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Incorporando una nueva frontera: El gobierno español en el Río Grande de San Pedro (1763-1776)
Incorporating a new frontier: The Spanish Government in Río Grande de San Pedro (1763-1776)
Incorporando una nueva frontera: El gobierno español en el Río Grande de San Pedro (1763-1776)
Prohistoria. Historia, políticas de la historia, núm. 44, 1-28, 2025
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
Recepción: 31 Marzo 2025
Aprobación: 24 Junio 2025
Publicación: 22 Diciembre 2025
Resumen: En este trabajo analizamos el proceso de incorporación de Río Grande de San Pedro (actualmente ciudad de Río Grande, Brasil) a la gobernación de Buenos Aires, tras la conquista de la villa portuguesa por la campaña del gobernador don Pedro de Cevallos (1763). El texto explora el modo con que tuvo lugar la consolidación del poder español y de sus instancias de gobierno sobre el área. En segundo lugar, se detallan las etapas en que dicho proceso se desarrolló. Con una perspectiva regional se busca comprender las especificidades que permitieron los trece años de gobierno español sobre el lugar (1763-1776).
Palabras clave: Río Grande de San Pedro, siglo XVIII, Gobierno Español, Frontera.
Abstract: In this paper, we analyze the process of incorporation of Río Grande de San Pedro (currently the city of Rio Grande, Brazil) into the government of Buenos Aires, following the conquest of the Portuguese town by Governor don Pedro de Cevallos’ campaign (April of 1763). Firstly, the text explores how Spanish power and its governing institutions were consolidated in the area. Secondly, it details the stages through which this process unfolded. From a regional perspective, we seek to understand the specificities that made possible the thirteen years of Spanish rule over Rio Grande (1763-1776).
Keywords: Río Grande de San Pedro, Eighteenth Century, Spanish Government, Frontier.
Introducción
En el año de 1762, don Pedro de Cevallos –en ese entonces gobernador de Buenos Aires– organizó una expedición militar contra las posiciones portuguesas más australes de América. Con el objetivo de eliminar la presencia de estos rivales de la región y de recuperar espacios que, sostenía, pertenecían a los dominios de España, dichas fuerzas incursionaron sobre la plaza portuguesa de Colonia del Sacramento y obtuvieron, en octubre de 1762, su primera victoria. Una vez asegurado el control sobre ese lugar, a mediados de abril de 1763, la expedición partió y ocupó los fuertes portugueses de Santa Teresa y San Miguel. Días más tarde, el 24 de abril de 1763, las tropas españolas entraban a la villa y cuartel de Río Grande de San Pedro,[1] después de una apresurada e incompleta evacuación portuguesa.
Pocos días más tarde, se concluyó la expedición y se iniciaron las negociaciones que resultaron en la devolución de Colonia del Sacramento a los portugueses. Al contrario, Río Grande de San Pedro y los fuertes de Santa Teresa y San Miguel permanecieron incorporados a la monarquía española hasta 1776, cuando una campaña militar portuguesa logró recuperarlos nuevamente para sus dominios. A lo largo de esos trece años de gobierno español, el lugar estuvo vinculado a la gobernación de Buenos Aires. En ese periodo, militares estuvieron a cargo del gobierno del lugar y tuvieron a sus oponentes portugueses posicionados a muy pocas leguas de distancia.

Recorte de Exemplo Geographico que compreende... Remarcación en naranja: poblaciones portuguesas de la región sur de Brasil. Subrayado en verde: poblaciones españolas del Río de la Plata
Itamaraty. Mapoteca do Itamaraty. Faria, José Custódio de Sá e., Exemplo Geographico que comprehende o terreno que toca a Demarcação da primeira Partida, copiado & reduzido a mayor exactissimante. do Mapa das Cortes pelo Tenente Coronel Jozé Custódio de Sá e Faria. 1759. Original. REF.: 687.Utilizando documentos de la administración local y regional de Río Grande,[2] este artículo analiza el proceso de incorporación de Río Grande de San Pedro a la gobernación de Buenos Aires. Se presenta y discute el carácter y el modo con que se integró esta frontera a la monarquía española en América, es decir, los términos en que se dio la consolidación del poder español y de sus instancias de gobierno sobre el área. En este texto, se analizan las características que el lugar cobró a lo largo del proceso y, para terminar, se desarrollan las etapas del proceso y se presentan las características que cobró en el lugar durante cada una de ellas.
El estudio dialoga con las clásicas historiografías precedentes, pero partiendo de los conceptos e indagaciones propuestos en las historiografías regionales más recientes (en portugués y en español) para superar las lecturas estrictamente militares y conocer un poco más en detalle el Río Grande de San Pedro español y sus alrededores, comparando –cuando sea posible– con otros puntos frontera gobernados desde Buenos Aires.
Conceptos de análisis
El Río Grande de San Pedro había sido establecido por los portugueses en 1737. Su finalidad –como también la de otras poblaciones portuguesas cercanas, surgidas en el periodo– era asegurar la presencia lusitana en la región. Debía además auxiliar al control portugués sobre su importante y estratégica plaza comercial de Colonia del Sacramento que, desde 1735, estaba sitiada por los españoles. Río Grande surgió así como presidio militar ubicado en una península a la entrada del canal de acceso a una laguna llamada Laguna de los Patos.[3] En 1747, habiendo cobrado relevancia en la zona, Río Grande fue declarado villa por el rey portugués. Aunque contara con esta nueva condición, siendo sede de una cámara local, no dejó de ejercer significativo rol defensivo y de base para el avance lusitano sobre la región.

