ARTÍCULOS LIBRES

La organización del movimiento obrero durante el primer peronismo (1946-1955): nucleamientos sindicales y centrales obreras 1

The organization of the labour movement during the first Peronism (1946-1955): union groupings and workers centrals

 

Gustavo Nicolás Contreras

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Universidad Nacional de Mar del Plata
Argentina
gustavoke@hotmail.com


Resumen

El artículo se propone estudiar la estructura organizativa del movimiento obrero durante el primer peronismo (1946 - 1955) enfocando la observación en las centrales obreras y los nucleamientos sindicales que estuvieron vigentes en el período. Es decir, se interesa por describir, analizar y reflexionar sobre las estructuras agregadas que aglutinaron a trabajadores, organizaciones sindicales (de primer y segundo grado) y militancias político-sindicales. Ciertamente, durante el primer gobierno peronista, existió una constante diversidad de alternativas político-sindicales y de estructuras organizativas que estimularon la vida asociativa y militante en el movimiento obrero, demandando constantemente de los protagonistas iniciativas, creatividad, disputas, enfrentamientos, resolución de conflictos, acuerdos, alianzas, propuestas, debates, acciones públicas, propaganda, confrontación, etc. En este sentido, el artículo destaca la heterogeneidad que siguió existiendo, más allá, del predominio peronista, al mismo tiempo que enfatiza que su visualización es importante para comprender la dinámica del sindicalismo de la época.

Palabras Clave: Movimiento obrero; Sindicalismo; Nucleamientos sindicales; Centrales obreras; Peronismo

Abstract

The article aims to study the organizational structure of labour movement during the first Peronism (1946 - 1955). It is focused on the worker centrals and the union groupings that were in force during this period and it proposes to describe, analyze and reflect about the aggregate structures that agglutinated workers, union organizations (first and second grade) and political and trade union activists. During the first Peronist government, there was a constant diversity of political and trade union alternatives and organizational structures. These stimulated the associative and militant life into the labour movement and encouraged protagonists to carry out initiatives, creative actions, disputes, oppositions, conflict resolutions, agreements, alliances, proposals, debates, public actions, advertising, confrontation, etc. In this sense, the article highlights the heterogeneity that continued existing further the Peronist predominance. At the same time, it emphasizes that its visualization is important to understand the dynamics of trade union of the period.

Key Words: Labour movement; Unionism; Union groupings; Worker centrals; Peronism


Introducción

Las investigaciones dedicadas al estudio de la participación de los trabajadores durante el primer gobierno peronista (1946-1955) se multiplicaron en la última década. Un punto importante para comprender su proliferación remite a los pocos conocimientos historiográficos que existían sobre el tema, dado que los análisis iniciales se centraron en el origen del vínculo entre gran parte del movimiento obrero y la figura de Perón y los años precedentes a este acercamiento. Otro motivo de su crecimiento puede rastrearse en la emergencia de nuevas preocupaciones historiográficas, las que fueron derivando en cambios de enfoques. Sintéticamente, podríamos decir que los últimos trabajos se interesan más por el movimiento obrero que por el peronismo, se inquietan más por los momentos conflictivos que por los procesos de regimentación verticalista impulsados desde el Estado y se ubican, temporalmente, en la década de gobierno más que en los orígenes del peronismo. En estas coordenadas se sitúa el presente texto.
El artículo se inscribe en dos proyectos de investigación dedicados al estudio de la Confederación General del Trabajo (CGT) durante el primer peronismo.2 Como parte de esta indagación, propone reconocer las centrales obreras y los nucleamientos sindicales que estuvieron vigentes en el período citado, dado que estos agrupamientos conformaron el marco de referencia ineludible para la actividad político-sindical del movimiento obrero. Es decir, el texto procura describir, analizar y reflexionar sobre las estructuras agregadas que aglutinaron trabajadores, organizaciones sindicales y militancias político-sindicales, al mismo tiempo que les brindaron un sentido orientador general de innegable influencia.
El planteo del tema responde a una hipótesis inicial que presupone que, durante el primer gobierno peronista, existió una constante diversidad de alternativas político-sindicales y de estructuras organizativas que estimularon la vida asociativa y militante en el movimiento obrero, demandando constantemente de los protagonistas iniciativas, creatividad, disputas, enfrentamientos, resolución de conflictos, acuerdos, alianzas, propuestas, debates, acciones públicas, propaganda, confrontación, etc. La observación desde este ángulo pondera el “activismo” en el movimiento obrero durante toda la década del primer peronismo frente a las perspectivas que sólo hicieron hincapié en la conciliación de clases o en la pasividad producto del estatismo, el burocratismo y la obsecuencia; conciliación y pasividad que sólo era alterada en ocasiones por la acción político-partidaria de minoritarios sectores antiperonistas que actuaban “desde afuera” en el movimiento obrero.
El análisis, de esta manera, parte de la discusión con dos imágenes que entendemos predominantes en las interpretaciones del tema. Una señala que el movimiento obrero organizado sindicalmente se hizo peronista y se encuadró en su conjunto en una CGT obsecuente y burocratizada que respondía verticalmente a los designios de Perón y que en esta disposición se convirtió en una correa de transmisión de las decisiones del gobierno hacia el movimiento obrero, predominando su carácter disciplinador y desmovilizador. En este sentido, no sería más que una “maquinaria administrativa al servicio del líder”. La otra indica que, aunque marginales, existieron otras militancias político-partidarias en el movimiento obrero, las que ganaron relevancia estratégica en los procesos de huelgas, por ejemplo, pero que sólo utilizaron el ámbito laboral o sindical para emprender acciones cuyo único objetivo era generar y estimular movimientos de oposición política contra el gobierno y el Estado. Es decir, los militantes opositores en tanto agentes políticos “ajenos” al movimiento obrero “aprovechaban” algún malestar que transitaban los trabajadores para desarrollarlo y transformarlo en una acción política antiperonista.
Sostendremos que estas dos imágenes predominantes, que a su vez se complementan, deben ser revisadas, y en esta misma tarea debemos continuar repensando la historia del movimiento obrero durante el primer peronismo. En este primer acercamiento al estudio se priorizaran tres ejes. Primero, situaremos, brevemente, el planteo del tema propuesto en el marco historiográfico que le da sentido y en el que pueden cobrar relevancia sus posibles aportes. En segundo término, se relevarán sucintamente, las características principales de los nucleamientos sindicales y las centrales obreras que accionaron durante el período. Por último, se pretende avanzar en una reflexión motivada por esta primera exploración y su cruce con los conocimientos historiográficos sobre el tema, para finalmente hacer un planteo de próximas tareas investigativas a desarrollar.

