianchi (1811-1862), un agente político y revolucionario sumamente controvertido, que ya había participado junto a las milicias garibaldinas en la campaña de 1848/1849. De acuerdo a su testimonio, mientras se encontraba en Londres había sido elegido como intérprete del grupo que zarpó de Inglaterra. En una carta posterior, escrita en Buenos Aires hacia 1858, Zambianchi aseguraba haber sido el verdadero instigador del motín a bordo del Acadia, forzando a los tripulantes del buque para que bajaran a los combatientes-colonos en Montevideo y salvaguardar así a sus camaradas de una operación que definía como “trata de blancos”, posiblemente para señalar su caracter de empresa coactiva o realizada bajo engaño.[2]
Por fuera de estas expediciones de veteranos de la Legión Anglo-Italiana, es posible que también hayan arribado al Río de la Plata combatientes desmovilizados que pertenecían a los otros cuerpos mercenarios reclutados por Inglaterra en la coyuntura de Crimea. Sabemos, por ejemplo, que en enero de 1857, desde la ciudad de Dresde, J. D. (¿Hurz?) le escribió a Justo José de Urquiza para recomendarle al capitán Pückler, un metalúrgico de experiencia que en 1850 había servido en los ejércitos de Prusia y durante la Guerra de Crimea revistó en la Legión Anglo-Alemana. Después de rechazar el ofrecimiento del gobierno inglés para trasladarse como colono al Cabo de Buena Esperanza, Pückler manifestó su intención de viajar con su familia a Entre Ríos, acompañado de los tenientes Molken –que también integró la British German Legion– y Rasch, a los que se catalogaba en la citada carta como “bien versados en el arte de diseños, en la horticultura y ciencia florestera”.[3] Sería interesante analizar el grado de impacto que tuvieron algunos de estos militares que buscaban “reciclar” sus saberes bélicos en los proyectos de modernización de la época, en particular en el ámbito de la topografía, los transportes y ciertas técnicas industriales, más allá del grado de concretización de esos proyectos, que a menudo no pasaban del papel.
Los documentos transcriptos a continuación pertenecen al Fondo General Justo José de Urquiza, del Archivo General de la Nación Argentina.
Apéndice documental
Consulado Gral. Argentino Montevideo, Enero 31 de 1857
A S. E. el Señor Ministro de Relaciones Exteriores de la Confed.on Argentina
El día 27 del corriente, tocó en este puerto la barca inglesa “Acadia” conduciendo ciento cincuenta pasageros pertenecientes al contrato celebrado por Don José Buschenthal, con el Gefe de la Legion Anglo-Italiana pª colonizacion de la Confederación Argentª inclusas, en ese número 23 mugeres libres tomadas en las calles de Londres.
El Capitan del buque ha declarado en el Consulado Británico y el Señor Thorton ha tenido la bondad de comunicarme qe estos individuos desde qe salieron de Londres han venido en un estado de completa rebelion. El Oficial Ingles qe los mandaba (Capitan Green no era obedecido de nadie, y tuvo muy luego qe abandonar toda su autoridad en manos del Capitan del buque.
Este se vio obligado á arribar á un puerto de Inglaterra y pedir auxilio al Almirante pª qe sus pasageros fueran desarmados, lo cual se verificó pero no completamente pues ellos ocultaron varias armas de que hicieron uso despues//
Luego qe perdieron de vista las costas de Inglaterra quicieron forzar el Capitan á hacer rumbo hacia los puertos de Cicilia pª runirse á los sublevados de ese Reino; y hubieran conseguido si muchos de ellos no se hubieran empeñado con ir al Canadá ó á los Estados Unidos.
La razón qe alegaban pª justificar la desobediencia á su Gefe consistia en qe ellos no habian autorizado á sus oficiales pª qe dispusieran de su suerte: qe desconocian el compromiso tomado con el agente de la Confed.⁰ⁿ Argentina qe eran pasageros libres y podian dirigirse donde lo creyeran mas conveniente.