Recorte de Plano que comprehende desde el Río de la Plata… Se observan la ubicación de la población y el cuartel principal en una península. Se identifican también las posiciones portuguesa y española en el lugar antes de 1767.
Fuente imagen: ARCHIVO Cartográfico de Estudios Geográficos del Centro Geográfico del Ejército. Colección PCGE. Ar.J-T.9-C.3-8.Las campañas de Cevallos, en 1762-1763 y en 1777, balizan el inicio y el final de la presencia española en Río Grande. Sin embargo, mientras estas operaciones militares son muy conocidas para quienes estudian la segunda mitad del siglo XVIII en la región del Río de la Plata, poco lo es el periodo español en Río Grande de San Pedro (1763-1776). Si bien desde los primeros estudios que discuten los grandes temas de las demarcaciones, conflictos y tratados hispano-portugueses por sus dominios en América (Arana, 1937; Barba, 1988; Ravignani, 1938; Fortes, 2001; Docca, 1954; César, 2002) se mencione la ocupación del lugar, pocas obras pusieron más atención a ese espacio y período de modo conjunto. O sea, lo que se detecta en la historiografía es que no tantos trabajos profundizaron el estudio de lo que se puede denominar Río Grande de San Pedro español: los años de ocupación e incorporación a los dominios de España.
El origen militar del Río Grande español marcó la mayoría de los no tan numerosos estudios sobre el tema. Escritos en castellano o en portugués, comparten el haberse enfocado en el conflicto luso-español, centrándose en acontecimientos políticos-diplomáticos y/o, principalmente, militares. El hecho de que el espacio analizado corresponda actualmente a diferentes territorios nacionales determinó los recortes y abordajes elegidos en estos estudios y, en algunos casos, marcó incluso las narrativas. Además, sus perspectivas e interpretaciones de los hechos variaron, en parte según el análisis de documentos oficiales producidos por una u otra corona ibérica,[4] lo cual marcó posicionamientos en la disputa. Los clásicos trabajos de Jônathas da Costa Rego Monteiro (1979)[5] y el estudio introductorio de Campaña del Brasil (Archivo General de la Nación), firmado por Ismael Bucich Escobar (1941), son ejemplos de este modo de entender y explicar el Río Grande español.
Trabajos posteriores ofrecieron nuevos aportes al observar el conflicto hispano-portugués por el Río Grande de San Pedro entre 1763-1776 y la formación de las territorialidades americanas, aunque sin innovar mucho respecto a las perspectivas de análisis (Alden, 1961,1968; Barreto, 1979b, 1979a; Soares, 1979; Abadie-Aicardi, 1980). Ya en las últimas décadas, renovaciones historiográficas marcaron los estudios regionales argentinos y brasileños y, especialmente los últimos, pusieron atención, desde nuevas perspectivas y metodologías, al amplio espacio del Río Grande en el siglo XVIII. Con ello, surgieron valiosísimas contribuciones con respecto a, por ejemplo, su economía, al proceso de ocupación del espacio, a sus gentes y otras temáticas. Empezó a considerarse todo tipo de relaciones e interacciones hispano-portuguesas en la región, pero, en la mayoría de los casos, la presencia española en el Río Grande de San Pedro aún aparece como telón de fondo.
Los estudios más recientes que tienen la villa y sus alrededores como recorte espacial con frecuencia utilizan los años de 1763 y de 1776 como marco de inicio o final de los recortes temporales elegidos (Queiroz, 1987; Hameister, 2006; Marques, 2018), mientras que las pocas obras recientes que observan el lugar en el periodo español todavía se centran en el conflicto (Israel, 2007; Golin, 2015).[6] De este modo, se detecta que poco se desarrolló acerca de qué fue el Río Grande de San Pedro español, su realidad y sus características, incorporando los recientes aportes historiográficos.
El presente artículo busca hacer un breve panorama sobre el proceso de incorporación del Río Grande de San Pedro a la gobernación de Buenos Aires.[7] Se dialoga con las clásicas historiografías precedentes, pero partiendo de los conceptos e indagaciones propuestos en las historiografías regionales más recientes (en portugués y en español) para superar las lecturas estrictamente militares y conocer un poco más en detalle el Río Grande español y sus alrededores. A la luz de los conceptos de territorialización y de equipamiento político del territorio (Moraes, 2008; Barriera, 2013, 2019), se busca contestar qué carácter tuvo Río Grande al ser incorporado a la monarquía hispánica e identificar de qué modo este proceso tomó forma.
Con los conceptos recién mencionados, y utilizando documentos del gobierno local y regional,[8] en las siguientes páginas se presentan y discuten los términos en que se dio la consolidación del poder español y de sus instancias de gobierno sobre el área[9]. Se analizan también las características generales que tuvo el lugar a lo largo del proceso, comparando –cuando sea posible– con otros puntos de frontera gobernados desde Buenos Aires. Para terminar, se desarrollan las etapas del proceso y se presentan las características específicas que cobró en el Río Grande de San Pedro durante cada una de ellas.
La incorporación del Río Grande de San Pedro
Río Grande de San Pedro no fue fundado ni establecido por súbditos españoles. En 1763, estos ocuparon un lugar que los portugueses habían establecido, en 1737, como presidio, ubicado en una península a la entrada del canal de acceso a la llamada Laguna de los Patos. Con la finalidad de asegurar, en conjunto con otras poblaciones que establecieron en el mismo periodo, la presencia lusitana en la región, el origen de Río Grande estuvo, además, vinculado directamente al rol de auxiliar al control portugués sobre su importante y estratégica plaza comercial de Colonia del Sacramento.[10] Con este significativo rol defensivo y de base para el avance lusitano sobre la región, el presidio militar original, en pocos años, también cobró características de población.