Cuestiones de interpretación

La interpretación académica inicial, acuñada por Gino Germani, sobre la participación de los trabajadores en los orígenes del peronismo ubicó uno de sus ejes explicativos más importantes en la distinción entre “viejos” y “nuevos” obreros. Esta fragmentación sociológica derivó directamente en diferentes comportamientos psicosociológicos y político-sindicales. Así los “nuevos” fueron visualizados como la base social del peronismo, mientras que los “viejos”, fieles a sus tradiciones previas, se habrían mantenido en el antiperonismo.3
Contrariamente, los revisionistas de este planteo germaniano hicieron hincapié en la unidad sociológica que en gran medida mantuvo el movimiento obrero en los orígenes del peronismo. Se destacó, de este modo, la experiencia conjunta frente a la explotación económica y la exclusión política, la importancia de las estructuras sindicales en la organización y movilización de los trabajadores y la preponderancia de una estrategia reformista que guiaba al sector mayoritario del movimiento obrero.4
Sobre este trasfondo, los revisionistas de las tesis de Germani para comprender los orígenes del peronismo recuperaron el protagonismo imprescindible de los sindicatos del período preperonista, al mismo tiempo que reconocieron que las disputas entre distintas tendencias político-sindicales (socialismo, sindicalismo, comunismo, anarquismo, radicalismo) se desarrollaron sobre un movimiento obrero con ciertas características comunes. Es decir, sin dejar de reconocer esta diversidad de tendencias político-sindicales que pujaban por la conducción del movimiento obrero, fueron destacadas las características comunes generales que serían importantes en la vinculación del movimiento obrero con el peronismo: una tendencia propia hacia la burocratización, la búsqueda del Estado como mediador para negociar, la consolidación de “la vieja guardia sindical” como interlocutora principal del movimiento obrero organizado frente al Estado, las patronales y los partidos políticos, cierto oportunismo para manejarse en el plano político, la creciente intención de participar como grupo social en los asuntos políticos del país, una identificación con el nacionalismo, por nombrar las características más referidas.5
Lo cierto es que la argumentación de una significativa homogeneidad en el comportamiento del movimiento obrero ha logrado que la tesis de Germani, que ponía el énfasis principal en la división entre nuevos y viejos obreros, fuera consistentemente rebatida. Las tendencias generales marcadas por sus revisionistas han delimitado una efectiva interpretación sobre la participación de los trabajadores en los orígenes del peronismo. Demostrado su potencial para explicar la vinculación del sindicalismo y del movimiento obrero con el peronismo, la idea de unicidad fue prolongada para los años de gobierno, aunque desde 1946 sostenida por el encuadramiento cegetista y el férreo control de Perón desde el vértice del Estado. El peronismo aprovechaba muchas de las tendencias desarrolladas por el movimiento obrero en la década del ´30 que le eran convenientes para su proyecto, al mismo tiempo que se deshacía de una “vieja guardia sindical” con pretensiones de autonomía y de unas militancias de izquierda, desde ese momento minoritarias, que insistían con planteos alternativos. La homogeneidad se continuaba y se reconstruía desde entonces desde arriba y desde el poder, aprovechando los recursos del Estado: económicos, organizacionales, políticos y policiales.
En esta interpretación del proceso, los comunistas, socialistas, anarquistas y sindicalistas que no se “pasaron” al peronismo tendieron a desaparecer o a realizar hechos de oposición política tan minoritarios como marginales. La misma suerte corrieron los peronistas que pretendieron mantener su autonomía político-sindical. Los casos de Luis Gay y Cipriano Reyes han sido citados infinidad de veces para ejemplificar esta imposibilidad. Se estaba totalmente de acuerdo con Perón y a su disposición o se estaba afuera, en el ostracismo político-sindical. Autonomía obrera, activismo y peronismo se tornaron términos incompatibles en la interpretación predominante.
La proyección de esta imagen, sin embargo, ocluyó otras prácticas desarrolladas por ciertos sectores del movimiento obrero durante la época y, sobre todo, su activación dinámica, conflictiva y tendenciosa. Lo cierto es que continuaron los conflictos entre el capital y el trabajo, no pudo ser suspendida la lucha de clases, ni desaparecieron las disputas entre tendencias político-sindicales. Así, encontramos que las atribuidas homogeneidad, conciliación y pasividad son veraces en ciertos aspectos, pero se tensionan con no pocas aristas del proceso, como lo muestran algunos resultados que en la última década proveyeron distintos análisis históricos de caso.6
Nuestra indagación, entonces, parte de la duda respecto de la imagen que perfiló la silueta de un movimiento sindical monolítico y bajo el férreo control del Estado a partir de 1947.7 Por lo tanto, consideramos necesario volver a “fragmentar” y “conflictuar” analíticamente el panorama sobre el accionar, las asociaciones y el pensamiento del movimiento obrero, aunque sobre ejes renovados. En esta decisión apostamos por abrir posibilidades para reconocer distintas parcialidades intestinas, diversos comportamientos, disimiles posicionamientos, puntos encontrados. La visualización de cierta pluralidad, tan constante como conflictiva, al interior del movimiento obrero podrá volver a dinamizar una historia que parece apagarse a principios de 1947 al ser resumida a los designios de Perón y el encuadramiento cegetista. En última instancia, como mencionó Julio César Melon Pirro, peronismo y movimiento obrero se excedían recíprocamente.8
Señalaremos, pues, la importancia de recuperar la permanencia en el campo gremial de variadas militancias sindicales no peronistas así como otras que se enmarcaban dentro del peronismo.9 A su vez, es interesante relacionar estas militancias con nucleamientos sindicales y centrales obreras alternativas que entroncaron lineamientos programáticos comunes que se fueron expresando en el accionar puntual de activistas de diversas ramas de actividad.
Los estudios de caso realizados en la última década muestran que, en gran parte de los gremios analizados, la hegemonía correspondió a los peronistas, sin embargo ello no implicó que dejaran de activar distintos lineamientos al interior del peronismo ni otras militancias no peronistas. Comunistas, socialistas, radicales, anarquistas y sindicalistas mantuvieron su presencia, por lo menos, en comisiones internas de fábrica, cuerpos de delegados y comités de huelga; incluso, en algunos casos actuaron en las comisiones directivas de los sindicatos. Sus actividades y proclamas tuvieron incidencia en ciertos procesos y sus consignas entraron en consideración por parte de distintos sectores de los trabajadores, en muchos casos peronistas, sobre todo en momentos conflictivos.10
La hegemonía institucional y político-sindical fue, sin lugar a dudas, del peronismo pero por momentos se generaban conflictos, debates y dudas en parte de los trabajadores y allí encontraban terreno favorable diversas prédicas, aunque no sea más que parcialmente. Las centrales obreras y los nucleamientos sindicales fueron los espacios fundamentales de organización y acumulación de fuerzas para sostener y orientar los diferentes grupos político-sindicales que actuaban y militaban en cada lugar puntual. Lo cierto es que esta diversidad en estado permanente de competencia y disputa estimuló la activación obrera de la época, que se manifestó en numerosos conflictos laborales y político-sindicales. Lejos estaríamos entonces de la imagen de monolitismo y pasividad que domina las interpretaciones iniciales sobre la participación obrera en el período.

Centrales obreras alternativas y nucleamientos sindicales

La CGT dirigida por los peronistas sería la única central obrera reconocida legalmente luego de sancionada la Ley de Asociaciones Profesionales el 2 de octubre de 1945. Muchos autores entendieron que en ese acto se conformó el unicato sindical.11 Pero es seguro que allí no se constituyó una estación en la que se detuvo el movimiento obrero durante una década, sino que se delimitó aún más un proceso, acentuando fuertemente una tendencia, que tal vez nunca lograría plasmarse cabalmente. No hay dudas que con esta disposición se favoreció la unificación y centralización de los sindicatos, perspectiva que se venía perfilado desde la etapa preperonista. Sin embargo, la centralización y unificación, así como el afianzamiento de la hegemonía peronista en el gremialismo, entendidas en tanto “tendencias”, no habrían impedido que otras orientaciones político-sindicales mantuvieran paralelamente programas y entidades político-sindicales propias, al mismo tiempo que continuaban disputando posiciones de poder al interior de las estructuras del movimiento obrero organizado, incluyendo la propia CGT.
Lo cierto es que durante la década peronista podemos corroborar el accionar de nucleamientos sindicales y centrales obreras de carácter no peronista: el Comité Obrero Argentino para el Sindicalismo Independiente, el Movimiento Pro-Independencia y Democratización de los Sindicatos, la Federación Obrera Regional Argentina, la Federación Anarco-Comunista Argentina y la Unión Sindical Argentina (luego reorganizada en la Confederación General de Gremios Marítimos y Afines). De igual modo, debe ser destacado el proyecto de la Confederación del Personal Civil de la Nación en pos de conformar una central obrera peronista alternativa a la CGT, o, en otra versión de su intento, de construir un nucleamiento sindical que una vez acumulada suficiente fuerza podría hacerse con la dirección de la CGT.12 A su vez, aunque sin pretensiones de constituirse en central obrera ni en nucleamiento sindical, deben contabilizarse un número importante de sindicatos “autónomos”, muchos de los cuales se reconocían en el peronismo pero preferían mantenerse autónomos de la CGT y otras centrales obreras. La federación de la carne es un claro ejemplo de esta opción.13
En este universo heterogéneo, la CGT tuvo que pelear para constituirse como una central obrera única, aglutinante del conjunto del sindicalismo y portadora de la hegemonía peronista en el movimiento obrero. No es un dato menor que, a principios de 1950, cuatro de los 12 sindicatos más importantes del país (personal civil de la nación, docentes, marítimos y frigoríficos), se desarrollaban por fuera de la CGT, estando por lo menos tres de ellos identificados fuertemente con el peronismo. Este distanciamiento, por otra parte, no les impidió sostener buenas relaciones con el ejecutivo nacional ni a éste con ellos. Tampoco es ocioso mencionar que en las importantes huelgas ocurridas entre 1949 y 1951, varios agrupamientos sindicales no peronistas tuvieron fuerte ascendencia en las comisiones de huelga, en los cuerpos de delgados y en las comisiones internas que impulsaron, junto a sectores de trabajadores peronistas, estos conflictos laborales de significativas repercusiones económicas, sociales y políticas. La misma situación pudo observarse en las huelgas de 1954.
Las caracterizaciones, por parte del ejecutivo nacional y de las autoridades de la CGT, de los huelguistas no peronistas como “infiltrados” y “agentes antipatrias”, y de los huelguistas peronistas como grupos de peronistas “disfrazados” o “confundidos”, lejos de aportar respuestas contundentes, abren un abanico amplio de interrogantes sobre el tema.14 Sostendremos que el reconocimiento y análisis de los nucleamientos sindicales y las centrales obreras que tuvieron presencia en el período nos pueden brindar claves interpretativas para comprender con mejores herramientas aquel proceso histórico. En lo que sigue, nos detendremos sintéticamente en la enumeración de algunas de sus características más importantes y distintivas.

