Sección Especial 2

La pesca artesanal en Península Valdés y su relación con el turismo y el patrimonio (Chubut, Argentina 1984-2024)

Small-scale fishing on the Valdés Peninsula and its relationship with tourism and cultural heritage (Chubut, Argentina 1984–2024)

Paula Ibarrola
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina

La pesca artesanal en Península Valdés y su relación con el turismo y el patrimonio (Chubut, Argentina 1984-2024)

Prohistoria. Historia, políticas de la historia, núm. 45, 1-23, 2026

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)

Recepción: 29 Mayo 2025

Aprobación: 02 Septiembre 2025

Publicación: 15 Julio 2026

Resumen: Desde una posición proveniente de la historia social, se abordan las comunidades de pescadores artesanales (Riacho San José, Playa Larralde y Playa Bengoa) del golfo San José en Península Valdés, su relación con la noción de patrimonio en clave turística, así como los conflictos que derivan de su presencia. Se empleará la categoría género de vida, para estudiar como ante la subalternización realizada por agentes estatales y propietarios privados, los pescadores artesanales construyeron una “terrimaritimidad”, involucrando el golfo y el espacio rural de Península Valdés. Se utilizarán registros orales, artículos periodísticos y de divulgación científica.

Palabras clave: Pesca Artesanal, Península Valdés, Espacio Rural, Turismo, Patrimonio.

Abstract: From a social history perspective, we address the artisanal fishing communities (Riacho San José, Playa Larralde and Playa Bengoa) of the San José gulf on Península Valdés, their relationship to the notion of heritage in terms of tourism, as well as the conflicts arising from their presence. The category of “life genre” will be used to study how artisanal fishermen built a “terrimaritimidad” that encompassed the gulf and the rural space of Península Valdés, in the face of the subalternization carried out by state agents and private owners. Oral records, journalistic and scientific articles will be used.

Keywords: Artisanal Fishing, Peninsula Valdés, Rural Space, Tourism, Heritage.

Introducción

La pesca en la provincia del Chubut es una de las actividades económicas de mayor importancia. Según el informe productivo de la provincia (2024),[1] es la segunda en actividad pesquera marítima de todo el país, con el 30% de las capturas nacionales, y el segundo puerto en importancia de aguas profundas, luego del de Mar del Plata. Sin embargo, la pesca artesanal, realizada en contextos rurales, fue históricamente marginada por la inversión estatal. Al mismo tiempo, a lo largo del siglo XX, la historiografía argentina ha marginalizado en sus estudios la importancia socioeconómica de la actividad. En relación a ello, se encontraron a principios de este siglo trabajos académicos provenientes de la disciplina histórica, que ponen el foco en la expansión marítima de Mar del Plata (provincia de Buenos Aires) y el surgimiento del asociativismo empresarial y el corporativismo pesquero (Mateo, 2003, 2004). El autor da cuenta de la poca atención hacia la actividad pesquera, afirmando que la Argentina es una “sociedad de espaldas al mar”. Centra su análisis en la costa bonaerense de Mar del Plata, sin profundizar en otras regiones. Siguiendo la misma línea Nogueira (2017) en su tesis, doctoral aborda las subjetividades de las y los trabajadores en los puertos de Mar del Plata, Quequén y Necochea, a la vez que profundiza los procesos hacia el cooperativismo a principios del siglo XXI.

Para definir a los pescadores artesanales se utilizarán dos trabajos relevantes. Por un lado, los aportes fundacionales de Goodwin (2002) donde despliega distintas características que definen a los pescadores artesanales como la dispersión espacial en la costa, el arraigo a la actividad, los conocimientos del ecosistema marino y del contexto en el que están inmersos. Por otro, el concepto de “unidad de pesca” acuñado por Sánchez Carnero et al (2022) el cual lo define como “el conjunto de pescadores que pertenecen a una misma localidad o sector costero y desarrollan su actividad pesquera con un determinado arte de pesca, un operatorio particular y con las mismas especies objetivo” (Sánchez Carnero, 2022: 22).

Se entiende que el análisis histórico social de la pesca artesanal, sus sujetos, subjetividades y las acciones de ellos dentro de un área protegida y patrimonio de la humanidad como lo es Península Valdés, presenta una vacancia que el presente escrito intentara subvertir.

Materiales y métodos

Para la elaboración del artículo se realizaron 11 entrevistas semi-estructuradas a partir de encuentros de dos horas aproximadamente a nueve mujeres y hombres de la pesca artesanal (marineros, buzos marisqueros, operadores turísticos) y a dos miembros de ONG presentes en el área protegida. Los diálogos con ellos permitieron conocer, a través de sus dichos, sus motivaciones e intereses en común, así como las diferencias entre los entrevistados. Se utilizó la técnica de “bola de nieve” (Talvar y Gorjup, 2013) debido al dinamismo social y temporal de la actividad, lo que dificulta el acceso a sus integrantes. Con el fin de analizar y reconstruir los recuerdos de los pescadores artesanales, se recurrió a las herramientas que nos brinda la historia oral (Portelli, 2003; Thompson, 2004; Pozzi, 2012) debido a que dicha metodología promueve el rescate de las memorias colectivas e individuales, poniendo atención en silencios, multiplicidad de voces y cosas no dichas (Jelín 2001). A su vez, se realizó un relevamiento de la prensa gráfica (especialmente del período previo a la patrimonialización de Península Valdés) y a bibliografía reciente escrita sobre el tema.

El artículo se encuentra organizado de la siguiente forma: en principio, se abordará dentro de Península Valdés la relación entre el sector pesquero artesanal y turístico en clave patrimonial, poniendo especial atención a la situación de los primeros dentro del lugar y cómo fue su relación a lo largo del tiempo con los sectores presentes allí. A continuación, se analizarán los posibles vínculos entre el sector pesquero artesanal y el turístico, evidenciando los desafíos y oportunidades de ello. Luego se examinarán las relaciones entre la propiedad privada y la pesca artesanal, para finalizar en la relación de los pescadores artesanales con el territorio y la noción de terrimaritimidad, aun en construcción.