En sus primeros años, el presidio de Río Grande estuvo a cargo de un gobernador local,[11] hasta que una carta régia de 1747 concedió la condición de vila al lugar. De modo similar a las leyes de Castilla, la consolidación por la vía municipal, significaba la conformación de un espacio de ejercicio político del gobierno local, la câmara. En el caso riograndino esto ocurrió en 1751, con lo que este concejo pasó a compartir el gobierno del lugar con la autoridad previamente existente.[12] Entonces se pusieron en marcha todos los procedimientos necesarios para otorgar al lugar la condición de vila, lo que implicó, siguiendo las prácticas de la corona portuguesa, la definición de la jurisdicción del lugar, del trazado urbano, bien como la demarcación y distribución de lotes de tierra para los vecinos (Lessa, 2024). En este contexto, Río Grande de San Pedro se convirtió en la vila más austral de la América portuguesa.
En el año de 1760, Río Grande se convirtió en capitanía subordinada a la de Rio de Janeiro, pero se mantuvo la organización de gobierno local que se había instalado en la década anterior. Tres años después, poco antes de la campaña española, y con la cámara aún actuante, el gobernador de Río Grande pasó a obedecer las órdenes del virrey del Brasil. Al saber que se acercaban las tropas españolas, las autoridades lusas locales dejaron la población de Río Grande y, entre 1763 y 1773, la cámara pasó a realizar sus sesiones en Viamão. En 1773, el concejo se trasladó a Porto Alegre, de donde nunca volvería a Río Grande. Aun con esta itinerancia, el concejo siguió siendo considerado câmara de Rio Grande y las poblaciones que la recibieron no se convirtieron en villas hasta el siglo XIX. (Comissoli, 2008; Kühn & Comissoli, 2013).
Según estudio de Aluíso Gomes Lessa, el cambio de condición de Río Grande de San Pedro (1747-1751) fue resultado tanto de la creciente importancia que cobró la región, como de una política de creación de vilas llevada adelante por la corona de Portugal entre 1730 y 1760. La opción por la vía municipal (como concesión real por medio de sus representantes, como los ouvidores), sostiene el autor, demuestra que la instalación de câmaras y la oficialización del poder de grupos locales fueron “parte essencial do processo de incorporação de territórios” (Lessa, 2024: 161; 291).
Así, al instalarse, los españoles lo hicieron sobre la estructura urbanizada y los espacios correspondientes al Río Grande de San Pedro portugués, los cuales, aunque incipientes, sirvieron de punto de partida para la jurisdicción española. Se incorporaron recursos remanentes del período portugués y, aunque la vila de Río Grande no cobró la magnitud de otras poblaciones americanas (lusitanas o españolas), los documentos consultados delinean que el ordenamiento urbano del lugar durante los años de gobierno español fue coincidente con el identificado en descripciones del periodo portugués (ver, Imagen ).[13] Sobre este ordenamiento tuvo lugar el gradual proceso de territorialización y de delimitación práctica de su jurisdicción ocurrido a lo largo de los trece años de ocupación.

Sin embargo, no se puede decir que hubo continuidad en el modo de instalación del equipamiento político: si bien Río Grande de San Pedro portugués fue una vila donde se instauró su cámara, tales disposiciones reales no se reprodujeron en el Río Grande español y el lugar no fue villa a lo largo del ese período. Estas afirmaciones llaman la atención teniendo en cuenta, por un lado, las prácticas españolas específicas de ocupación y conquista del territorio americano (Areces, 2000; Morse, 1987; Navarro Garcia, 1994; Socolow, 1992; Fradkin & Garavaglia, 2016; Barriera, 2019) y las conocidas similitudes, en su constitución y características, entre ambos procesos ibéricos. Estos aspecto y considerados los paralelos espaciales antes señalados sugieren que así pudiera haber ocurrido entre 1763 y 1776. Por otro lado, el hecho de que una serie de núcleos urbanos de la región fueron declarados villas en la segunda mitad del XVIII (Navarro Garcia, 1994; Areces, 2000; Fradkin & Garavaglia, 2016: 111-112; 140; Tejerina, 2018) es otro motivo para que aquí se discutan las posibilidades de que lo mismo haya ocurrido en Río Grande en su periodo español.
No obstante, estos aspectos y el frecuente empleo del término “villa” en los documentos españoles, para referirse a Río Grande, no se identificó que el lugar efectivamente haya gozado del título. Principalmente, tampoco se identificó la conformación de cabildo en el lugar – corporación de vecinos, con atribuciones jurisdiccionales, políticas y militares (Morelli, 2000: 261-265; Barriera, 2013: 135-157; Fradkin & Garavaglia, 2016: 136-137; Tejerina, 2018). Pero, si retomamos las denominaciones utilizadas en los documentos para referirse a Río Grande, se identifica otra que también es acorde a las políticas de ocupación y defensa vigentes en la región en esos mismos años (y que seguiría ganando importancia en los inicios del virreinato): puesto de frontera sede de una comandancia.[14] Las características identificadas en el lugar indican que la condición de comandancia de frontera es la más adecuada para explicar lo que fue el Río Grande de San Pedro español y de qué modo se incorporó a la monarquía.