El Comité Obrero Argentino para el Sindicalismo Independiente (COASI)

Ya a mediados de 1945, los sindicalistas vinculados al Partido Socialista (PS) y a la oposición habían impulsado un Comité Pro Central Obrera Independiente, que en diciembre de ese año se reuniría en su primer congreso.15 Este encuentro podría considerarse un antecedente en la fundación del COASI, impulsado en 1947 por militantes predominantemente vinculados al PS. Nuestro registro señala que su incidencia se hizo notar fuertemente en varios gremios, destacándose su presencia en ferroviarios y gráficos, donde su activación fue significativa en las huelgas ocurridas entre 1949 y 1951. Sin embargo, su influencia llegaba sin dudas a otros gremios en los cuales se habían desarrollado sus militantes desde antes que emergiera el peronismo, como empleados de comercio, municipales, textiles y madereros, por ejemplo. Varios de sus dirigentes más importantes se exiliaron en Uruguay. Así, el COASI trasladaría su dirección a Montevideo y desde allí editaría, desde 1952, el Boletín del COASI. Su dirigente más destacado en el exilio fue Jesús Fernández, quien fuera en su momento presidente de La Fraternidad. Otros dirigentes relevantes fueron Alfredo Fidanza (calzado) y Cándido Gregorio (textiles) así como Ernesto Morier, Alfredo Ferreira y José E. Soria (FOGRA-Gastronómicos).
El COASI, a su vez, tuvo representación internacional en la Confederación Internacional Obrera de Sindicatos Libres (CIOSL), la cual fue fundada en Londres en 1949, y en la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT). En su periódico mostraron interés por el modelo sindical norteamericano encarnado por la American Federation of Labor-Congress of Industrial Organizations (AFL-CIO).16 Con posterioridad al año 1951, la denuncia en congresos y conferencias internacionales se mostró como una de sus actividades principales, donde desprestigiaban a la CGT y pedían apoyo para luchar contra el totalitarismo peronista.17
En términos generales, su planteo, en el plano económico, radicó en el combate contra la carestía de la vida y, en lo político, se concentró en la lucha contra el totalitarismo de Perón y por la libertad de los presos políticos.18 Su accionar táctico en el ámbito sindical los llevó a coincidir con anarquistas y sindicalistas no peronistas, con quienes compartían un fuerte rechazo tanto a la negociación con un estado totalitario como a la intromisión de los partidos políticos en el ámbito sindical, comportamiento negativo que era reconocido en peronistas y comunistas, los que eran ubicados claramente en el campo del totalitarismo.

La Unión Sindical Argentina (USA) y la Confederación General de Gremios Marítimos y Afines (CGGMA)

Por su parte, la USA, refundada en 1937, mantuvo su vigencia como tal, por lo menos, hasta 1948. Innegablemente, la USA sintió el desgranamiento en sus filas producto del crecimiento de la CGT y de la migración hacia ésta de muchos de sus adherentes que se convirtieron al peronismo. Frente a este debilitamiento, su proyecto político-sindical fue revitalizado cuando los trabajadores marítimos, históricamente su gremio más importante, crearon una central obrera marítima independiente de la CGT, guiada por ideales sindicalistas. La CGGMA insinuaba sus intenciones desde su denominación como Confederación y a partir de referirse a la CGT como la “otra” central obrera. Tras esta orientación, desde 1948, editarían su propio mensuario: Congremar. 19
Su objetivo de mediano alcance era incorporar en sus filas a todos los gremios portuarios (marítimos, estibadores y constructores navales) donde su influencia era notable, y donde contaba con más de 70.000 afiliados. A su vez, entabló fuertes lazos con parcialidades que actuaban en la Federación Gremial del Personal de la Industria de la Carne, Derivados y Afines y la Federación Gráfica Bonaerense.20 Sus opositores gremiales eran los comunistas y los cegetistas, quienes en el sector se agrupaban en la Unión Obrera Marítima (UOM), la cual se encontraba bajo la conducción de estos últimos. La CGGMA se afilió a la Federación Obrera Internacional del Transporte (FOIT), y desde allí sus delegados defendieron una prédica principalmente anticomunista y rechazaron enérgicamente que la FOIT se sumara a la Federación Sindical Mundial (FSM) dirigida por los comunistas.
Su programa sindical proponía un reformismo progresivo y obrerista en el campo económico y una perspectiva político-sindical que combinaba la negociación económica con el gobierno peronista, con el que mantenía muy buenas relaciones, y el rechazo a la política y los partidos. Sin embargo, este fluido vínculo con el gobierno de Perón se tensionó con el inicio de la crisis económica de 1949 y la nacionalización de gran parte de la flota mercante argentina. En 1950, luego de que no fuera cumplido un acuerdo firmado con el Ministerio de Transporte, la CGGMA declaró la huelga general por tiempo indeterminado, situación en la que también hizo gala de sus relaciones internacionales, dado que la FOIT definió el boicot internacional a la flota mercante argentina. Los comunistas y los cegetistas, cada uno por su cuenta, los criticaron duramente. Finalmente, la huelga fue derrotada y la CGGMA fue intervenida por la CGT y redenominada como Asociación Marítima Argentina (AMA). La dirección quedo en manos de los cegetistas, pero puede sospecharse que la militancia sindicalista, dado su enraizamiento, continuó en niveles intermedios y de base.21

La Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y la Federación Anarco-Comunista Argentina (FACA)

En la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) podemos encontrar otra central obrera que al mismo tiempo también actuaba en el período estudiado como nucleamiento sindical en varios gremios. Las páginas de Organización Obrera expresaron su orientación. Su desgranamiento era una tendencia constante desde la segunda década del siglo XX, no obstante, lejos de desaparecer, la FORA seguía estimulando grupos militantes en distintos sindicatos y en algunos gremios menores ejercía la dirección. La Federación Obrera de Constructores Navales (FOCN) seguramente fue la organización más importante que dirigieron en el período, aunque hasta 1951, cuando fueron derrotados en una huelga y la dirección quedó bajo control de los peronistas. De igual modo, tuvieron importante participación en gráficos, portuarios, marítimos, frigoríficos, panaderos y en gremios menores más vinculados a oficios: cloaquistas, pintores, albañiles, caldereros, electricistas navales, etc. Su mayor anclaje, dado que también era su terreno predilecto, estuvo en los sindicatos de oficio.
Por su parte, la FACA, fundada en los albores de los años ´30, se desarrolló fuertemente en el movimiento obrero desde inicios de la década del ´40. A diferencia de la FORA, abogaba por la organización de los sindicatos por rama industrial, y defendía una perspectiva más flexible para la militancia gremial, orientación que en ocasiones le permitía aceptar la negociación con el Estado, promover un acuerdo salarial parcial en el marco de una huelga y estimular la coordinación más fluida con otras corrientes político-sindicales. En este sentido, sus concepciones y prácticas eran más acordes a la tendencia general que primaba en el movimiento obrero de la época, y seguramente por ello su crecimiento en el primer lustro de la década del ´40 fue superior al de la FORA. No obstante, compartió con la FORA la caracterización del peronismo como totalitarismo, la oposición al comunismo por caracterizarlo de esta misma manera, su preferencia por la acción directa, la lucha contra la carestía de la vida y una sensibilidad antifascista, con crecientes tintes liberales, para criticar al peronismo. Entre sus dirigentes se destacaron José Grunfeld, Luis Danussi y Jacinto Cimazo. Su efectiva presencia durante todo el gobierno peronista se hizo evidente cuando luego del golpe militar de 1955 ocuparon posiciones de poder, formando parte de los 32 gremios democráticos, donde Grunfeld ocuparía, junto a Francisco Pérez Leiróz, la secretaria general.
Un reciente trabajo señaló que la FACA estimuló más de 350 núcleos militantes a lo largo y ancho del país.22 Su actividad se desarrolló a nivel de bases, en sindicatos locales, en las uniones obreras locales y provinciales así como dentro de distintos sindicatos nacionales y centrales obreras. Su presencia se dio, principalmente, en los gremios gastronómico, de la construcción, frigorífico, gráfico, de estibadores, de la madera, del pan, del papel y del pescado. También estuvo presente en metalúrgicos, textiles, transportes, comercio, cueros, rurales y navales. En los orígenes del peronismo su preferencia se dio por alinearse con los gremios denominados “autónomos”, dado que buscó diferenciarse del “burocratismo” de la CGT y la USA y el “sectarismo” de la FORA.23 Acción Libertaria fue el medio gráfico por el que expresaron sus ideas y lineamientos para sus militantes y simpatizantes.