Se planteó, en primer lugar, que se construyó una noción de patrimonio ligado a la imagen hegemónica de la preservación ambiental. A partir de allí se marginalizaron actividades antrópicas como la pesca artesanal, invisibilizando su valor cultural y su experiencia en el territorio, el cuidado que realizan del recurso y del golfo san José. En segundo lugar, se reconoció que los saberes y experiencias de las y los pescadores artesanales, a partir de su vinculación con el mar, con el territorio de Península Valdés y con otros sectores, articularon una noción de género de vida particular junto a una “terrimaritimidad” aún en proceso. Ello refuerza la presencia de la actividad en un lugar detentado por distintos sectores con intereses disímiles.

Se plantea que el escrito contribuirá a las discusiones sobre patrimonio y actividades humanas analizadas desde el prisma de la historia social de manera situada y particular como es la experiencia de los y las pescadoras artesanales.

Área de estudio: Península Valdés

El espacio constituido como Área Natural Protegida Península Valdés se encuentra al noreste de la provincia del Chubut (42°31′S 63°55′O), y conformada, en su gran mayoría por un espacio rural. Durante las últimas décadas, los estudios sobre la ruralidad y las actividades desarrolladas allí fueron analizadas desde perspectivas integrales, realizando un giro epistémico en el modo de comprender esos espacios (Gordiejczuk y Mikkelsen, 2023). De esta manera, se entiende que hoy en día existe un continuum rural urbano con zonas intermedias denominadas nuevas ruralidades (Matijavesic y Silva, 2013) debido a que los pescadores artesanales se trasladan de manera diaria desde la ciudad hacia las costas del Golfo San José. A continuación, realizaremos un recorrido por la historia de la pesca artesanal en el lugar, estableciendo el año 1984 como punto de partida a la imagen del lugar vinculado a la conservación ambiental y llegando a su concreción en el año 1999 con la patrimonialización de Península Valdés por la UNESCO, marginando actividades antrópicas y culturales como la pesca artesanal.

Existen registros arqueológicos que plantean una antigüedad de la actividad pesquera desde la presencia de los pueblos originarios, realizada a partir de la recolección de moluscos y pulpos en el intermareal[2] (Dozo et al 2013). A principios del siglo XX se hallaron los primeros registros de actividad pesquera en sus costas, impulsada por la inmigración italiana, y realizada con pequeños botes de madera (Elías et al., 2011). Un pescador histórico de Península Valdés detallaba la genealogía de su familia vinculada a la actividad y al lugar: “Mis bisabuelos entran en Península como propietarios con título de propiedad en 1884 […] mis bisabuelos trabajaban haciendo jagüeles, pero siempre vinculado a la pesca, recolectando pulpitos, cazaban lobos (entrevista a V, redero de costa, febrero del 2026). En la modalidad de pesca que utiliza el pescador hasta el día de hoy, podemos ver la continuidad a lo largo del tiempo.

En la década de los años sesenta se conformaron los asentamientos de pescadores presentes hasta el día de hoy en la costa del golfo san José. Algunos pescadores provenían de la costa sur de la provincia de Río Negro, situada al norte de Chubut dedicados a la recolección costera de pulpos y mejillones (Cinti y Marín, 2021). Dichos pescadores se ubicaron desde la zona que se extiende desde el Riacho San José hasta Isla de los pájaros, utilizando el histórico camino de los pulperos (Bocco et al., 2019). Los asentamientos pesqueros se ubican al norte del istmo, en las costas del Golfo San José, el cual cubre una superficie de 814 km2 (ver figura 1). La población en el lugar ronda los 550 habitantes concentrándose en Puerto Pirámides,[3] el poblado más grande de la Península.

En el caso de los marisqueros, en su gran mayoría realizaron sus “campamentos” en las costas de Playa Larralde y Bengoa, debido a la disponibilidad del recurso marítimo. Como se mencionó anteriormente, la movilidad entre las costas del Golfo San José y las zonas urbanas como Puerto Madryn es constante, ya que muchos pescadores tienen su residencia permanente en la ciudad y se movilizan hacia allí volviendo en el mismo día, a excepción de ocasiones donde existe abundante disponibilidad de recurso o el pronóstico de mareas y tiempo son propicios para mantenerse en la costa, donde permanecen en las viviendas de la costa construidas por ellos mismos (algunas realizadas con chapas, otras con ladrillos o Durlock).

En Península Valdés, la pesca artesanal se divide en tres modalidades: marisquería por buceo, pesquería con red costera de cerco, recolección costera y pesquería de cangrejos por buceo (Sánchez Carnero et al., 2022), las cuáles utilizan distintos utensilios y equipamientos para su realización. Las especies de mariscos y moluscos que capturan son variadas: pulpo (Columbina picui), mejillón (Mytilus edulis), cholga (Mulinia edulis), vieira (Pecten patagonicus), almeja (Mesodesma mactroides), caracoles (Volutidae), cornalitos (Odontesthes incisa) y róbalos (Dicentrarchus labrax). De esta manera, se entiende que es imposible construir una representación universal de la pesca artesanal, ya que la actividad es heterogénea hasta en un mismo territorio. Si bien muchos pescadores residen temporalmente en los asentamientos de la Península, otro número vive en Puerto Madryn o Trelew, lo que nos habla de una movilidad cotidiana (Crovetto, 2011) entre estos espacios. Las características entre estos espacios se difuminan por la interacción cotidiana que combina elementos típicamente urbanos y rurales (Crovetto, 2011:156). Se entiende que la pesca artesanal es a la pesca de altura, lo que la agricultura de secano es a la agricultura de grandes sistemas irrigados (Bocco et al., 2015: 30) debido al bajo impacto ambiental, y al cuidado del recurso que muchos pescadores artesanales practican y defienden.