En estas disposiciones llegaron al Puerto é intimaron al Capitan qe no seguirian adelante, amenazandolo de muerte sino los ponia en tierra. La rebelion se hizo todavia mas ardiente por la circunstancia de haber llegado abordo algunos italianos de tierra quienes les sugirieron qe podian obtener mayores ventajas enrolándose en la Colonia Agricola de Bahia Blanca. El Capitan en la imposibilidad de hacerse obedecer, puso bandera de socorro y habiendo acudido lanchas de varias estaciones de guerra//pudo con su auxilio bajar á tierra y manifestar á su Ministro la situacion en qe se hallaba.
El señor Thornton no tenia á su disposicion fuerza alguna para sugetar á los sublevados y escoltarlos hasta el Paraná y aun teniéndola dudaba qe estuviera autorizado á emplearla sobre hombres libres, qe se hallaban[4] bajo la ley marcial de la Gran Bretaña, ni en su servicio.
Aunque yo no tenia la menor noticia oficial de este negocio, manifesté sin embargo al Ministro Británico los datos particulares qe habia obtenido, segun los cuales podia conocer la naturaleza de las obligaciones contraidas en el contrato celebrado por el Señor Buschenthal entre tanto los colonos se habian apoderado de una lancha bajaron á tierra y la mayor parte de ellos se ha ido á Buenos Ayres, dispersandose el resto.
Tal es el resultado qe ha tenido esta desgraciada expedicion.
Al comunicar a V.E. la estricta verdad de estos sucesos, no puedo dejar de manifestar, qe en mi opinion particular lo unico qe debe sentirse es el pretesto qe ellos puedan dar á la mala prensa de Buenos Ayres para // dirigir ataques al Gobno Nacional pues por lo demás esos colonos ni tienen instruccion ni disciplina para ser buenos soldados, ni virtudes ni industria para hacerlos provechosos á la Colonizacion de nuestros desiertos. Su presencia en la Confederacion solo serviría pª gastos estériles, y conflictos varios.
Dios gu.e a V. E.
Francisco Pico.[5]
Señor Don José Dale
Consul de S. M. B Paraná
Barca Balaclava
Sábado 31 de Enero de 1857
Ala 1 dela tarde
Señor:
Me permito avisar a V. que si no se manda una guardia abordo inmediatamente, para mantener el orden abordo entre la jente me veré obligado a dejar el buque bajo la responsabilidad de V.
Segun carta que me dirige el Mayor Sr Leger, 43 delos hombres están en tierra, si, a pesar de mis esfuerzos, insisten en llevar sus ropas consigo. Tambien debo anunciar aV que toda la carga estará entregada alas 4.
Soi, su mui obediente serv.
firmado: Gmo Rogers
Capitan
Certifico: que la anterior es fiel traduccion dela nota original en Ingles que he tenido a la vista
Paraná 1º defebrero de 1857
José Antonio Albarez de Condarco[6]
Intendencia General de la Policía, Paraná Febrero 1º de 1857
A. S. E. el Señor Ministro de Relaciones Exteriores encargado del Ministerio del Interior
Dr. D. Bernabé López
A las seis de la tarde del día de ayer recibí una carta del Señor Vice-Consul de S. M. B. cuya traducción debidamente autorizada, tengo el honor de adjuntar. Impuesto de ella, me dispuse inmediatamente á cambiar la custodia que estaba destinada para los dos transportes, que debian conducir á Goya los Colonos reunidos en la Barca “Balaclava” pero sabiendo que éstos traspasando la orden recabada del Gobierno por el Comandante Grenfell de solo bajar á tierra cuarenta cada día, se habían lanzado en tumulto á las lanchas forzando las órdenes del Capitan y lo que es mas, hechando en//ellas sus equipages protestando que no volverían mas á bordo, instruí de ello al Comandante Grenfell que en esos momentos entraba á mi despacho para otros arreglos y de acuerdo con él, se resolvió: hacerlos comparecer á mi presencia para saber de ellos el motivo de su proceder tumultuoso. En esos momentos se me avisó que siete Colonos habían llegado á la pulperia de D. Emiliano Ballesteros y depositado en ella sus equipages, con cuyo motivo despues, se les ordenase compareciesen á mi presencia y sino obedecian se recogiesen aquellos; pues era ya de presumir teniéndolos en su poder se desbandarian completamente.
