Dossier: Comunidades laborales portuarias en Iberoamérica: entre el puerto y el barrio.

 

La dirección de Avances  no deseaba concluir este último número del año sin dejar de pensar que el mismo termina con una significativa pérdida, la de alguien que formó parte durante años del espacio que dio origen a esta Unidad Ejecutora y a este proyecto editorial: Elida Sonzogni.

La figura de Elida se vincula estrechamente con nosotros a partir de la recuperación democrática de 1983 y se convierte con el tiempo en una interlocutora, compañera y colaboradora imprescindible hasta hace unas semanas. Pocas veces en la vida y en nuestra profesión alguien encuentra un par en el diálogo, en la crítica, en la reflexión, en la visión de un mundo compartido… Porque eso fue para nosotros Elida Sonzogni a lo largo de estos casi treinta y seis años, toda una vida en la que los intercambios intelectuales caminaron paralelos a los afectivos.

Desde 1985 comenzamos a pergeñar con Elida y Ricardo Falcón un proyecto de Historia Regional que fructificó institucional y académicamente, el de Cuestión Regional- Estado Nacional. Santa Fe, 1850-1950, conocido como el CURENA . Este dio origen primero, al Centro de Estudios Regionales (CESOR), y luego, a la Unidad Ejecutora sobre Investigaciones Socio-Históricas Regionales (ISHIR). Nuestra revista, originada en el CESOR en 1998- de allí su nombre- expresaba en su tapa una de las sensaciones que nos producía el arduo camino por transitar: el devenir del hombre hasta erigirse como Homo Sapiens.

El desafío siempre fue abrir caminos, construir y allí estaba Elida con su aporte, con su compromiso que excedía el campo intelectual y se volcaba en el debate político institucional, mostrando a las nuevas generaciones caminos, experiencias, constancia, coherencia.

Veníamos de experiencias duras que nos habían marcado e hicimos de la democracia un valor que pensábamos posibilitaría  muchas de las alternativas que a nuestras generaciones se les habían enajenado. Salimos juntas no pocas veces a la calle o hacia los ámbitos públicos de debates ante las amenazas a ese nuevo orden y trabajamos codo a codo por incluir, por estimular, por abrir caminos a esos jóvenes que buscaban su lugar en el mundo desde la cátedra, desde los órganos de gestión de la Escuela de Historia, desde el Consejo Directivo de la Facultad o en las Asambleas Universitarias.

En todos esos ámbitos Elida se movía con soltura, no pocas veces haciendo uso de una ironía fina que descolocaba a los adversarios circunstanciales. Pero también lo hacía cuando íbamos a los archivos- donde solíamos bromear sobre actores y situaciones del pasado como si los estuviéramos viendo operar- o en los largos días en que escribíamos a cuatro manos nuestros artículos compartidos. Tiempos de ponernos al día con los debates, de ajustar nuestros conceptos, de pergeñar líneas de investigación en los viajes, en las reuniones durante nuestro tiempo libre, en los encuentros cotidianos.

Siempre hemos creído que cuando alguien se va debemos recuperar su mirada, sus risas, los momentos compartidos y agradecer el haberlo hecho. Posiblemente, porque transitamos el mundo de  Federico Fellini, consideramos que tenemos la obligación de “recordar con amor- Amarcord” y en este caso, fundamentalmente, recordar que el compromiso y la coherencia con una manera de vivir que la caracterizó, debe operar como una referencia significativa en los días por venir.

Marta Bonaudo

Publicado: 2019-12-04