Área Natural Protegida Península Valdés y Golfo San José
Figura 1
Área Natural Protegida Península Valdés y Golfo San José
Elaborado por Santiago Behr (Laboratorio SIGyT- Universidad Nacional de la Patagonia).

En Península Valdés, a partir del año 1964 el desarrollo del turismo en el área pasó a ser responsabilidad del estado provincial (Kuper, 2008). Paralelamente, la actividad turística aparece vinculada con la preservación ambiental (Kuper, 2008: 10) y prohibiendo otras actividades allí como la matanza de lobos y el procesamiento de sus pieles. El lugar fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1999. Se coincide con Salinas (2024) al entender que las ballenas marcan el calendario (Salinas, 2024: 77). Península Valdés es el único lugar habilitado en el país para la realización de avistajes de la ballena franca austral, (eubalena australis) en embarcaciones. Dicho animal, conocido internacionalmente, fue declarado patrimonio y monumento nacional natural desde el año 1984.[4] En Península Valdés también se realizan avistajes terrestres de lobos marinos (Otaria flavescens), elefantes marinos (Mirounga leonina), pingüinos de Magallanes (Spheniscus magellanicus) y orcas (Orcinus orca) que complementan el atractivo turístico de espacio natural. En la actualidad dichos avistajes forman parte de los circuitos turísticos más populares del lugar, complementándolo con el atractivo fundamental, tanto para turismo nacional como extranjero, que es “La Naturaleza” (Fundación Patagonia Natural, 2016).

La noción de patrimonio alude a una construcción social impulsada por ciertos actores con un objetivo determinado. Generalmente las patrimonizaciones son inducidas desde el Estado o desde alguna entidad con cierta institucionalidad. La patrimonización de la Península fue impulsada desde el sector turístico “fue que se pueda brindar o educar a través de la observación e interpretación de objetos patrimoniales, proteger el patrimonio en la medida de que los ingresos al lugar se destinen para la protección y la capacidad del patrimonio para atraer al turismo y generar actividades económicas (Troncoso, 2009: 147). En dicha definición se puede ver una relación del sujeto (turistas) haciendo uso y de objetos (pasivos) para su disfrute, sin incorporar a los sujetos que forman parte del lugar. El patrimonio cultural en cambio, no se define solamente a los rastros materiales del pasado, sino que también corresponde a las experiencias, narrativas y saberes ligados a la cultura de un lugar (Ciselli et al., 2021: 3).

Folleto de la administradora de Península Valdés
Figura 2
Folleto de la administradora de Península Valdés

La creación de Península Valdés como área protegida y patrimonio de la humanidad implicó la elaboración de un plan de manejo para el área, con el objetivo de conservar el territorio y el ambiente, y hacer uso de ella (es importante destacar que dentro de los objetivos se encuentra el propiciar actividades sostenibles como la pesca artesanal).[5] La elaboración del documento fue promovido por distintos sectores del gobierno provincial (secretaría de turismo) y ONGs. Se tuvieron en cuenta ciertos antecedentes sobre el territorio y los sectores intervinientes allí como el sector privado (propietarios de campos), entidades estatales (autoridades provinciales, nacionales y municipales de Puerto Pirámides), sector productivo (pescadores, sector ovino, operadores turísticos) y sector científico (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas- CENPAT[6] y la Universidad Tecnológica Nacional), entre otros. A lo largo de la elaboración del documento se acordaron reuniones participativas para establecer su contenido. Aquí se coincide con Ferrero (2018) al entender que en las áreas protegidas como Península Valdés el Estado se hace presente de formas particulares, en la cual este intenta moldear y controlar el territorio, en este caso en la necesidad de coordinar la gestión del área.

“…La realidad es que se veía como una gran oportunidad. Entonces, cuando se hace la postulación a UNESCO. […] Era, uh, nos están poniendo en la cara del mundo a un nivel internacional. Y eso, desde el Estado mismo, lo aplaudía, digamos, y los privados. De ahí nació lo que es la ProPenVal[7], […] lo que se pedía era que […] estuviesen bajo algún tipo de organización. Y la ProPenVal nace como propietarios de Península Valdés, no como ganaderos […] Nosotros, de hecho, somos socios como Fundación, porque somos propietarios de una reserva…” (Entrevista a M, miembro de una fundación, mayo del 2025).

En el testimonio se puede evidenciar las estrategias que realizaron los propietarios para poder participar activamente del manejo del área. Otro elemento a tener en cuenta es la tenencia de la tierra por parte de ONG vinculadas a la conservación, y el papel preponderante que se le daba a ello a partir de la conformación del área protegida.

A su vez, se coincide con Ares et al (2020) al entender que los cambios producidos en sectores neorurales como Península Valdés, en ocasiones marginan y excluyen actividades tradicionales de muchos años presentes en el lugar. En función a ello, el discurso por parte del Estado ante la comunidad pescadora artesanal intentó construir una imagen peyorativa de ella, relacionando a las comunidades pesqueras “villas miserias”.

Noticia gráfica donde se menciona a los parajes de pesca artesanal en Península
Figura 3
Noticia gráfica donde se menciona a los parajes de pesca artesanal en Península
Fuente: Vilma Meisen (Vecina de Puerto Pirámides. Diario de Madryn, noviembre de 1998).

En este sentido, dentro del espacio rural Península Valdés se desplegaron distintas negociaciones entre los sectores para mantener sus actividades. Se coincide con Manzanal (2020) en entender a la espacialidad como un producto social y repleto de contradicciones donde se despliegan relaciones de poder. El carácter privado de las tierras (previo a la creación del plan de manejo) dificultó el funcionamiento del plan y promovió el cercamiento de bienes comunitarios, como cierre de caminos y bajadas a la costa (Rius y Enríquez, 2020).