El Movimientos Pro-Independencia y Democratización de los Sindicatos (MPIDS)

Luego del importante crecimiento de la militancia sindical orientada por los comunistas en la década del ´30,24 en 1946, después de la derrota electoral de la Unión Democrática, los gremialistas comunistas renunciaron a la dirección de los sindicatos que todavía conducían y optaron por “acompañar” a las masas peronistas, decisión sustentada en la necesidad de afianzar las mejoras obtenidas por los trabajadores y profundizar progresivamente las contradicciones sociales y políticas del proceso para desarrollar su propio programa. Finalmente, en 1949, crearon el Movimiento Pro Independencia y Democratización de los Sindicatos (MPIDS). Su figura principal fue el dirigente de la construcción Rubens Íscaro. Desde diciembre de 1949 editaron el periódico Unidad Sindical. A su vez, desde el Movimiento editaron periódicos por sindicato, destacándose: El obrero de la Construcción, Obreros del Vestido, El transmisor (telefónicos), Obreros Textiles, Art. 5° (madereros), La Voz de los Gráficos, La Breta (frigoríficos), El Obrero del Transporte, El Metalúrgico, Unión Lucha Gastronómica.25 Su influencia se hizo notar con fuerza en frigoríficos, ferroviarios, bancarios y metalúrgicos, aunque su presencia se extendió a casi todas las ramas de actividad. Algunas de sus figuras más destacadas fueron: Carlos Ímizcoz, Vicente Marischi, Eduardo Barainca, Jesús Mira, José Peter, Irma Othar.
Sintéticamente, el programa del MPIDS remitía, en lo económico, a pelear contra la carestía de la vida y, en lo político-sindical, a coincidir en las luchas con los sectores “más combativos” del peronismo para avanzar en una actuación conjunta anclada en las perspectivas más obrerista del programa reformista del gobierno tanto para tensionar sus contradicciones como para avanzar en la concreción de reivindicaciones sentidas por los trabajadores.26 Al mismo tiempo, en esta confluencia en la que se harían fuertes los militantes sindicales comunistas, buscaban debilitar a socialistas, anarquistas y sindicalistas en pos de convertirse en la segunda fuerza de importancia en el campo gremial. Su enfrentamiento con estas corrientes puede rastrearse por lo menos desde la década del ´30 y mucho tiene que ver con la apuesta por legitimar la actuación de los partidos políticos en los sindicatos, camino rechazado por las tres tendencias citadas y por un sector del peronismo. Por otra parte, el MPIDS criticaba la actuación de los “jerarcas” sindicales peronistas pero, a diferencia de los socialistas y anarquistas, rescataba la perspectiva de los “sectores peronistas combativos” con quienes emprendía acciones en conjunto o de apoyo. Esta diferenciación les reportaría resultados positivos en relación a su inserción en un campo gremial dominado por el peronismo, sobre todo en instancias basales. Resta aclarar que el MPIDS se afilió a la Federación Sindical Mundial (FSM) y a la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), fundada en 1938 y dirigida por el mexicano Vicente Toledano.27

La Confederación del Personal Civil de la Nación (CPCN)

Es interesante rescatar que existió otro nucleamiento sindical importante por fuera de la CGT, con ciertas pretensiones de central obrera, que llamativamente se identificó con el peronismo. Nos referimos al proyecto de la CPCN, en el que militaban, principalmente, peronistas y nacionalistas (y también peronistas nacionalistas). Su objetivo era agrupar a todos los trabajadores dependientes del Estado en una misma organización, y eventualmente, con suficiente fuerza acumulada, ingresar a la CGT y hacerse con su dirección. Nacida en 1947 del seno de la Liga Argentina de Empleados Públicos, se desarrolló hasta 1951 sin adherirse a la CGT y militó en cada una de las administraciones y empresas dependientes de la gestión estatal. Incluso, su prédica se extendió hacia aquellos espacios en los que ya existía un sindicato con personería gremial afiliado a la CGT, disputándole sus afiliados y su jurisdicción sindical. En los ministerios, en el ámbito docente, en la administración pública, en las empresas nacionalizadas, la CPCN desarrollaba su proselitismo, y en esta acción controvertida no dejaba de afirmar que contaba con el aval de las figuras principales del gobierno nacional.28
La CPCN, ciertamente, tenía como referentes principales a encumbrados miembros del gobierno y a un gran número de jerarcas estatales. No es un dato menor que el presidente Juan D. Perón fuera su afiliado número uno y orador de ocasión en sus actos y que el ministro de transporte, Juan F. Castro, fuera su presidente. La CPCN contaba entonces con un contundente apoyo del poder ejecutivo nacional. Sin embargo, pese a este respaldo, su proyecto entró en contradicción y conflicto con la perspectiva que defendía la conducción de la CGT y varios de sus sindicatos adheridos más importantes. La Asociación de Trabajadores del Estado y la Unión Ferroviaria, particularmente, hicieron punta en la oposición a la orientación de la CPCN y presionaron a la CGT, y desde la CGT, para que tomara cartas en el asunto. Los cegetistas percibían la acción de CPCN en términos de competencia y amenaza.
La disputa se fue tornando cada vez más clara y profunda, y hacia 1950 se hizo evidente que ambos sectores pugnaban por la conducción del movimiento sindical peronista en general. Así se fueron delimitando dos modelos gremiales, dos tipos de vinculaciones con el ejecutivo nacional y dos elencos dirigenciales diferenciados. Perón, por su parte, brindaba su apoyo a ambas parcialidades, pero no deja de ser un dato relevante su afiliación a CPCN y su estrecha vinculación con esta entidad competidora de la CGT y de varios de sus gremios afiliados. A su vez, no podemos pasar por alto que la CGT y sus sindicatos afiliados terminaron enfrentando el proyecto de los jerarcas estatales que conducían la CPCN. En el marco de la huelga ferroviaria de fines de 1950 y principios de 1951, la CGT presionaría a Perón para que aleje a Castro de sus cargos y se defina por un apoyo más claro hacia la central obrera. La CGT tuvo éxito en su pedido: Perón exoneró a Castro. Al poco tiempo intervino la CPCN y la incorporó a las filas de la CGT. Cuando esto sucedió se hizo notorio que la CPCN, redenominada Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), era el gremio con más afiliados del país, superando los más de 150.000 socios que tenía la Unión Ferroviaria. Dante Viel suplantaría al ex ministro de transporte en la secretaria general de la entidad.