Esta comision fué dada al Oficial de Policía D. Andres Piedrabuena, quien pasó á la pulperia indicada y no encontrando allí ningun Colono pidió un carro y cargó los equipages; ya este marchaba cuando al pasar por la pulperia de Hércules Sucheti se encontró con seis de sus Colonos, pero antes de intimarles el comparendo se impuso de aquel ser éllos los dueños y entonces les ordenó se presentaran á la Policia. Dos de ellos, Nicolás Juane y Francisco Tentore, contestaron con mucho gusto // y salieron; pero los cuatro restantes guardaron silencio, mas habiendoseles hecho repetir la órden por conducto de Sucheti obedicieron y marcharon los seis. Habian andando una corta distancia , y preguntado José Reynaldi por que venian presos el Oficial Piedrabuena le contestó que no venian arrestados sino que su Gefe (el Comandante Grenfell) estaba en la Policia y era preciso manifestasen ante el, el motivo por que habian traido a tierra sus equipages. A esta esplicacion contestó Reynaldi yo no voy y sacando una pistola le apuntó al pecho del Oficial Piedrabuena, lo que visto por el Soldado de Policia que lo acompañaba le dió un cintarazo pero el Oficial intimó al Soldado no lo repitiese y dirigiendose á Reynaldi le previno debia respetar la intimacion hecha y seguir; pero éste aunque lo hacia iba profiriendo palabras en Italiano que comprendia el Oficial eran insolencias y amenazas. Al pasar por la Fonda del Teatro , Reynaldi y tres mas se entraron á ella haciendolo tambien el Oficial para hacerlos salir, pero como alli se encontrase un grupo de los Colonos aquel entro dando voces en Italiano y sin duda contestándoles al desorden; pues asercandose de golpe, al Soldado // Laureano Villalba le dio una bofetada en la cara. Visto esto por el Oficial Piedrabuena quiso tomar de un brazo a Reynaldi pero se le escapó y sen entró dentro por cuya razon y para evitar un desorden se retiró a tomar órdenes pues veía que empezaban los Colonos á Tumultuarse. Con efecto, llegó a la Policia con el carro y acompañado de Juane y Tentore; mas estando dando cuenta de lo que pasaba se oyeron ya voces en la Plaza que decian á la Policia! a la Policia! con cuyo motivo ordené al Gefe de ella averiguase que voces eran las que se oían. Apenas salió éste ya se oyó el estampido de una seba fulminante, en seguida un tiro y varios cascotasos con cuyo motivo el Gefe de la Policia gritó pidiendo armas cuya órden repetí yo a los pocos hombres de tropa que había en esos momentos y á los Oficiales escribientes que se hallaban en el despacho. Al salir este pequeño aucilio ya se vió que uno de nuestros soldados estaba espirando tendido en el suelo de una puñalada, otro que habia recibido una herida de la misma arma en el brazo y otros dos heridos con cascote; a pesar de esto fueron perseguidos y tomados Luis Deodato con un par de pistolas una ya descargada á Leon Bonedrato // que al ser alcanzado y volteado le saltó de la mano un gran cuchillo nuevo ensangrentado con el que habia dado muerte al Soldado de Policia Anacleto Leiva. Debo advertir a V. E. que este soldado á las catorce varas de la puerta de éste Departamento recibió la puñalada sin haber sacado aun su sable; pues no se habia creído que aquel tumulto fuese un ataque á la Policia, por cuya razon el Gefe mismo no llevaba mas arma que un bastón.