“En el plan también se conformó, que ahora está totalmente desvirtuado, un grupo representando a los habitantes de Península Valdés, donde ahí entraban, por ejemplo, los pescadores artesanales […] Hoy se desvirtuó, porque el lugar lo tomó el municipio de Puerto Pirámides […] los pescadores artesanales no tienen representación formal como la tenían antes, eso es cierto […] Lo mismo pasa con los peones de campo. Están dentro de la nada.” (Entrevista a M, miembro de una ONG, mayo del 2025).

A pesar de ello, la presencia de la pesca artesanal en el Plan de Manejo fue un logro conjunto entre pescadores y el sector científico, puesto que luego de dichos encuentros y debates ante la Secretaría de Turismo y Áreas Protegidas provincial, estableciendo la preexistencia de dicho grupo a la creación del Área protegida.[8] “No han podido con la comunidad. La zona está pre-existente al plan. No pueden sacarnos”. (L., buzo marisquero, mayo del 2022).

En función de la declaración patrimonial, la noción de naturaleza ligada a un espacio prístino se estableció como el imaginario hegemónico del lugar, separada de los sujetos que moldean el territorio, es decir, se estableció un concepto de patrimonio natural desde una perspectiva despolitizada (Curti, 2022) y funcional al sistema capitalista, con interés de buscar lo natural como un producto turístico, como una vía de escape a la vida urbana. Península Valdés fue erigida como un espacio natural sin historia ni memoria (Curti, 2022), marginando y subalternizando a los pescadores artesanales y otros grupos como los pueblos originarios.[9] Un ejemplo concreto es la folletería promovida por la administradora del área protegida, donde ni dentro del circuito turístico ni de las actividades permitidas no se encuentra la pesca artesanal, invisibilizando su lugar en el territorio

De esta manera se puede evidenciar que la narrativa alrededor de la fauna natural como protagonista, tanto la ballena franca austral como otras especies, denominadas por el área protegida como “especies carismáticas”, margina otras experiencias como las que despliegan los pescadores artesanales en el territorio, su vínculo con el entorno y sus estrategias para permanecer en el lugar.

Pesca artesanal y turismo en Península Valdés, ¿actividades complementarias?

Como se mencionó anteriormente, en los últimos años se produjo un fenómeno de revivificación rural, con nuevas miradas y actividades en ese espacio. Península Valdés no estuvo exenta de ello, combinando el patrimonio natural con el avistaje de la fauna local, la preservación del paisaje y las actividades turísticas.

El turismo es una práctica social en la que intervienen un conjunto de actores que estructuran el sistema, actuando desde distintos lugares y con distintas relaciones de poder para la venta de un servicio. Dichas acciones alteran el espacio y la cultura local, como sucede con los sistemas costeros, sensibles a las modificaciones realizadas por el turismo. Con respecto al turismo rural, se lo concibe como un sistema complejo, al que se suma la prestación de servicios y bienes vinculados al uso y disfrute de los servicios naturales y culturales, a través de lugares de recreación y turismo (Pinassi, 2022). El turismo no sólo modifica el uso del territorio, sino que también cambia la percepción y la valoración del ambiente y la cultura locales, y que debido a sus características intrínsecas (Estrada y Arnaboldi, 2019: 7). De tal manera, a partir de la patrimonización de Península Valdés, la narrativa construida a su alrededor fue de un turismo ligado a la preservación del ambiente y de las especies existentes allí.

Desde principios del presente siglo y con la importancia del turismo a nivel regional (Kumper, 2010), la turistificación del borde costero (Guerrero y Alarcón, 2018) fue un desafío y amenaza manifestada por las comunidades pescadoras en general y las ubicadas en la Península en particular. La efectividad de un recurso en términos turísticos se encuentra ligada al reconocimiento y la apropiación que realice de este la comunidad receptora: los anfitriones (Olsen, 2024: 105). En relación a ello, varios estancieros complementaron la producción ovina de sus campos para ocuparse del turismo rural: “tiene un plan en lápiz negro que le gustaría que sea el camino que transite el campo familiar: el turismo. Sabe que es un desafío que acarrea complicaciones, porque todo el campo está dentro de un área protegida” (Salinas, 2024: 89). Ello implicó la construcción de un imaginario en los pescadores artesanales acerca de la intención por desplazarlos de Península Valdés para el desarrollo de proyectos turísticos. “La idea siempre fue desplazarnos porque la Península junto con el Estado solo tiene una mirada turística” (Entrevista a L., buzo marisquero, mayo del 2022).

En las últimas décadas, la situación se complejizó por la creciente escasez de recursos marinos, variaciones climáticas y cierre de caminos con acceso a la costa por parte de los propietarios privados. Se coincide con Salomón (2023) en entender a los caminos rurales como espacios de la acción social, en los que se enfrentan sujetos con intereses diversos y a través de los cuales mantienen relaciones de producción (Salomón, 2023: 3). Con la escusa de preservar la costa de la contaminación producida por las acciones humanas, los dueños de tierras mantuvieron (y mantienen) tranqueras cerradas de caminos importantes para el acceso a la costa y la pesca artesanal.

De esta manera, el borde costero se convirtió en un espacio de disputa entre distintos sectores. “La pesca artesanal no tiene control. Es lo que pienso como su principal problema. No hay fiscalización seria y no hay un estudio serio de esas especies nuevas. Lo digo con conocimiento de causa y porque los conozco a todos los que son pescadores artesanales” (Salinas, 2024: 89). Los mismos pescadores artesanales manifiestan falta de control en la actividad, y reclaman a las autoridades provinciales mayor presencia:

“El lugar es patrimonio de la humanidad y hoy nos dan la espalda, secretaría de pesca, turismo y entonces es como nosotros tratamos de ubicarnos en ese lugar para hacer unión y fuerza, porque realmente somos pocos hay generaciones que ya no están trabajando” (Entrevista a F., buza marisquera, mayo del 2022).