La Confederación General del Trabajo (CGT)

Si no deja de ser llamativo lo poco que sabemos sobre los nucleamientos sindicales y los proyectos de centrales obreras que actuaron durante el primer peronismo, es aún más sorprendente lo poco que conocemos sobre el desenvolvimiento de la CGT durante el primer gobierno peronista, el cual está mucho más supuesto que estudiado.29 Su caracterización como una entidad pasiva al servicio del líder, como una maquinaria administrativa que respondía obsecuentemente a Perón, parece haber hecho innecesario su análisis.
¿Qué sabemos de la CGT? Nacida en 1930, fue la única central obrera reconocida con personería gremial por la Ley de Asociaciones Profesionales de 1945. Tendencialmente, durante el primer peronismo, fue agrupando al conjunto de los sindicatos legalmente reconocidos de cada rama de actividad, aunque recién desde el bienio 1950-1951 esta situación se fue plasmando con suficiente éxito. Su órgano periodístico fue CGT y a partir de fines de 1951 administró también el diario La Prensa, expropiado a comienzos de aquel año durante el desenlace de la huelga ferroviaria y el desarrollo de una huelga de vendedores de diarios, también conocidos como canillitas. Varios de sus dirigentes se desempeñaron como agregados obreros en las embajadas argentinas, facilitando su presencia en el ámbito internacional. Finalmente, a principios de la década del ´50, la CGT impulsó una central obrera justicialista continental, denominada Asociación de Trabajadores Latinoamericanos (ATLAS). José Espejo, sugerentemente, fue su primer secretario general.30
Sus vínculos con el gobierno encabezado por Juan Perón fueron fluidos, y mediante esa vía logró significativas mejoras y conquistas para los trabajadores. Muchos de sus dirigentes fueron ministros, diputados, senadores, intendentes, concejales y miembros del Partido Peronista. En este sentido, la CGT era también parte del gobierno y participaba políticamente. Esta situación le brindó importantes posibilidades para obtener resoluciones favorables en los conflictos contra las patronales, pero generó en muchas ocasiones tensiones internas dentro del movimiento obrero peronista entre ciertos sectores que priorizaban la defensa del programa del gobierno y aquellos que desde sus gremios ponían en primer orden demandas de corte sindical (sectoriales). Esta tensión se expresó en muchas de las intervenciones de la CGT en los conflictos laborales del período, donde en no pocas oportunidades actuó en conjunto con el Estado y sus fuerzas represivas para acelerar una resolución favorable para el gobierno del que eran parte, al mismo tiempo que enfrentaba a distintas tendencias político-sindicales que le disputaban espacios de poder y conducción, incluyendo otras tendencias peronistas.
Su actuación en la disputa con la CPCN, sin lugar a dudas, se contradice con la imagen tradicional que se construyó sobre la CGT. El caso muestra que en esta ocasión la dirección de la CGT no fue pasiva, ni obsecuente y que contaba con ciertas definiciones propias del modelo sindical peronista, aunque no haya sido más que para asegurar su propia continuidad como conducción. De hecho, en el marco de la huelga ferroviaria de fines de 1950 y principios de 1951, la CGT finalmente se impuso, derrotando a la Comisión Consultiva de Emergencia (en la que actuaban militantes de izquierda y peronistas disconformes con la dirección de la Unión Ferroviaria) y presionando efectivamente a Perón para que el coronel Castro fuera destituido de sus cargos y la CPCN fuera intervenida y afiliada a la CGT. En aquel episodio, la CGT se enfrentó a un movimiento huelguista organizado “desde abajo”, nacido en las seccionales y los cuerpos de delegados, y una apuesta “desde arriba” impulsada por funcionarios públicos y jerarcas estatales.
La situación nos indica que el sindicalismo durante el gobierno peronista mantuvo cierta vida interna activa, con disputas de tendencias y con querellas importantes por la definición de un modelo sindical y por su conducción. Perón no habría estado ajeno a estas refriegas pero sí estuvo lejos de ejercer un poder de decisión omnímodo. El caso del enfrentamiento entre la CGT y CPCN lo expresa claramente. En los frigoríficos, los ferrocarriles, los docentes, el sector metalúrgico, por lo menos, también encontramos competencia entre tendencias peronistas. Por otra parte, en el caso del gremio de la carne, la CGT no tuvo la dirección hasta mayo de 1950, y hasta entonces militó a través del “Movimiento Pro Incorporación del gremio de la carne a la CGT” para ganarle la conducción a peronistas “autónomos”. De igual modo, en el gremio marítimo impulsaron una entidad similar dado que no ejercían la dirección. Es decir, en algunos casos la dirección de la CGT actuaba también como nucleamiento sindical, coordinando agrupaciones sindicales en sectores en los que no ejercía la conducción. Recordemos que hasta 1951, cuatro de los doce sindicatos más numerosos del país se organizaban por fuera de la CGT, y que en los cuatro casos su incorporación se dio luego de fuertes procesos de lucha donde la CGT, finalmente, salió victoriosa.

Repensar las organizaciones obreras y la militancia sindical durante el primer peronismo