En fin fueron tomados catorce individuos de los que por sus mismas declaraciones resultaron ser diez de éllos de los del ataque, los demas pudieron fugar por la obscuridad de la noche y aunque se sabe regresaron á la fonda son desconocidos hasta ahora.
El total de los agresores es como de veinte á treinta hombres segun los informes que se han recogido de las personas que los vieron cuando en tropel se dirigieron a la Plaza.
Como he dicho antes no todos pudieron capturarse en el acto de atacarlos; pero despues fueron tomados dos mas uno de ellos José Reynaldi en una Fonda de la Calle Monte Caseros, al que se le encontró en el bolsillo la pistola descargada y en cuyo piston aun // se conservaba la capsula rota. Segun el Oficial Piedrabuena ésta arma por su tamaño es la misma con que le quiso tirar en el Hotel. En la misma casa fue preso Carlos Chiesa al que se le encontró un gran pedaso de ladrillo debajo de la almoada de la cama que le habian preparado probablemente de los mismos que tomaron para acometernos de la obra que se está construyendo en la Plaza.
Tambien fue tomado en la misma Plaza y entre los agresores un Italiano llamado José Bergante el cual hace fha recide en esta Ciudad y el que hallándose en el Hotel del Teatro cuando empezó a proyectarse el ataque á la Policia se comidió a enseñarles este Departamento pues los Colonos no lo sabian.
En los primeros momentos de haber desecho el tumulto pedí la fuerza que estaba destinada para custodiar los transportes y dispuse saliese una fuerte patrulla al mando de un Oficial y otras de ciudadanos de la Guardia Nacional afin de evitar los desordenes que pudiera traer la irritacion pública que empezaba á manifestarse al ir cundiendo en la Ciudad la noticia de lo ocurrido.
El //Comandante de una de esas patrullas supo que uno de esos Colonos que habia sido perseguido desde la Plaza se habia refugiado en un fondin de la Calle Gral. Ramirez número Treinta y dos el cual fue conocido por ir de chaqueta punzó. Se dirigió al punto que queda designado llegando en circunstancias que otra patrulla lo habia descubierto y lo sacaba á la calle. Reunidas las dos marchaban con él; pero á poco de haber andado hechó á correr y en su fuga recibió una herida de varios tiros que se le dispararon, de cuya herida murió en el acto. El dueño del mencionado fondin dice que como á las diez ó poco antes se entró éste individuo pidiéndole bino pero que pareciendole ya algo eccedido le brindó café, lo que aceptó pidiendole parada, y que cuando volvió para servirle aquel ya lo encontró que se habia quitado la chaqueta punzó, los pantalones y los sapatos. Esta prisa para desnudarse prueba que efectivamente perteneció á los agresores y que previendo ser descubierto por lo notable del color se trató de despojar de ella: por que es de notar que solo dos se han visto desembarcar de chaqueta punzó y los dos salieron del Hotel del Teatro para la Policia. En el mismo Hotel // se han recogido éstos datos.
Este mismo individuo es indudablemente uno de chaqueta colorada que al desbandarse de la Plaza fué perseguido por el Soldado Juan Villalta y que doblando por la Calle de Representantes ya no pudo alcanzarlo: si és que estaba ebrio no seria en estremo que le pribase correr pues en su fuga dicen no manifestaba estar en aquel estado. Este individuo aseguran algunos de sus compañeros apellidarse Margueti.
Ha dado la inaudita tropelia de los Colonos Italianos el siguiente resultado: el Soldado de Policia Anacleto Leiva muerto de una puñalada sobre la mamila izquierda, el de igual clase Laureano Villalba con una puñalada en el brazo derecho, Ramon Conde un ladrillaso en la cabeza del cual resultó herido en el costado izquierdo que lo derribó. De los Colonos N.Margueti muerto de un balaso, Leon Bonedrato matador de Leiva, Julio Deyaco y José Bergante heridos de sable. Unos y otros fueron atendidos oportunamente por el Medico de Ciudad.