Al mismo tiempo, pescadores artesanales manifiestan la falta de cuidado por parte de visitantes que arriban a las costas, y ante el desconocimiento y la ausencia de señalización en relación a la limpieza del lugar “Hay gente que no respeta […] cambiaría el tema del turismo y el acceso a las playas. Los turistas en Larralde, por ignorancia, van y sacan todo” (Entrevista a G., recolector, julio del 2024). En sus decires podemos evidenciar que el cuidado de la costa y del entorno es algo importante para ellos, evidenciando su vinculo con el territorio “No existe un apoyo genuino. Si existiera, pondrían un veedor para controlar el daño que hace el turismo […] Controlan a los pescadores, no a los demás. El Estado no está presente. No hay interés […] No les importa lo que estamos haciendo acá” (Entrevista a V., redero, febrero del 2026).

A pesar de que el turismo genera entidad a las distintas actividades que se realizan allí, los pescadores artesanales no perciben una puesta en valor de su oficio: Cambiaría la percepción de la gente. No ven el potencial de explotarlo turísticamente. Hay muchas alternativas, pero no quieren verlo. Para ellos [turismo] es un problema”. (L., buzo marisquero, mayo del 2022). Si bien la relación entre el sector turístico y la pesca artesanal en la actualidad es compleja, una familia pionera en la marisquería por buceo logró encontrar una alternativa conjugando los dos oficios

“Mi papá y mi hermano son instructores de buceo y queríamos que la gente pueda ir a pescar, la gente necesita conocer la actividad […] de forma turística les va a gustar ver a los pescadores […] formamos el proyecto de hacer la transformación de lo productivo a lo turístico, sin dejar de hacer lo productivo. Fueron dos años de hacer papeles, fueron muchos papeles. Y pensé ‘volvamos a esto porque es lo que nos gusta’” (Entrevista a F. marinera y operadora turística, enero del 2023).

Se definen como “actividades turístico-pesqueras” a todas aquéllas que pretenden compatibilizar el mundo de la pesca artesanal con la demanda turística que, especialmente, en algunas épocas del año (Madariaga y García del Hoyo, 2022: 117) se pueden desarrollar. Si bien el servicio turístico que ofrece esta familia se encuentra ligada a la marisquería por buceo (actividad realizada principalmente en invierno) se puede adaptar para la realización en otras estaciones del año. Esto podría ser una alternativa para el resto de los pescadores artesanales, durante los períodos donde no hay disponibilidad del recurso o en los momentos de “marea roja”.[10]

“De ahí pa’ allá el mar es de todos”: la relación de la pesca artesanal con la propiedad privada, una relación tensa

En el apartado anterior se examinó como los propietarios privados intentan desarrollar el turismo marginando a la pesca artesanal del espacio. Por ello entendemos que las relaciones de poder en Península Valdés, como en cualquier otro espacio, se visualizan a partir de lo material y simbólico, en base a vivencias, percepciones y concepciones particulares de los individuos, de los grupos y clases sociales que los conforman. Un territorio se compone de fuerzas una red de relaciones sociales, que a la par de su complejidad interna define al tiempo un límite, una alteridad: la diferencia entre “nosotros” y “ellos (Manzanal, 2020: 34). Las tensiones más relevantes con el sector privado fueron a partir de un intento por desalojarlos de la costa

“En noviembre de 1998, el entonces Director General de Conservación y Control de Calidad eleva al Interventor del OPT su denuncia formal por la existencia de construcciones clandestinas en Playa Larralde (Golfo San José), requiriendo su intervención para que a través de la Policía Provincial y Vialidad Provincial, se proceda a la demolición de las instalaciones construidas.” (Dominguez de Nakayama, 2003: 101)

Asímismo, en las reuniones de los sectores intervinientes en el área protegida, las cuales no están incluidos los pescadores artesanales, con el fin de discutir problemáticas y situaciones de la Península Valdés, los propietarios de campos solicitaban a la Secretaria de Pesca, el listado del personal que trabaja con cada permisionario

“Se plantean varios puntos en referencia al ingreso de ayudantes y colaboradores de los pescadores artesanales. Acuerdan solicitar a la Secretaria de Pesca, el listado del personal que trabaja con cada permisionario, para luego avanzar con un documento que restringa el ingreso sin cargo de personas con antecedentes de abigeato.”[11] (Comentario realizado por la representante de propietarios privados en la reunión ordinaria administración del área natural protegida, octubre del 2016).[12]

En dicho documento se puede visualizar el control que se realizaba desde el sector propietario hacia la circulación de los pescadores artesanales. En la reunión no se encontraba presente ningún representante de los pescadores artesanales, es decir que sus intereses se encontraban invisibilizados allí. De esta forma, los propietarios manifiestan su capacidad para permitir o restringir quienes transitan por el territorio. En relación a ello Lichter (1999) afirmaba que “Los dueños de las estancias en Península Valdés gobiernan y deciden el destino de extensiones precisas, incluso sobre aquellas en calidad de préstamo (Lichter, 1999: 54)”.

Esta forma de control no solo perjudica a los pescadores artesanales sino también al sector científico. Investigadoras que deben realizar monitoreos y para ello ingresar a campos privados, encuentran dificultades en el permiso:

“Antes ni contactaba al dueño. porque tampoco sabía quién era el dueño. La provincia tampoco sabe quién es el dueño, no tiene ni el número. me los piden a mí […] Cada vez es más difícil Hay un campo que, él los explota turísticamente no entra, pero nadie entra ni la subsecretaria de conservación, no entra el gobernador, o sea, no entran ahí y hace cualquier cosa, pero así está la situación” (Entrevista a J, investigadora y miembro de ONG, febrero del 2026).

Dichas prácticas territoriales configuran relaciones de poder desiguales entre ellos y con el territorio (Méndez, 2021: 198).