El peronismo, en términos generales, estimuló la organización de los obreros en sindicatos, el crecimiento de las asociaciones gremiales y enmarcó un momento propicio para las demandas laborales, las que fueron tramitadas por vía del conflicto y la negociación.
En cuanto al primer aspecto, se ha señalado que el sindicalismo durante el primer peronismo incrementó su cantidad de afiliados y su fuerza, y tendió a la unificación y la centralización. De todos modos, este proceso no fue lineal. Según los números del Departamento Nacional del Trabajo, en 1941, 356 asociaciones agrupaban algo más de 500.000 trabajadores (una media de 1.423 afiliados por sindicato). Pero para 1945, llamativamente, este promedio cayó a 545 afiliados por sindicato, dado que 969 entidades gremiales representaban a 528.523 trabajadores. Los sindicatos crecieron más que proporcionalmente respecto al incremento de los afiliados gremiales, incluso la cantidad de estos últimos se mantuvo estable. Para 1954 la tendencia era claramente la contraria: más de 1.500.000 afiliados se encolumnaron en 114 sindicatos (un promedio de 19.795 por entidad).31 Menos asociaciones agrupaban a más trabajadores sindicalizados. Esta centralización fue acompañada por un proceso de unificación y de hegemonía del peronismo en el movimiento obrero.
Frente a este panorama, es interesante analizar los resultados que surgen de cruzar estos datos con los que arrojan los indicadores referidos a conflictos laborales. La historiografía inicial sobre el tema percibió un creciente descenso de la participación de los trabajadores en las actividades sindicales y en la protesta laboral a medida que avanzaba la década peronista. Si observamos el número de huelgas, la cantidad de huelguistas y las jornadas perdidas corroboramos una tendencia pronunciada a la baja.32 Fue con estos registros que se le dio validez a la impresión de creciente pasividad y burocratización, donde la activación gremial se iría apagando, lentamente, luego de que el gobierno accediera en los primeros años a sus reclamos de carácter económico y aplicara un esquema autoritario y verticalista a medida que se consolidaba en el poder, desmovilizando la militancia obrera.
Sin embargo, pueden hacerse dos observaciones sobre esta tendencia de mediano alcance. Por un lado, el ciclo de protestas más importante según cantidad de huelgas, huelguistas y jornadas perdidas coincidió con el de mayor cantidad de entidades sindicales en escena (1946-1948). Es decir, cuanto mayor fue la cantidad de sindicatos cuantitativamente mayor fue el conflicto laboral. Esto medido en términos absolutos. Por lo tanto, se da una correlación positiva entre conflictividad gremial y organizaciones sindicales. Finalmente, a medida que pasan los años, las estadísticas indican que tiende a haber menos huelgas y menos cantidad de huelguistas, se pierden menos jornadas de trabajo y se realizan menos reuniones sindicales por año. Esta tendencia, a su vez, se relaciona con una caída de la cantidad de organizaciones sindicales.
Ahora, si cambiamos el eje y consideramos cada huelga, en términos relativos, como unidad de análisis, el panorama se modifica radicalmente. A medida que pasan los años tiende a aumentar la cantidad de huelguistas y las jornadas perdidas por cada huelga y de igual modo lo hace la cantidad de participantes en cada reunión sindical. Los salarios perdidos confirman la tendencia, lo mismo que el cálculo sobre participantes en todo tipo de conflictos. Podríamos decir que las protestas tienden a disminuir en cantidad y a incrementarse en calidad; tendencialmente cada año son menos las huelgas pero son más importantes y profundas. Podríamos arriesgar que son menos organizaciones pero más centralizadas y de mayor tamaño las que protagonizan las protestas sindicales. De igual modo, a juzgar por los salarios perdidos y los participantes en todo tipo de conflictos, se puede suponer una participación más amplia y una duración más prolongada de cada conflicto sindical. Las huelgas ferroviaria de 1950-1951 y metalúrgica de 1954 podrían ejemplificar esta tendencia con claridad.33
Con este trasfondo, en los grandes sindicatos podemos encontrar una correlación positiva entre conflictividad gremial y presencia de variadas militancias gremiales (orientadas por nucleamientos sindicales). En este sentido, es probable que se haya producido un cambio en el esquema organizacional del sindicalismo, en la dinámica de sus distintas escalas y en las características del conflicto laboral y no la plasmación de la armonía entre las clases, la desaparición de las militancias no peronistas del campo gremial y la definitiva pasividad, burocratización y obsecuencia de todos los sindicalistas peronistas.
Sostendremos que los nucleamientos sindicales coordinaron el universo fragmentado y disperso que conllevó el repliegue progresivo de los sindicalistas opositores a la dirección de la CGT hacia espacios de representación de base. Así, el trabajo sindical de militancias no peronistas y de peronismos disidentes, pese a su acción a escala reducida, pudo ganar relevancia a niveles más amplios. En cuerpos de delegados, comisiones internas de fábricas y comisiones de huelgas muchos de sus militantes eran referentes con buena llegada a sus compañeros de trabajo. Empoderados en las estructuras sindicales de base, plantearon demandas puntales y al mismo tiempo desarrollaron los lineamentos generales de su agrupamiento sindical, perspectiva que los ponía en sintonía con otras expresiones del mismo tipo y potenciaba su accionar en un plano más extenso. La edición de periódicos por parte de estas iniciativas sindicales se tornó fundamental a tal efecto. En las huelgas de textiles, metalúrgicos, gráficos, ferroviarios, marítimos, por nombrar las más destacadas, se pudo comprobar tanto su presencia como su ascendencia sobre sectores obreros amplios.
A su vez, el repliegue de las militancias no peronistas a instancias de representación basal fue complementado con la apuesta por espacios de encuentro y coordinación obrera de carácter internacional. Pronto la consideración de los organismos obreros internacionales también ganó relevancia para los peronistas. De hecho, la CGT fue impulsora del ATLAS, una organización continental que pretendía ubicarse en una tercera posición, entre la ORIT (CIOLS) y la CTAL (FSM). La pérdida de las conducciones nacionales de los sindicatos por rama de actividad desplazó las militancias no cegetistas a estos dos espacios para darle continuidad a su prédica y accionar. Esta permanencia explica que, luego del golpe militar de 1955, las distintas corrientes no peronistas se hayan rearticulado, rápidamente, en el ámbito sindical. Ello fue así porque estuvieron allí durante toda la década peronista.
La constante presencia activa de militantes vinculados a nucleamientos sindicales no peronistas o de peronismos disidentes de la dirección de la CGT, demandó de esta última, atención y acción. Si sus actitudes se hubieran resumido a la obsecuencia, la burocratización y la pasividad, sus apoyos basales podrían haber sido fuertemente corroídos. Tendencialmente la CGT pasó de las disputas por la conducción de sindicatos en los primeros años del gobierno peronista a la pelea por la dirección en los lugares de trabajo, donde corrientes no peronistas o de peronismos disidentes poseían cuotas de poder y capacidad de movilización. La progresiva reducción de la escala fue acompañada, a su vez, por la dispersión y por formas más clandestinas y disruptivas de las militancias no hegemónicas, favoreciendo sus posibilidades en un contexto en el que sentían un fuerte retroceso dentro del movimiento obrero a manos del peronismo cegetista.
En primera instancia, los estudios de caso de la última década, brevemente, referidos en apartados anteriores, podrían validar esta apreciación general. Nuestra hipótesis es que la presencia constante de un variado arco de militancias en el ámbito gremial estimuló la activación político-sindical en el movimiento obrero, que si bien se centralizó y unificó nunca llegó a ser unanimista. De este modo, la lucha intragremial fue una fuente tan importante para la dinámica del conflicto laboral y el asociacionismo obrero como la lucha entre el capital y el trabajo. Es que la lucha en el plano económico-social muchas veces es motorizada por luchas político-sindicales. La disputa entre tendencias por la dirección o por espacios de poder, sin dudas, estimula la actividad sindical y no la deja reposar en la pasividad. La lucha entre corrientes político-sindicales fue clara en episodios que tomaron carácter público (manifestaciones, elecciones, etc.) pero muchas veces estuvo larvada y como trasfondo de procesos conflictivos que fueron leídos sólo en clave de demandas salariales, de bases versus burocracia, de entidades locales versus organizaciones nacionales, por citar algunos ejemplos.

A modo de conclusión

Este breve punteo del perfil de las centrales obreras y de la activación de las corrientes sindicales que intervenían en el campo gremial durante el primer peronismo no es más que una introducción a un tema relevante que demanda ser estudiado con mayor profundidad. El planteo realizado en este artículo nos alerta sobre la heterogeneidad que siguió existiendo más allá del notorio predominio peronista. Su visualización, además, es importante para comprender la dinámica del sindicalismo de la época, donde las disputas y enfrentamientos entre tendencias animaban la militancia obrera.
La diversidad de militancias le dio un dinamismo constante al movimiento obrero y obligó a las distintas parcialidades a involucrarse, permanentemente, en la organización y la activación gremial. La tan anunciada como incumplida meta de la conciliación de clases mantuvo vigente la función de las organizaciones sindicales para impulsar demandas frente a los patrones, mientras que la existencia de múltiples nucleamientos sindicales malogró el objetivo unanimista de un sector del peronismo y estimuló la disputa entre ellos por conducir procesos, organizaciones y sus distintas instancias. De esta manera, la lucha económico-social, la lucha político-sindical y sus múltiples cruces mantuvieron al movimiento obrero activo.
Ahora, en el ámbito gremial, este activismo habría gozado de su propia lógica sindical, aun cuando son evidentes los vínculos de varias de las corrientes implicadas con partidos políticos y el Estado. A nuestro entender, se generó una falencia interpretativa cuando se le negó carácter político-sindical propio a una CGT que se suponía que sólo cumplía con los designios del Estado y del Partido Peronista o a una oposición sindical que sólo estaría abocada a los objetivos político-partidarios del antiperonismo.
Al utilizar esta lente interpretativa, las ciencias sociales descuidaron experiencias de militantes obreros no peronistas en las que se hizo un fuerte hincapié en la organización y la lucha sindical de los trabajadores como un objetivo en sí mismo. ¿Por qué pensar que sus demandas salariales, de garantía horaria, de escalafón, por ejemplo, eran sólo excusas  para emprender sus “verdaderos” (e “inconfesables”) intereses? ¿Acaso no se preocuparon también por cuestiones organizacionales y político-sindicales cuando se agruparon en nucleamientos sindicales o centrales obreras alternativas? Por otra parte, ¿la lucha por objetivos políticos o político-partidarios de un sector de la militancia obrera anulaba la posibilidad de emprender tareas gremiales como un fin con características propias? En todo caso, nos inclinamos por una perspectiva analítica que sostiene que en las organizaciones obreras, los distintos sectores participantes, en sus posicionamientos, defendían al mismo tiempo (con mayor o menor énfasis y jerarquizando objetivos), cuestiones económicas, organizacionales, político-sindicales, político-partidarias e ideológicas. De la manera en que articulaban sus convicciones en cada plano nacía su perfil. El mismo razonamiento podría ser aplicado para comprender a los trabajadores identificados con el peronismo, sobre todo cuando se ha distinguido un variado arco de fraccionamientos a su interior. Si no, ¿cómo entender sus diferencias?
Los resultados parciales obtenidos por las investigaciones sobre el tema en la última década habilitan la posibilidad de un cambio de enfoque y esto motiva, a su vez, nuevas búsquedas. Y ello más allá de que la pesquisa sobre la cuestión siga encontrando la limitación del acceso a las fuentes, tanto porque no siempre los trabajadores documentaron su accionar, como porque su militancia discontinua o semiclandestina en momentos y lugares determinados dificultó el registro por parte de otros actores (incluso cuando se lo propusieron explícitamente), como porque mucho del material que produjeron fue incautado por sucesivas requisas estatales y paraestatales.34
No obstante, este universo desgarrado e incompleto de fuentes puede ser todavía productivo, sobre todo si a partir de nuevas preguntas y miradas podemos encontrar o redescubrir materiales y/o datos antes descuidados o poco ponderados. En todo caso, es tan (más) importante la diagramación de nuevas coordenadas de investigación como (que) el reordenamiento del archivo. En este sentido, nuestro artículo fue pensado como un avance más en el planteo de una nueva agenda de investigación sobre la participación político-sindical de los trabajadores durante el primer peronismo.