El carácter militarizado del Río Grande de San Pedro español es aspecto resaltado ya por los primeros estudios sobre el lugar. Se debe a que las áreas vinculadas a las actividades militares, como el cuartel o las guardias que lo componían, son las que regularmente aparecen asociadas a los hechos relatados. No obstante, de la revisión de las fuentes se observa que además de estos, la jurisdicción de Río Grande estaba compuesta por otros espacios que, si bien estaban de algún modo vinculados a la actividad militar, no tenían esta única naturaleza o función. Se identifican así, también garantizando la pervivencia del lugar, algunos núcleos de pobladores, tierras aledañas productivas, etc.[15] Esto, que por un lado presenta una realidad riograndina más compleja que la identificada en la mayoría de la bibliografía referente, corresponde, del mismo modo, a la realidad identificada para otras comandancias de la región rioplatense.[16]
También caracteriza a la comandancia de Río Grande que el gobierno y comando local estuvo bajo responsabilidad de un comandante militar de frontera (y, durante los últimos años, de una junta militar). Este concentraba funciones políticas y judiciales, paralelamente a las militares, siendo jefe de las fuerzas armadas dispuesta en el lugar. El comandante militar gobernaba así tanto a la mayoría de residentes militarizados (de fuerzas regulares y milicianas), como a la minoría de residentes “paisanos” (llamados frecuentemente “isleños”).[17] Las características expuestas se explican mucho en razón al conflicto inminente de la zona, como respuesta a las tensiones y disputas luso-españolas, y donde el enemigo distaba a pocas leguas. Sin embargo, entiendo que sumado a eso, también sugiere que el Río Grande estuvo bien inserto en las políticas desplegadas en el periodo dentro de la gobernación de Buenos Aires.
En la segunda mitad del siglo XVIII, las regiones de frontera fueron uno de los principales escenarios de la política de formación de núcleos de asentamiento (poblacionales, militares o misionales) y de establecimiento de autoridades locales subordinadas a la Corona. En la región del Río de la Plata, la territorialización del poder ganó aún más consistencia, como política de poblamiento, ocupación y control de fronteras, en el marco de las reformas defensivas propuestas en la década de 1760. Las fronteras de Buenos Aires no fueron la excepción, donde surgieron tanto reducciones, como poblados y villas con fines defensivos;[18] su porción sur o la zona del río Salado, por ejemplo, tienen casos bastante estudiados y donde se conformaron en la época varias comandancias militares cuyas características encuentran paralelos con las expuestas para el caso riograndino (Néspolo, 2006; Alemano & Carlon, 2009; Ortelli, 2012; Alemano, 2016).
Aun así, la comandancia de Río Grande presenta algunas particularidades respecto a la mayoría de sus equivalentes de la campaña de Buenos Aires en las décadas de 1760 y 1770. Río Grande, no contó con fuerzas propias locales, sino que los individuos militarizados presentes eran integrantes de tropas regulares y de milicias originarias de otras zonas de la gobernación. Su defensa tampoco dependió de una milicia de vecinos del lugar, la cual se identifica fue reclutada en solo dos oportunidades específicas.[19] La defensa de Río Grande se mantuvo con los residentes llevados desde otras partes de la gobernación para aquella frontera en la condición de integrantes de las tropas al servicio del Rey, que en razón de esto permanecieron allí por períodos de diferentes duraciones. Por ejemplo, las milicias de Santa Fe estuvieron presentes desde la expedición de ocupación hasta la evacuación del lugar en 1776 (en 1774 no solo los de la ciudad se hallaban en Río Grande, sino también las del partido del Rincón y las del partido de Coronda),[20] así como las tropas regulares de Buenos Aires y las milicias de indios de las misiones; los milicianos del pago de La Matanza llegaron recién en 1775.
Mientras que en otras comandancias rioplatenses la mayoría de los encargados de la defensa eran agentes de las milicias de vecinos, en el Río Grande español el número de tropas regulares siempre fue superior a las demás del lugar y al correspondiente al mismo grupo en otras fronteras. Con la ausencia de espacios de autogobierno, Río Grande se caracterizó por la falta de una élite consolidada que pudiera concurrir al juego político con estos militares regulares y sus superiores, gobernantes del lugar. La élite anterior (portuguesa) había huido en 1763, con el acercamiento de las tropas de España, y tampoco se identifica la acción directa de agentes de otros cabildos de la región en Río Grande. De este modo, los militares a quienes el gobernador Cevallos encargó el comando del lugar no necesitaron negociar o ceder ante un poder con peso a lo largo de la territorialización del gobierno en el lugar, como ocurrió en otras zonas. Además, para el puesto de comandante se eligieron militares peninsulares de alto rango que fueron asistidos en las tareas por sus subordinados jerárquicos inmediatos. El capitán del Regimiento de Infantería de Buenos Aires, don Joseph Eusebio de Molina, primer oficial a entrar a la localidad recién ocupada (1763), fue en seguida ascendido a teniente-coronel. Este hombre fue quien por más tiempo desempeñó la función de comandante de la frontera de Río Grande de San Pedro.[21]
Las particularidades expuestas se entienden, por un lado, por el contexto específico de Río Grande: primero, la muy reciente ocupación y territorialización española; segundo, ser una frontera en disputa no con indígenas, sino con otra corona europea que, además, tenía un campamento que distaba pocas leguas. Aunque contaba con algunos de los elementos base de vilas y villas (pudiendo haber sido categorizada así), ese contexto específico parece haber pesado y la condición de comandancia de frontera garantizó por trece años la presencia española en la zona.