“El interés nuestro es el mar, el interés de ellos es el campo, pero ellos, como muchas veces me he sentado a negociar, quieren sobreponer su interés al nuestro. Ellos quieren que no se pesque en su campo, pero ellos no son quienes deciden quienes pescan y no... Las tierras pueden ser de ustedes, pero de ahí pa’ allá el mar es de todos […] Se sobrepone el interés privado sobre el interés público […] En playa Bengoa quería cerrar la tranquera, hasta que nos plantamos y al final no la cerró. Habría que controlar quien entra, sería un alivio al pescador y para el propietario” (V, redero, febrero del 2026).

Las rispideces entre los dos sectores perduraron hasta que entre los años 2020 y 2021, con el aislamiento social obligatorio puesto en práctica, se denunció a los pescadores artesanales por abigeato. En consecuencia, la policía arribó al campamento de los pescadores en Playa Larralde y realizó un allanamiento en las viviendas.

Al año siguiente, el mismo propietario realizó grandes pozos desde los caminos hasta la entrada a la costa para prohibir el paso por sus tierras. Debido a estos hechos, la comunidad de pescadores artesanales realizó un grupo en redes sociales llamado “pescadores artesanales en lucha” para visibilizar ante la sociedad lo que acontecía en Península Valdés.[13] De esta manera, los pescadores artesanales han transitado (y transitan) un proceso enriquecedor y de crecimiento en defensa de su lugar, su actividad y sus derechos. Se distingue entonces, la capacidad del sector de plantear distintos reclamos ante las clases dominantes, evidenciando los intentos de ellos por hacer visible la actividad ante la sociedad y el Estado, para demostrar que estuvieron y que desean perdurar en dicha área protegida.

Pesca artesanal, y “terrimaritimidad”: el oficio de seguir entrando a la marea

A pesar de la situación de las dificultades que presentan en el territorio, los y las pescadoras artesanales continúan realizando su oficio. Pinassi (2022) plantea que el territorio se moldea a través de un espacio híbrido (entre naturaleza, sociedad, entre naturalidad e idealidad) debido a la imbricación de múltiples relaciones de poder. A partir de allí se construye el género de vida (Ares et al., 2020) el cual refiere a un análisis integral y relacional, combinando naturalidad, acciones, sentidos y formas de habitar, articuladas con el contexto rural (Gordziejczuk y Mikkelsen, 2023). A su vez, distingue diferentes maneras de vivir y actividades comparables en términos de clase social, medio de vida, estatuto familiar, género, entre otras.

Se entiende que las acciones, motivaciones, deseos y cuidados de los pescadores se cristalizan en su vinculación con el territorio. Sin embargo, las condiciones laborales de los pescadores artesanales aún no han sido regularizadas ni atendidas por las autoridades estatales, fenómeno que se refleja en todo el país (Sánchez Carnero et al., 2022). Se considera que la pesca artesanal de Península Valdés puede relacionarse con la noción de territorialidad. Dicho concepto refiere a la construcción social del comportamiento humano en el espacio, de los conocimientos de las personas en relación a la realidad exterior y los vínculos obtenidos en el territorio, con el territorio y con el resto de los sectores que intervienen allí. Así mismo, Porto Gonçalves (2001) también enfatiza la dimensión identitaria a partir del ejercicio de la territorialidad, afirmando que en ese proceso se definen características propias que hacen a las maneras de ser y estar en el territorio (Zanotti, 2018: 5). De esta manera, entendemos que la territorialidad construida por los y las pescadoras artesanales se conforma a partir del vinculo con la costa, con las actividades que realizan de manera cotidiana entre la zona rural de Península Valdés y la ciudad, y de las relaciones que se moldean en el tiempo, tanto entre ellos como con otros sectores.

El concepto de maritimidad posee un anclaje histórico y situado, por lo que implica modificaciones. Se refiere a contextos socioculturales donde aparecen implicados mujeres y hombres relacionados de forma estrecha con el mar, la costa y sus espacios. Los pescadores artesanales poseen una sensibilidad, saberes y relación particular con el mar, la navegación y el intermareal. El oficio de pescador moldea su mentalidad, la percepción que poseen del territorio y a pesar de sus desafíos, lograron construir comunidad. Se define a dicho concepto un grupo de trabajadores de una rama o sector, con intereses compartidos y una historia común en espacios geográficos que sirven como referencia (Lobato 2020: 10). A su vez, se entiende que la comunidad es heterogénea y dentro de ella se encuentran distintos intereses y conflictos que el grupo debe resolver para defender sus intereses (Agrawal y Gibson 1999).

“Sí, la creación de la asociación fue importante. El día que no exista, nos pasan por arriba. El problema es el recambio generacional: los jóvenes entran cansados, están frustrados, los palos que reciben por parte del estado. Las plantas que no te quieren recibir […] Hay pescadores que hicieron las cosas mal, pero no todos son iguales” (Entrevista a V, redero, febrero del 2026).

Es decir, la comunidad no refiere a un concepto que alude a relaciones armónicas y homogéneas, sino que dentro de ella las disputas y los intereses confrontados también la conforman. El testimonio no romantiza ni idealiza el oficio de la pesca artesanal, sino que reconoce que, a pesar de las diferencias y desacuerdos, la organización de ellos y ellas es esencial para la defensa de sus intereses en Península Valdés.

Como se mencionó anteriormente, el mar no solo representa el lugar que materialmente necesitan para subsistir, sino que también de él dependen simbólicamente, lo que influye en sus identidades como pescadores artesanales (Estrada y Arnaboldi 2019:4). Esta relación estrecha se puede evidenciar en sus testimonios y los modos de posicionarse con el resto de los sectores:

“Con el dueño del campo todos los problemas porque siempre nos quiso echar, por eso vendí mi caballo, porque se quejaba […] pero con los pescadores no se iba a meter […] Siempre le pido al intendente de Pirámides […] siempre tenemos que reclamarle a vialidad que arreglen los caminos” (Entrevista a M. recolectora costera, junio del 2024).