Notas

1 Una primera versión de este trabajo fue presentada en las V Jornadas Nacionales de Historia Social, La Falda, 2015.

2 “La Confederación General del Trabajo (CGT) durante el primer gobierno peronista: prácticas gremiales, proyecciones institucionales y formulaciones políticas, 1946 – 1955”, PICT 2013 – 2276, Fondo de la Investigación Científica y tecnológica (FONCyT), y Trabajo, sindicatos y políticas laborales durante el primer peronismo: la CGT”, Universidad Nacional de Tres de Febrero.

3 GERMANI, Gino, Política y sociedad en una época de transición, Paidós, Buenos Aires, 1962.

4 DURRUTY, Celia, Clase obrera y peronismo,  Pasado y Presente, Córdoba, 1967; MURMIS, Miguel y PORTANTIERO, Juan Carlos, Estudios sobre los orígenes del peronismo, Siglo XXI, Buenos Aires, 1971; DEL CAMPO, Hugo, Sindicalismo y peronismo. Un vínculo perdurable, Siglo XXI, Buenos Aires, 2004; TORRE, Juan Carlos, La vieja guardia sindical y Perón, Sudamericana, Buenos Aires, 1990; HOROWITZ, Joel, Los sindicatos, el estado y el surgimiento de Perón 1930/1946, UNTREF, Buenos Aires, 2004; IÑIGO CARRERA, Nicolás, La estrategia de la clase obrera – 1936, La Rosa Blindada, Buenos Aires, 2004.

5 TORRE, Juan Carlos, La vieja guardia…, Op. Cit.;  DEL CAMPO, Hugo, Sindicalismo y peronismo…, Op. Cit.; HOROWITZ, Joel, Los sindicatos…, Op. Cit.; BAILY, Samuel, Movimiento obrero, nacionalismo y política en la Argentina, Hyspamerica, Bueno Aires, 1984 [1967]; MATSUSHITA, Hirotshi, El movimiento obrero argentino, 1930-1945: sus proyecciones en los orígenes del peronismo, Ediciones Siglo XX, Buenos Aires, 1983, DOYON, Louise, Perón y los trabajadores, siglo XXI, Buenos Aires, 2006 [1979]; GAUDIO, Ricardo y PILONE, Jorge, “El desarrollo de la negociación colectiva durante la etapa de modernización industrial en la Argentina, 1935-1943”, en Desarrollo Económico, Buenos Aires, 1983, Nº 90, pp. 255-286. Disponible en: <http://www.jstor.org/stable/3466471>

6 Una muestra significativa de los estudios de caso realizados en la última década por Omar Acha, Laura Badaloni, Gustavo Contreras, Fabián Fernández, Florencia Gutiérrez, Roberto Izquierdo, José Marcilese, Agustín Nieto y Marcos Schiavi fue compilada en el dossier “Los trabajadores durante los años del primer gobierno peronista, Nuevas miradas sobre sus organizaciones, sus prácticas y sus ideas”, introducción al dossier homónimo, junio de 2013. Disponible en: <http://historiapolitica.com/dossiers/trabajadores-peronismo/> [Consulta: 11 de septiembre de 2014]

7 Esta discusión fue expuesta en extenso en CONTRERAS, Gustavo Nicolás, “¿Apéndice estatal? La CGT durante el primer gobierno peronista: funcionamiento institucional y proyecciones políticas”, en ACHA, Omar y QUIROGA, Nicolás (coordinadores) Asociaciones y política en la Argentina del siglo XX, Prometeo, Buenos Aires, 2015.

8 MELON PIRRO, Julio César, El peronismo después del peronismo, Siglo XXI, Buenos Aires, 2009.

9 La permanencia en el campo gremial de militancias no peronistas y cierta diversidad en el activismo peronista puede seguirse en: CONTRERAS, Gustavo, Movimiento obrero, sindicalismo y política durante el primer gobierno peronista, Tesis Doctoral, Universidad Nacional de Mar del Plata, 2012 y en ACHA, Omar, Las huelgas bancarias en los tiempos de Perón y Frondizi, (1945-1962), Centro Cultural de la Cooperación, Buenos Aires, 2008; RUBINSTEIN, Gustavo, Los sindicatos azucareros en los orígenes del peronismo tucumano, UNT, Tucumán, 2006; GUINDI, Leticia, “La huelga de los trabajadores gráficos en 1949. Análisis particular de un conflicto gremial durante el peronismo”, ponencia presentada en IX Jornadas Interescuelas de Historia, Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 2003; FERNANDEZ, Fabián, La huelga metalúrgica de 1954, Centro Cultural de la Cooperación, Buenos Aires, 2005; SCHIAVI, Marcos, La resistencia antes de la resistencia. Las huelgas metalúrgicas y las luchas obreras de 1954, El Colectivo, Buenos Aires, 2008; IZQUIERDO, Roberto, Tiempo de trabajadores. Los obreros del tabaco, Imago Mundi, Buenos Aires, 2008; NIETO, Agustín, Entre anarquistas y peronistas. Los/as obreros/as del pescado en Mar del Plata, 1942-1966, Tesis Doctoral inédita, Universidad Nacional de Mar del Plata,  2012; SCHIAVI, Marcos, El poder sindical en la argentina peronista (1946-1955), Imago Mundi, Buenos Aires, 2013; MARCILESE, José, “El sindicalismo ferroviario durante el primer peronismo. El caso de la Unión Ferroviaria de Bahía Blanca”, ponencia presentada en, IX Jornadas Nacionales – VI Latinoamericanas Hacer la Historia, Universidad Nacional del Sur, Bahía Blanca, 2010; GUTIERREZ, Florencia y LICHTMAJER, Leandro, “Apuntes para una microhistoria del mundo azucarero durante el primer peronismo. El sindicato de obreros del ingenio Bella Vista (Tucumán, 1944-1949)”, ponencia presentada en Cuarto Congreso de Estudios sobre el Peronismo (1943-2014), Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 2014.

10 La Marcha por la Paz de agosto de 1950, nacida en los talleres de Pérez, es muestra significativa de ello. Los militantes del Partido Comunista lograron organizar una marcha en contra de la guerra en Corea aprovechando un discurso de Perón en el que el presidente manifestó que la Argentina haría lo que el pueblo pidiera. En este contexto, la marcha desde Pérez hasta Rosario convocó a la gran mayoría de los ferroviarios, incluyendo, por supuesto, a los peronistas. La movilización no estuvo exenta de hechos conflictivos ni pudo evitar las disputas al interior de las filas peronistas. Ver BADALONI, Laura, “Control, memoria y olvido. “Marcha de la Paz” y huelga ferroviaria durante el primer gobierno peronista”, en CONTRERAS, Gustavo y MARCILESE, José, “Los trabajadores…”, Op. Cit.

11 La CGT, no obstante, obtuvo personería gremial para actuar en el orden nacional como central obrera en diciembre de 1946.