Por otro lado, los aspectos identificados para la comandancia de Río Grande de San Pedro lo colocan dentro del proceso de militarización del Río de la Plata, sin embargo, de un modo distinto al miliciano señalado en la mayoría de las fronteras de la gobernación. Mientras, dichos aspectos lo acercan al modelo de militarización aplicado a lo largo del siglo XVIII en la contigua zona de la Banda Oriental. En esta zona de la gobernación, la oposición a los portugueses (con el sitio a Colonia del Sacramento y la defensa de Montevideo y Maldonado) exigió significativa militarización que, en los años aquí analizados, se caracterizó por el predominio numérico de tropas regulares sobre las milicianas (Areces, 2000; Djenderedjian, 2003; Luque Azcona, 2007: 47-49; Fradkin, 2009: 100-101; Tejerina, 2018: 55-56; Vassallo, 2024: 14-22). En el proceso de militarización del Río de la Plata, la forma identificada en Río Grande puede pensarse como vinculada a lo que Vassallo denomina “‘giro montevideano’ de la política defensiva rioplatense” (Vassallo, 2024: 14-22).
Asimismo, las características identificadas en el Río Grande de San Pedro español lo muestran inserto en las políticas regionales de reestructuración de las defensas, implementadas a partir de la década de 1760. En ese contexto de militarización de la región se entienden las acciones sobre la frontera de los pueblos guaraníes con los portugueses (Barriera & Godicheau, 2020), y así también se entiende la atención sobre Río Grande y su ocupación. Su papel de defensa supera lo meramente militar y se relaciona con el movimiento regional de adaptaciones burocrático-militares en la organización ya existente. Raúl Fradkin sostuvo que la vida política se militarizó de modo que “la reorganización borbónica asignó un lugar relevante a lo militar y la Corona privilegió a los oficiales de alta graduación para reclutar sus principales funcionarios” (Fradkin, 2009: 77). Las comandancias militares de frontera fueron ejemplos concretos.
La ocupación de Río Grande de San Pedro (así como, antes, la de Colonia del Sacramento y los fuertes de Santa Teresa y San Miguel) ocurrió en el contexto de la Guerra de los Siete Años. Como despliegue en territorio americano de la entrada de Portugal a la guerra, el gobernador Cevallos emprendió la campaña militar que resultó en la conquista española de dichos lugares. En el curso de la campaña militar de 1762-1763, al ocupar Colonia del Sacramento, don Pedro de Cevallos propuso:
“… sería conveniente al servicio de VM elegir para cada uno de estos tres puestos [Colonia del Sacramento, Montevideo y Maldonado] uno de los capitanes de la tropa de esta provincia, que conservando la compañía y dándole el grado de teniente-coronel con el sueldo de dos mil pesos mandase en el, precediendo el juramento de fidelidad acostumbrado con el título de comandante y subordinado en lo militar y político al gobernador y capitán general de la provincia, del mismo modo que lo están los tenientes de gobernador de las ciudades de Santa Fe y Corrientes, pero con la distinción de que la elección de ellos la haya de ser de S.M., a quien el gobernador de la provincia deberá proponer los que juzgare más a propósito, sin que tenga facultad de nombrarlos sino interinamente en caso de ausencia o de muerte, ni tampoco de quitarlos sino por causa muy grave, con la precisión de dar cuenta de ella a S.M.”[22]
Sacramento, sabemos, se devolvió a los portugueses, pero la presencia española en Río Grande que relatamos anteriormente se estableció en los moldes propuestos por Cevallos. El gobierno de Río Grande de San Pedro se organizó como comandancia, donde su responsable tuvo amplias atribuciones. Sin la acción directa de los poderes intermedios, el comandante del lugar estuvo subordinado “en lo militar y político al gobernador y capitán general de la provincia”; el capitán don Joseph de Molina, primero a quien se le encargó la tarea, obtuvo promoción a teniente-coronel.[23]
En las décadas que siguientes al periodo español el Río Grande otras fronteras del Río de la Plata cobrarían cada vez más aspectos parecidos a este modelo, en especial con las reformas implementadas en el gobierno de don Juan Joseph de Vértiz (Alemano & Carlon, 2009: 22), seguido de la creación del virreinato. Concretamente, al finalizar 1770 y a lo largo de 1780, se establecieron una serie de comandancias de frontera donde se les concedió el mando y gobierno a militares españoles graduados, con formación en academias militares (Abásolo, 2005; Fradkin, 2012: 256). En varias es posible rastrear la actuación de agentes que, una o dos décadas antes, se encontraban en Río Grande.[24]
Las etapas de la presencia española en Río Grande
Podríamos considerar que el Río Grande de San Pedro obtuvo la condición de comandancia de frontera en el momento en que el gobernador Pedro de Cevallos encargó a don Joseph de Molina la defensa y mantenimiento del lugar. La fecha del hecho es el último día de agosto de 1763, cuando, a pocos meses de la conquista de Río Grande, Cevallos debió dejar el lugar y redactó al capitán Molina órdenes para ejecución de la tarea.[25] Sin embargo, sostengo que la consolidación del control español sobre Río Grande, tal cual expuesto en el apartado anterior, fue un proceso que se extendió a lo largo de los trece años de ocupación. Esta territorialización del poder se dividió en tres etapas, que estuvieron intercaladas por eventos militares que impusieron a la administración, local y regional, la necesidad de reformular sus estrategias para lograr extender su presencia en el lugar y garantizar la continuidad el proceso de territorialización. A lo largo de estas etapas ocurrió la instalación de los instrumentos y de las realidades que permitieron y garantizaron su gobernabilidad del lugar.