Las acciones colectivas desplegadas allí son producto de la naturaleza y la actividad humana, en una sinergia que además de modificar el territorio, moldea la vida de los y las pescadoras. De esta manera, ambos espacios se encuentran interconectados.

“…Sigo haciendo la misma vida sola… el otro día me llamó mi sobrino que había una marea, la última vez me agarró fiebre… y fui a la marea a la siete de la mañana tenía que esperar que aclare, me puse un térmico […]. llegué re mal, no se siente frío trabajando”. (Entrevista a S., recolectora costera, junio del 2022)

En el caso de las mujeres de la pesca artesanal, la combinación entre el trabajo doméstico y productivo forma parte de la comunidad, donde las tareas productivas se realizaban de manera paralela a la de cuidados.

“…yo no creo en que se trabaje con las mareas, al menos yo pescaba en cualquier clima, me levantaba los aseaba les ponía el guardapolvo y los llevaba a la traffic para que vayan a la escuela. Ahí buscábamos nosotros en esa playa o en Villarino o en Playa blanca si hay pescado, después cargar los cajones, después esperar que vengan los chicos de la escuela y veníamos en el camión a dejar el pescado a Madryn”. (A. redera, noviembre del 2022).

A partir de los testimonios se plantea que el género de vida, es decir, el conjunto de actividades, interacciones, comportamientos, significados, se articula con el sentido de lugar, creando una relación bidireccional y dialéctica (Ares et al., 2020: 140). Los testimonios relevados aquí reflejan la cotidianeidad de los pescadores artesanales, donde ellos intervienen en el mar (en las profundidades o el intermareal) y al mismo tiempo son afectados por él. La particularidad del oficio, donde el recurso debe buscarse y no se encuentra en un lugar particular y estático, implica que las personas deban “meterse” a la marea y a las profundidades, donde la relación con el mar y las especies se construye de manera intensa. Al ser una zona rural, donde el vínculo con el entorno y la dispersión de la comunidad se encuentra presente, se produce una hibridez entre el territorio y el mar. Ello da lugar a saberes, experiencias, estrategias, y subjetividades que supieron construir a partir su presencia en Península Valdés: “Yo siempre pienso que el haberme criado en la playa con los ganchos para sacar pulpos, momentos vividos en la costa, son cosas inexplicables …” (Entrevista a V., redero, febrero del 2026).

De esta manera teniendo en cuenta las nociones de territorialidad y maritimidad, se plantea que los pescadores artesanales se encuentran en un proceso de “terrimaritimidad”: dicha noción refiere a una vínculo histórico, afectivo y de arraigo con el mar y el territorio, donde el espacio rural y el marítimo son inherentes al comportamiento cotidiano de los y las pescadoras artesanales, más allá de las disputas por el acceso y pertenencia en la costa, su relación con la propiedad privada y el poco o nulo apoyo del Estado.

“Allá yo me siento y en la ventana miro el mar […] es un ranchito de chapa, pero tengo todas las comodidades que necesito, es lo más bello que hay […] Yo le digo a mi familia cuando no pueda caminar más quiero que me lleven allá (…) si lo tomas como un trabajo es bruto, pero yo estoy acostumbrada a hacer fuerza, estar ahí en el mar, me encanta” (Entrevista a T. recolectora costera, octubre del 2023)

De esta manera, el contexto puede ser interpretado como una construcción social e histórica, con identidad propia al ser un “espacio apropiado” por los pescadores artesanales. Es por ello que la terrimaritimidad conjuga estrechos lazos entre el ámbito marítimo como en el territorio: “…te tiene que gustar esa vida... yo sigo yendo… yo voy me quedo con mis animales […] a mí me gusta, aunque mis hijos se enojen porque ya estoy más grande, sigo entrando a la marea” (Entrevista a M., recolectora costera, junio del 2024).

La noción de terrimaritimidad se encuentra ligada al deseo de continuar con el oficio de pescador artesanal, de entrar a la marea para recolectar mejillones/pulpos o sumergirse varios metros a buscar vieiras, a pesar de las inclemencias del frío y de lo complejo de la actividad en Península Valdés. Involucra el cuidado del recurso y del territorio, al entender las temporadas para extraer las distintas especies, y a la vez preservarlo en los tiempos de veda. También implica la defensa del oficio y su presencia en el lugar. A su vez, la manera en que los testimonios fueron manifestando su trayectoria dentro de la pesca artesanal no es cuestionada por ellos mismos: “Te puedo decir tal piedra, tal cañadón, tal piedra como lo conoce mi familia no lo conoce nadie, toda una vida Nunca pensé voy a hacer esto, siempre lo hice siempre dependimos de la pesca…” (Entrevista a V., redero, febrero del 2026).

La terrimaritimidad se puede evidenciar en sus decires y acciones poniendo en valor el oficio, el recurso y el espacio que transitan desde hace muchos años. Es decir, un reconocimiento para poder hacer visible y sostenible la pesca artesanal en dicho territorio.

“Una vez nos encerró la marea y casi nos ahogaba, pudimos salir con mi marido después de 3 horas, ya no dábamos más y llegamos y nos pusimos a llorar los dos […] La vida del pescador es muy sacrificada y arriesgada. Muchos dicen el pescador llega, pero no saben lo que se sufre. Para mi toda la pesca es una experiencia grande […] además después es elaborar el producto, yo hago escabeches…” (Entrevista a M. recolectora costera, enero del 2022)

Al analizar la vida de los pescadores artesanales en Península Valdés no se intenta romantizar su modo de vida o actividad productiva. En sus testimonios se visualiza lo difícil del oficio como también se valoran los intentos de continuar con ella.

“Con una mano en el corazón no me gustaría que mi hija se dedique a la pesca, me duele que mi hija esté peleando por algo que su papá peleó, que su abuelo peleó y que ella también tenga que reclamar… una vez un pescador artesanal dijo que la pesca artesanal va camino a la extinción y duele […]y le encanta y va conmigo y el bote para todos lados, yo le voy a enseñar, pero no me gustaría que siga en un futuro” (Entrevista a V., redero, febrero del 2026).