El // número total de Colonos bajados á tierra es de ochenta y seis de los cuales cuarenta y seis lo hicieron apesar de la resistencia del Capitan del “Balaclava” que solo queria permitirselo á cuarenta como se habia ordenado.
D. Santiago Herba propietario del Hotel ha manifestado haberle sido muy dificil contener aquellos Colonos pues lo pusieron en el caso de tomar un par de pistolas y asegurarles que si querian salir seria sobre su cadaver.
El desagradable lance de que acabo de instruir a V. E. me ha dado ocasion de recoger una prueba mas de la decision general por la conserbacion del órden público; pues en el acto tuve el honor de verme rodeado de toda clase de personas á ofrecerme sus servicios, unos armados y otros á pedir armas por no perder tiempo preciso para ir á buscar las suyas.
El Señor Inspector Gral. de armas Coronel D. Cesareo Dominguez el Señor Comandante de la Guardia Nacional D. José Mª Francia el Comandante D. Nicolas Garmendia el Comandante del primer Batallon de la misma D. Eugenio Nuñez y el Medico de Ciudad Dr. D. Angel Mª Donado se presentaron instantáneamente el primero á// ponerse de acuerdo, los segundos á ofrecer sus servicios los que inmediatamente fueron utilizados. Media hora despues del suceso el Señor Coronel Francia tenia reunidos, sin necesidad de llamamiento alguno, toda la Guardia Nacional de Infanteria y caballeria y se hallaba en aptitud de disponer de ella, pues no hubo un Gefe, un Oficial ni un Soldado de ésta que no se presentase inmediatamente á la Policia ó á su Cuartel respectibo como prueba de la desicion pública por la conserbacion del órden y el sosten de las autoridades. Los S.S. Generales D. Tomas Guido y D. Pascual Echagüe lo S.S. Coroneles D. Segundo Roca y D. José Mª Pita y otros S.S. que como éstos se hallan de tránsito en ésta Ciudad me hicieron el honor de ponerse á mis órdenes, lo mis que lo hicieron el Señor Senador D. Antonio Crespo el Dr. D. Nicanor Molina y otros Señores cuyos nombres serie estenso expresar.
S. E. el Señor Ministro de la Guerra General D. José Miguel Galan me honró con su presencia sirbiendose aprovar las medidas tomadas y disponiendo la que estimó conveniente.
Con tan importantes elementos en el presente caso y aun en otros de mayor importancia bien// fácil él sofocar un desorden, sea cual sea su gravedad, al paso que presenta una prueba incontestable del respeto y estimación que ha sabido conquistarse el Gobierno Nacional.
Se han tomado las medidas conbenientes para reunir todos los Colonos que faltan hasta el número de ciento doce que componen la expedicion.
El Mayor Grenfell, que ha venido al cargo de las Colonias y el Médico de la misma, se me presentaron tambien en la noche anterior ofreciendome sus servicios de los cuales acepté los del primero dandolé la comision de conducir á bordo de los trasportes á veinte y cuatro Colonos que con conocimiento mio y bajo la responsabilidad del dueño del Hotel del Teatro habian pasado la noche en él, los mismos que con otros doce que se pudieron recoger llebó á las seis de ésta mañana, á todos los que se les previno debian esperar abordo la resolucion del Gobierno Nacional.
Las medidas de precausion tomadas eran indispensables y al cesar el motivo que las reclamaba demostraré debidamente mi agradecimiento á la activa cooperacion que se me ha prestado.
Dios guarde á V. E.
Juan Moreno
Es copia.[7]
Referencias bibliográficas
Bayley, C.C. (1977). Mercenaries for Crimea. The German, Swiss, and Italian Legions in British Service, 1854-1856. McGill-Queen's University Press.