Primera etapa
El primer momento se extiende de 1763 a 1766-1767, correspondiendo al periodo de entrada española al espacio y, así, de inicio de la territorialización. Estuvo marcado en sus primeros años por la indefinición de la tenencia del lugar en los acuerdos resultantes de la paz de París[26] y de fin de la expedición de 1762-1763, a la vez que por la tenencia efectiva por parte de los agentes de la corona de España. La presencia de estos últimos en aquella frontera se garantizó también por un Convenio de límites firmado en Río Grande, con el objetivo de “conferir, y declarar los términos de una y otra parte en esta Frontera mientras nuestras respectibas Cortes enteradas de este convenio no dispusieren otra cosa”.[27] Además de marcar el modo como ocurrirían las relaciones hispano-portuguesas en aquella frontera (en tono de amistad y no en beligerancia),[28] el Convenio aseguró una espacialidad, en la que ocurrió la familiarización e incorporación gradual de los recursos del lugar (abandonados por los portugueses), bien como la instalación de las instancias de gobierno local.
En este período el Río Grande de San Pedro español estaba formado por la península, en donde se ubicaba la población y cuartel principal. Lo componían también una serie de puntos en los alrededores no muy distantes (en ambos márgenes del canal), que eran subsidiarios al gobierno de aquellos señalados de la península. La condición militarizada de Río Grande está en su origen (todavía en periodo portugués) y estaba vinculada a uno de los propósitos del lugar a lo largo de los trece años de ocupación española. Debía protegerse y defender a la provincia de los intentos de avance portugués hasta el Río de la Plata, así que algunas estructuras que lo componían tenían carácter esencialmente militar, vinculados a la defensa del lugar. A estas guardias, baterías, cuarteles y fuertes se sumaban otros espacios que proveían las condiciones materiales para que los primeros cumplieran su función de defensa, tal como las islas cercanas, donde se obtenían maderas, o las estancias reales, donde se criaban y preservaban vacas, bueyes y caballos.
Además de estos espacios, al Río Grande de San Pedro español también lo integraban una serie de otros en la zona que no tenían función específicamente militar. O sea, las funciones de estos sitios no se vinculaban directamente a la defensa, pero sí a la cotidianeidad y supervivencia, como los existentes en cualquier otro asentamiento (militarizado o no) de la provincia. Entre estos se encontraban, por ejemplo, las concentraciones de población y las estancias donde se llevaban a cabo la explotación por particulares. Cabe resaltar que estas categorías de espacios que constituían a la jurisdicción del Río Grande de San Pedro no eran independientes, e, incluso, que muchos de estos lugares combinaban varios tipos de tareas. Sus acciones fueron complementarias y, en su articulación, ayudaban al papel de Río Grande como puesto defensivo de frontera, aun los no exclusivamente militares.
Esta diversidad de lugares que componían la jurisdicción de Río Grande de San Pedro español tiene origen en los espacios ya existentes en el Río Grande portugués. Está presente desde los primeros momentos de la ocupación y con referencias a espacios preexistentes, pero se detecta que a lo largo de los años de esta primera etapa cada vez más elementos son referidos en esta diversidad y más espacios son identificados con los del tiempo lusitano. Esto no significó un aumento respecto al Río Grande portugués, sino más bien demuestra que el control y presencia española, aunque sin deliberación de las coronas, no parece temporaria y, en un proceso natural de asentamiento, se hizo gradualmente más compleja. Con el transcurrir de estos años iniciales, nuevos espacios fueron realmente ocupados, utilizados y explotados (y registrados), a la vez que se identifica que gradualmente se da origen al equipamiento político del territorio.
Una embestida portuguesa en mayo de 1767, aunque no tuvo el resultado esperado por sus ejecutores (o sea, recuperar totalmente el Río Grande de San Pedro), marcó un cambio en el proceso español. El saldo de la operación militar fue la toma portuguesa de toda la porción del Río Grande de San Pedro español que se encontraba en el otro margen del canal y río. De ese modo, la llamada Banda Norte quedó en manos portuguesas mientras que la porción principal, en los márgenes al sur, permaneció jurisdicción española. Desde ese momento el río pasó a ser un límite concreto que separaba los espacios de ambas coronas ibéricas en el lugar. Y así permanecería hasta el final del periodo español. Estos hechos no alteraron las intenciones españolas de permanecer en esa frontera, sin embargo, les demandó la reelaboración de los planes de defensa del lugar y de la región, bien como del modo como consolidar allí su presencia.
Segunda etapa
Así comienza la segunda etapa de la presencia española en Río Grande, desarrollándose entre 1768-1773. A este periodo el historiador Dauril Alden denominó años de impasse (Alden, 1968) en razón del aumento de la tensión con los portugueses, quienes intensificaron su avance y sus actividades económicas sobre la región, tanto por agua como por tierra. Durante estos años, los portugueses buscaron consolidar y mantener varias poblaciones y posiciones militares en la región,[29] y también formar estancias para el ganado. En Río Grande, los españoles actuaron de modo parecido. En la reelaboración de su estrategia puede verse la continuidad de la defensa del lugar y su consolidación jurisdiccional en la zona. Al mismo tiempo, intentaron expandir su dominio en esta frontera.