12 Esta posibilidad fue señalada en DOYON, Louise, en Perón y los trabajadores…, Op. Cit.

13 Ver CONTRERAS, Gustavo, “Las tendencias peronistas en la Federación de la Carne: prácticas políticas y proyecciones gremiales, 1946 – 1955”, en Anuario del IEHS, Tandil, 2014, N° 28, pp. 17 - 36. Disponible en: <http://anuarioiehs.unicen.edu.ar/Files/2013/LAS%20TENDENCIAS%20PERONISTAS%20EN%20LA%20FEDERACI%C3%93N%20DE%20LA%20CARNE.pdf>. Queda por estudiarse la proyección que tuvo en el período la militancia católica, lo cual escapa a las posibilidades de este trabajo. Algunos avances en este sentido pueden verse en LIDA, Miranda, “La idiosincrasia burguesa de la Federación de Asociaciones Católicas de Empleadas. Una experiencia de “gremialismo” católico femenino entre los años veinte y cuarenta”, en ACHA, Omar y QUIROGA, Nicolás, Asociaciones y política…, Op. Cit.; BLANCO, Jessica, “Los valores católicos en la vida pública. El Círculo Católico de Obreros de Córdoba y su relación con la dirigencias sindicales y políticas peronistas (1943-1955)”, en ACHA, Omar y QUIROGA, Nicolás, Asociaciones y política…, Op. Cit. Es interesante señalar que la FACE nucleaba empleadas de comercio, enfermeras, costureras, mientras que el CCOC tenía llegada a varios sindicatos de Córdoba.

14 En un comunicado emitido en el marco de la huelga ferroviaria iniciada en noviembre de 1950, la CGT no se privó de denunciar los nombres de quienes encabezaban la huelga, clasificándolos en elementos de la “Unión Democrática” y “peronistas disfrazados”. En cada una de las dos categorías, la CGT agrupó aproximadamente 20 nombres. Ver Circular Nº 84 de la Unión Ferroviaria, Buenos Aires, 29/11/1950.

15 El 7 de diciembre de 1945 fue realizado un Congreso en pos de una Central Obrera Independiente, con la participación de 170 delegados que representaban a 103 organizaciones. MATSUSHITA, Irotshi, Movimiento obrero…, Op. Cit., p. 297.

16 En este camino, estrecharon vínculos con el secretario adjunto de la ORIT y representante de la AFL para América Latina, Serafino Romualdi, quien el 25 de noviembre de 1953 los entrevistó en Uruguay. Ver “Nos visitó Serafino Romualdi”, Boletín del COASI, N° 14, Montevideo, diciembre de 1953. Ver también, “Última Hora. La AFL y CIO se fusionan”, en Boletín del COASI, N° 27, Montevideo, febrero de 1955. Sobre cómo se fue tejiendo esta vinculación desde 1947, ver BASUALDO, Victoria, “El sindicalismo ´libre´ y el movimiento sindical argentino desde mediados de los años ´40 a mediados de los años ´50”, en Anuario del IEHS, Tandil, 2013, N° 28. Disponible en: <http://anuarioiehs.unicen.edu.ar/Files/2013/EL%20SINDICALISMO%20%E2%80%9CLIBRE%E2%80%9D%20Y%20EL%20MOVIMIENTO%20SINDICAL%20ARGENTINO%20DESDE%20MEDIADOS%20DE%20LOS%20A%C3%91OS%20%C2%B440%20A%20MEDIADOS%20DE%20LOS%20A%C3%91OS%20%C2%B450.pdf>.

17 Ver, por ejemplo, “¿Cuánto pesa y vale la CGT?”, en Boletín del COASI, Año I, N° 3, Montevideo, noviembre de 1952.

18 Para seguir la consideración del peronismo como totalitarismo por parte del PS pueden consultarse los periódicos socialistas La Vanguardia y Nuevas Bases y el texto de HERRERA, Carlos M., “¿La hipótesis de Ghioldi? El socialismo y la caracterización del peronismo (1943 – 1956)”, en CAMARERO, Hernán y HERRERA, Carlos, El Partido Socialista en Argentina. Sociedad, política e ideas a través de un siglo, Prometeo, Buenos Aires, 2005, pp. 343- 366.

19 CONTRERAS, Gustavo, “Navegando en aguas turbias. La Confederación General de Gremios Marítimos y Afines y su proyección sindical en la coyuntura peronista (1947 – 1950)”, en Prohistoria, Rosario, 2014, N° 20, pp. 17-36. Disponible en: <http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1851-95042013000200004&script=sci_arttext>[Consulta: 15 de febrero de 2015]

20 El periódico de la FOM seguía de cerca las asambleas y las huelgas de los trabajadores de los frigoríficos. Su secretario general, Antonio Aguilar, en ocasiones, actuaba como orador. Ver la Unión del Marino, Buenos Aires, 1946.

21 Ver: CONTRERAS, Gustavo, “La estrategia reformista de la clase obrera y el gobierno peronista. Proyecciones sindicales de la huelga marítima de 1950”, en Documentos y Comunicaciones 2008 – 2009, PIMSA, Buenos Aires, 2010. Disponible en: <http://www.pimsa.secyt.gov.ar/publicaciones/DT%2071.pdf>[Consulta: 21 de abril de 2015].

22 NIETO, Agustín, “Activación anarquista en el mundo obrero. Un mapeo elemental de la militancia sindical libertaria en la Argentina de los años cuarenta”, ponencia presentada en X° Jornadas de Sociología, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2013. Sobre la historia de la FACA hasta 1943 ver: CERUSO, Diego, “El trabajo sindical de base del anarquismo argentino: la FACA y la Alianza Obrera Spartacus”, en A contracorriente, Raleigh, 2011, V. VIII, N° 3, pp. 233 - 254.

23 NIETO, Agustín, “Activación anarquista…”, Op. Cit.

24 Ver CAMARERO, Hernán, A la conquista de la clase obrera Los comunistas y el mundo del trabajo en la Argentina, 1920 -1935, Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 2007 y CERUSO, Diego, La izquierda en la fábrica. La militancia obrera industrial en el lugar de trabajo, Imago Mundi, Buenos Aires, 2015.

25 Ver: “Diez periódicos, de otros tantos gremios, edita el movimiento pro-democratización sindical”, en  Unidad Sindical, N° 1, Buenos Aires, diciembre de 1949.

26 Es interesante rescatar la tensión que en 1946 atravesó al comunismo argentino debido a la caracterización del peronismo y de los trabajadores que adherían a él, generando debates y disputas entre la dirección del partido y un sector de sus militantes sindicales. El caso de la célula ferroviaria del PC es más que ilustrativo al respecto, aunque finalmente terminaría rompiendo con el PC y apostaría por la creación del Movimiento Obrero Comunista (MOC), en el que se destacaba la figura de Rodolfo Puiggrós. Ver ACHA, Omar, La nación futura. Rodolfo Puiggrós en las encrucijadas argentinas del siglo XX, EUDEBA, Buenos Aires, 2006.

27 Ver, entre otros, “El cuarto congreso de la CTAL”, Unidad Sindical, N° 21, Buenos Aires, mayo de 1953.

28 CONTRERAS, Gustavo, “El personal de la administración pública nacional y sus proyecciones político-sindicales durante el primer gobierno peronista (1946 -1955)”, en DICÓSIMO, Daniel y SIMONASSI, Silvia (compiladores) Trabajadores y empresarios en la Argentina del siglo XX. Indagaciones desde la historia social, Prohistoria, Rosario, 2011, pp. 105 - 120.

29 Al respecto ver CONTRERAS, Gustavo, “¿Apéndice estatal?...”, Op. Cit.

30 Ver PARCERO, Daniel, La CGT y el sindicalismo latinoamericano, Fraterna, Buenos Aires, 1987, y URRIZA, Manuel, CGT y ATLAS. Historia de una experiencia sindical latinoamericana, Legasa, Buenos Aires, 1988.

31 Ver NIETO, Agustín, “Activación anarquista…”, Op. Cit.

32 Ver DOYON, Louise, Perón y los trabajadores…, Op. Cit. Vale aclarar que las fuentes se limitan al aporte de datos sobre los conflictos laborales en la Capital Federal.

33 Ver CONTRERAS, Gustavo, “Los tres ciclos de la participación sindical del movimiento obrero durante el primer gobierno peronista (1946- 1955), enunciaciones para su análisis y consideración”, ponencia presentada en IV Congreso de Estudios del Peronismo (1943 – 2014), Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 2014.

34 Sobre las dificultades documentales para estudiar la historia del movimiento obrero ver: NAZAR, Mariana, “Represión, archivos y memoria de los trabajadores en Argentina”, ponencia presentada en 3° Seminário internacional o mundo dos trabalhadores e seus arquivos – direito á verdade e á memoria, Central Única dos Trabalhadores (CUT), Río de Janeiro, 2013.

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Recibido: 14/11/2016.
Aceptado: 17/03/2017.
Publicado: 06/06/2017.