Al mismo tiempo, si bien se coincide con Arnaboldi y Estrada (2019) en concebir que los pescadores artesanales son “hombres de mar”, con una relación cultural, identitaria y profunda con el contexto marítimo, se puede ver una limitación de género, ya que dentro del oficio se encuentran mujeres que forman parte importante de la actividad (Ibarrola, 2023). Por ende, se entiende que la concepción de “Hombres y mujeres de mar y costa” sería mas correcto para definir el caso de este escrito, donde la terrimaritimidad se conjuga en una relación afectiva y de arraigo con el mar y el territorio.

Reflexiones finales

Se analizó la relación entre la actividad turística y la pesca artesanal dentro del espacio rural de Península Valdés, en clave patrimonial. Allí se construyó una noción de patrimonio ligado exclusivamente a lo “natural y prístino” sin poner en valor a los sujetos presentes en el territorio como los pescadores artesanales, y a pesar de la existencia de otras perspectivas de lo patrimonial, como la preservación de lo inmaterial y de la experiencia vivida de los sujetos presentes allí. Se infiere que la patrimonización de Península Valdés no resultó en mayor visibilización para la pesca artesanal, a pesar de garantizar la presencia de los pescadores en el Plan de Manejo del área. Así, la noción de patrimonio se encuentra vinculada exclusivamente a la fauna y flora nativa, subalternizando sujetos históricos como los pescadores artesanales.

Las tensiones con el sector turístico y los proyectos impulsados por los propietarios privados no integran a la pesca artesanal en su circuito, aunque existe un caso puntual donde se integró turismo y pesca artesanal. En cuanto a los conflictos con la propiedad privada y el acceso a la costa, hasta la actualidad los pescadores artesanales mantienen pujas por el espacio en el borde costero, donde los propietarios restringen el acceso al mar, tanto para actividades económicas, culturales o científicas. A pesar de ello, los pescadores artesanales desplegaron estrategias para mantenerse en el área protegida, como permisos de pesca para la circulación dentro del área e instancias de negociación con Secretaría de Pesca provincial y propietarios para la apertura de algunas tranqueras que bloquean caminos rurales directos a las playas. El freno judicial ante intentos de desalojo por parte de familias pescadoras es un antecedente histórico para la pesca artesanal en el área.

En base a ello, se evidenció que los pescadores y pescadoras artesanales construyeron sentimientos de arraigo con el territorio y el mar. De esta manera se propone una noción de “terrimaritimidad”, en tanto el mar, los recursos presentes allí y su contexto son indisociables y construyen una experiencia vital para los pescadores artesanales de Península Valdés. Sería interesante explorar la relación entre la pesca artesanal, el recurso y el territorio desde una perspectiva de las emociones y/o afectos, que den cuenta de la importancia del contexto y las especies que habitan allí para las y los pescadores artesanales.

La pesca artesanal en Península Valdés es una actividad que intenta mantenerse activa en el lugar, a pesar de la falta de apoyo estatal y de las tensiones con la propiedad privada. La terrimaritimidad se demuestra en el valor histórico, afectivo y la capacidad de agencia que construyen los y las pescadoras artesanales, a partir de la experiencia con el oficio y el territorio. Se intenta que este artículo sea un hincapié para seguir profundizando las relaciones que existen hasta el día de hoy en Península Valdés.

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Notas

2 Se denomina intermareal a ambientes de escasa pendiente, formadas por sedimentos, los cuales son inundados diariamente por la marea y la acción de las olas es poco importante (Carol et al 2024)
3 El poblado de Puerto Pirámides es el mayor conglomerado poblacional de Península Valdés, con un número de 565 habitantes según el censo 2022 https://snop-ppo.obraspublicas.gob.ar/Municipalities/Details/1a13a83c-cdda-496a-978f-fa7b7e7fdf53
4 A partir la ley nacional Nº 23.094, (Argentina, 2006); finalmente, en 1995 se crea una “Reserva Natural Estricta” específica para su protección en el sector norte del golfo Nuevo a fin de evitar la colisión con embarcaciones (Kimer, 2010: 13)
5 Propiciar actividades sostenibles de turismo, pesca y maricultura artesanal, ganadería y otras actividades compatibles con la conservación del área (Plan de manejo 2003 disponible en https://peninsulavaldes.org.ar/descargas/plan-de-manejo/)
6 El Centro Nacional Patagónico es un centro de investigación y desarrollo de CONICET que agrupa a diferentes institutos de la Patagonia argentina
7 La ProPenVal es una asociación que nuclea a los propietarios de tierras de Península Valdés
8 En la sección “normas de uso público inciso d) sobre asentamientos poblacionales menciona establecimientos definidos como infraestructura móvil operativa de apoyo a las actividades de pesca y maricultura artesanal (Dominguez de Nakayama, 2003)
9 En una reunión entre el presidente de Vida Silvestre y la comunidad de Puerto Madryn, el primero declaró que para la confección del plan de manejo no se tuvo en cuenta ni a los pueblos originarios ni a los pescadores artesanales” (Junio, 2023)
10 Anualmente, por lo general entre la primera mitad de la primavera y la última del verano, la marisquería en el litoral Atlántico en general y en el golfo San José en particular, es vedada total o parcialmente debido al fenómeno denominado habitualmente "marea roja" [acumulación estacional en los bivalvos de toxinas (VPM) producidas por fitoplanctontes que les sirven de alimento (Ciocco, 1995: 12)
11 El abigeato es el robo de animales de carne para su consumo (vacas, cerdos, ovejas, entre otros). Se encuentra tipificado en el código penal (Padola et al., 2014)
12 Las notas del directorio se encontraban en el sitio web de la administradora provincial, pero desde hace un año aproximadamente los eliminaron https://peninsulavaldes.org.ar/descargas/estadisticas/

Información adicional

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