Blaufarb, R. (2016). “Arms for Revolutions: Military Demobilization after the Napoleonic Wars and Latin American Independence”, En: A. Forrest, K. Hagemann, M. Rowe (Eds). War, Demobilization and Memory The Legacy of War in the Era of Atlantic Revolutions. (pp. 100-116). UK. Palgrave Mcmillan.
Bosma, U. (2009). European colonial soldiers in the nineteenth century: their role in white global migration and patterns of colonial settlement. Journal of Global History, (4/2) 317-336.
Brezzo, L. (1988). Las gestiones de José de Buschenthal ante el Reino de Nápoles: intento de una empresa migratoria. Res Gesta, (24), 23-25.
Brown, M. (2006). Adventuring through Spanish Colonies: Simon Bolivar, Foreign Mercenaries, and the Birth of New Nations. University of Liverpool.
Candido, S. (1990). L'emigrazione coatta in Brasile di carcerati politici presunti affiliati alla «Giovine Italia». Rassegna Storica del Risorgimento (LXXVII), 475-512.
Cossuto, G. (2021). Italians in the Crimean War. En C Baden, (Ed.) The Routledge Handbook of the Crimean War, (pp. 178-188). Routledge.
De Vito, C. y Lichtenstein, A. (2015). “Writing A Global History Of Convict Labour”. En C. De Vito, y A. Lichtenstein, (Eds), Global Convict Labour, Brill.
Duffau, N., Etchechury Barrera, M. (2024). La ‘conspiración de los lombardos’. La inmigración italiana y las redes políticas transnacionales en el Río de la Plata (Montevideo, 1857), Ayer, (136), 181-205.
Etchechury Barrera, M. (2012). La “causa de Montevideo”. Inmigración, legionarismo y voluntariado militar en el Río de la Plata, 1848-1852. Nuevo Mundo Mundos Nuevos. Disponible en: https://journals.openedition.org/nuevomundo/64670
Ilari, V. (2019). La British-Italian Legion che doveva andare in Crimea e finì in Argentina. Italy on the Rimland. Storia militare di una penisola euroasiatica. Tomo I. Intermarium, 97-108.
Laband, J. (2009). From mercenaries to military settlers the British German Legion, 1854-1861. En S. Miller (Ed.), Soldiers and Settlers in Africa, 1850-1918, (pp. 85-122). Brill, 2009.
Lodolini E. (1978). L'esilio in Brasile di detenuti politici romani (1837). Rassegna Storica del Risorgimento, (LXV), 1978, 132-174.
López, J. S. (1970). La colonia anglo-italiana. Un intento de colonización durante la presidencia de Urquiza (1856-1857), Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignnai, (14-15), 24-25, 98-117.
Navarro, J. R. (1985). Carlistas castellano-manchegos sentenciados a Cuba durante la Primera Guerra Carlista, Primer Congreso de Historia de Castilla-La Mancha, Ciudad Real, 20 de diciembre de 1985, 67-76.
Padilla Angulo, J. (2016). “El carlismo en Ultramar”. En D. Montañá Buchaca y J. Rafart Canals, Josep (Coords.) Fronteres del carlisme: del Berguedà a Ultramar. IV Simposi d'Història del Carlisme, (pp. 209-229). Centre d’Estudis d’Aviá.
Padoin, M., Piassini, C. E. (2016). Os Mercenários do Império (1851): Os Brummer, Navegar. Revista de Etudos de E/Imigraçao, (2/3), 166-189.
Puliafito, C. (2007). La Legione italiana. Bahía Blanca, 1856. El frente olvidado del Risorgimento. s.d.
Saavedra, M. (1985). La colonia anglo-italiana y la política inmigratoria del Gobierno de Urquiza (1856-1857). América Meridional, (6), 7-44.
Wilson, P. H. (2020). Foreign military labour in Europe’s transition to modernity. European Review of History, (27), 12-32.
Zürcher, E. J. (Ed). (2013). Fighting for a Living: A Comparative Study of Military Labour 1500-2000. Amsterdam University Press.
Notas
Información adicional
redalyc-journal-id: 3801