Después del ataque de 1767, la estrategia reelaborada por los españoles consistió, inicialmente, en fortalecer y consolidar su presencia en el espacio que efectivamente ya controlaban en Río Grande de San Pedro. Reforzaron las defensas, aumentaron el control y afianzaron, a la par, sus posiciones en agua y en tierra. Áreas un poco más alejadas de la costa y del núcleo central también recibieron más atención que antes, donde medidas militares fueron acompañadas por el incremento de dispositivos que permitieron el mejor gobernar el lugar y controlar la circulación. Estos cambios, en conjunto, resultaron en una mayor articulación de una serie de guardias y, así, la consolidación de una especie de cordón defensivo que cubría norte, sur y oeste. De ese cordón hacia el río, se encontraba el Río Grande de San Pedro español: cuarteles, guardias, población, ejido y demás entornos rurales. En estos espacios se identifica cada vez más que su definición y división espacial no era apenas militar, sino también social y política.
Son algunos los indicadores que demuestran el incremento de las tecnologías que permitieron el gobierno y control español, que señalan una explotación más compleja de los recursos del lugar y que marcan el mayor entrelazamiento de los diferentes aspectos de la vida en el Río Grande durante el cambio de década de 1760-1770. Se realizaron registros de familias y conteos de residentes más elaborados; se propuso la transferencia de soldados con familias con objetivo de poblar el lugar; disputas entre los agentes de la espada y los de la cruz reiteraron la prevalencia de los primeros sobre los demás sectores de la sociedad local; la identificación de un significativo número de comerciantes, cuya presencia en Río Grande había sido estimulada por autoridades de Buenos Aires, y que poseían vínculos comerciales con esa capital, con Montevideo y en aquella frontera. Principalmente se identifica que, en la política post-1767, las medidas de agua y tierra se complementaron para proteger los recursos y controlar la zona.[30] Afianzar la presencia española posibilitó la continuidad de la territorialización y del equipamiento político sobre el espacio resguardado por el cordón defensivo de guardias consolidado en ese segundo periodo.
Esta jurisdicción efectiva se diferenciaba de aquella sostenida en discursos ante los portugueses, y el análisis de los documentos de gobierno local señala que a medida que se alejaba de ese cordón, en la dirección norte y oeste, el control español se veía gradualmente reducido.[31] Pero, si bien lo que caracterizó la mayor parte de esta segunda etapa del Río Grande español no fue la significativa ampliación del espacio ocupado, el afianzamiento de la presencia en Río Grande permitió la ejecución de una expedición. Entre 1773 y 1774, las fuerzas de la gobernación a cargo de don Juan Joseph de Vértiz, gobernador de Buenos Aires y comandante de los ejércitos del rey, marcharon sobre la porción noroeste de la jurisdicción riograndina[32], con el objetivo de sacar a los portugueses de los terrenos que habían ocupado en aquellos “años de impasse”. Tanto los significativos refuerzos que partieron de Río Grande, como la consolidación jurisdiccional en el lugar y el conocimiento allí obtenido fueron importantes en la campaña. Aunque el objetivo general de la operación se logró por muy corto plazo, para Río Grande fueron dos las consecuencias. Por un lado, nuevas guardias y puestos fueron agregados a la jurisdicción, ampliando un poco el espacio ocupado (Santa Tecla fue la más importante). A la vez, el resultado de la operación determinó una nueva reformulación de estrategia para el lugar, lo cual marca el pasaje del segundo para el tercer momento de la ocupación española en Río Grande.
Tercera etapa
El tercer y último periodo, que abarca de 1774 hasta 1776, estuvo marcado importantes transformaciones. Por primera vez el mando del lugar dejó de ser ejercido por un solo comandante (rol hasta entonces ocupado por don Joseph de Molina) para ser gobernado por una Junta de Guerra. Más que un simple episodio, con esta estrategia se buscaba gestionar mejor la defensa articulada de los diferentes sectores de aquella frontera. Desde 1774 se acentuó todavía más el proceso ya puesto en marcha de fortalecimiento del gobierno y el control español dentro de la jurisdicción riograndina. En la estrategia reelaborada a partir de la última expedición (y en razón del creciente número de fuerzas portuguesas que se enviaban a la zona),[33] preservar el Río Grande de San Pedro se insertaba aún más en los planes de defensa regional.
De manera general, los planes de mantener el control sobre Río Grande buscaban, por un lado, su conservación y la de sus recursos, por los beneficios presentes y futuros que podían obtener ello. Por otro lado, consideraban la potencial ocupación efectiva de toda la jurisdicción riograndina (ampliación del control español) y la protección que ofrecía a la provincia. Este último objetivo se acentúa en esta tercera etapa española y el lugar pasó a cumplir principalmente la función de resguardar los recursos de la gobernación de Buenos Aires y los pasos hacia su interior. Con este papel más definido de contención del avance portugués, a partir de 1774, el Río Grande de San Pedro pasó a ser destino un creciente número de fuerzas españolas provenientes de diferentes zonas de la provincia. Esto solo se vería interrumpido en abril de 1776 cuando un ataque portugués resultó en la entrega de Río Grande.
Habían pasado poco más de diez años del inicio del periodo español en Río Grande y su presencia en el lugar –a lo largo de las tres etapas aquí señaladas– se pretendía permanente. Mucho se había hecho, militar o diplomáticamente, para defenderlo, mantenerlo y gobernarlo. Los intereses sobre Río Grande eran variados y, también, mucho se había hecho para defender, mantener y gobernar su jurisdicción y sus gentes. Los últimos tres años de la presencia española en Río Grande no fueron diferentes a las etapas anteriores en ese aspecto, aun cuando las condiciones demandaron reelaboración de estrategias.
Conclusión
Ahondar el análisis demuestra que el empeño puesto en la territorialización y en el equipamiento político de Río Grande presentado en estas páginas resultó no solo en su integración política, sino también económica y social a la gobernación de Buenos Aires. Un ejemplo es la transferencia de contingentes militares gestionada por la comandancia para la defensa del lugar, la cual aunque no resultó en una política concreta de traslado de familias o de estímulo al poblamiento, si representó la instalación de contingentes humanos de manera más o menos permanente. No pocos se instalaron a residir permanentemente en Río Grande, aun cuando para allí hubiesen sido transferidos desde las diferentes zonas de la gobernación para cumplir sus labores en las tropas del rey. La incorporación política posibilitó a la vez que, a lo largo de los trece años de gobierno español, el Río Grande se consolidara como dinámico espacio económico[34]. Los intercambios que allí se realizaron, muchas veces estimulados por los responsables del gobierno, poseían alcance regional y los comerciantes identificados en el lugar tenían conexiones con las principales poblaciones de la gobernación.[35]
Más allá de lo recién ejemplificado, despliegues de la incorporación del Río Grande de San Pedro a la monarquía española, en las páginas de este artículo se buscó exponer las bases de este proceso, consecuencia de la conquista del lugar por una de las campañas del gobernador don Pedro de Cevallos (1762-1763). Con la propuesta de dejar los aspectos militares como telón de fondo, se pudieron observar en este proceso, otros elementos del gobierno y de la gobernabilidad que caracterizaron el lugar entre los años de 1763 y 1776. Entre estos elementos, se presentó el gobierno español de Río Grande conformado como comandancia militar de frontera y, como tal, conjugaba lo militar y lo no militar bajo la figura de un mismo comandante. Identificar esta condición permitió identificar las características que la comandancia de frontera cobró en Río Grande y posibilitó también insertarlo en la región y gobernación.
Considerar al Río Grande de San Pedro español como comandancia de frontera, aunque pueda parecer algo lógico debido al conocido carácter militarizado del lugar, permite, en un nivel más práctico y local, ver cómo se administró y gobernó el lugar a lo largo de los trece años. Esto también supera lo aparente al posibilitar comparaciones con el periodo portugués precedente. Así, hemos identificado que el Río Grande español se diferenció del portugués al no obtener la condición de villa, aun cuando existiesen paralelos entre estas instituciones ibéricas y cuando las condiciones preestablecidas para ello pudieran haberlo posibilitado (tanto en lo espacial como, cabe destacar aquí, en el origen militarizado del Río Grande portugués).
Por otro lado, de las comparaciones se pudo ver también los vínculos del periodo español con el portugués, donde el primero se consolidó aprovechando e incorporando los espacios y recursos que ya se habían estructurado antes de 1763. Esto permite ir más allá de la imagen de ruptura y separación entre ambos periodos tradicionalmente remarcada en la historiografía. Entender al Río Grande de San Pedro del modo propuesto en este artículo, en lugar de atribuir naturalezas completamente diversas entre su “condición portuguesa” y su “condición española” impuestas por el cambio de dominio de coronas, posibilita proponer más bien una comprensión de especificidades de cada periodo.
Reconocer al Río Grande de San Pedro español como comandancia de frontera permite, además, comprender por qué el control español sobre el lugar se extendió por trece años. Si bien los aspectos militares posibilitaron en gran medida su existencia, al considerarlos dentro de la comandancia, también se identifica que la duración del gobierno fue garantizada por la labor conjunta de militares con elementos y agentes diversos. Tener en cuenta estas realidades, situaciones y agentes más diversos, bien como su accionar, hace posible “dar un poco más de color” al espacio y a las relaciones en el y con el entabladas. Con esto, la tradicional imagen del soldado esperando por trece años el ataque enemigo cobra algo más de movimiento. Tales características y condición, en un nivel más regional, asemejan al Río Grande de San Pedro español a otras fronteras: muestran cómo su integración a la monarquía resultó en una respuesta similar a las de otros puntos de la gobernación, y como estos y Río Grande se vinculaban.
Con las tres etapas en las que se consolidó la presencia española en Río Grande queda identificado que, a lo largo de los trece años, se emplearon esfuerzos y se sostuvo el interés en mantener el control sobre el lugar. Momentos como la ofensiva portuguesa de 1767 resultaron, en lo que respecta a las medidas españolas en y para Río Grande, en el fortalecimiento del gobierno y control dentro de la jurisdicción. Resaltar esto aquí permite decir entonces que, los esfuerzos (de todo tipo) colocados en Río Grande muestran que su ocupación no fue fortuita y que tampoco fue ocasional la presencia española en el lugar por el periodo de trece años, aspectos que pueden llegar a entenderse de algunos estudios tradicionales. Mirar a la presencia española en Río Grande como algo más que una toma y ocupación ejecutada y mantenida por defensa derechos reales o, hasta, por el capricho de un gobernador enemistado con los portugueses, coloca al lugar como espacio de ejecución de una serie de proyectos (políticos, económicos, sociales, etc.) que tuvieron alcance y coordinación a nivel regional. Algunos de estos proyectos pudieron ser pensados de antemano, otros, en el transcurrir de los trece años de presencia española en el lugar.
Más que esto, proponer a Río Grande (actualmente, Brasil) como espacio de pretensión, acción y ejecución de estos proyectos, significa también ubicarlo como objeto de análisis desde la perspectiva de la historia regional, buscando superar los marcos nacionales con los que fueron estudiados el Río Grande de San Pedro español/portugués. Se propone con ello un acercamiento entre ambos periodos de la localidad. Esto es posible también al poner en diálogo las historiografías regionales y, así, contribuir a pensar la frontera que surge en el Río Grande de San Pedro como una frontera más de la gobernación de Buenos Aires.
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